| BOLSA CULTURAL / Edición del 31 de Julio al 6 de agosto de 1998. |
| SELECCIONE TEMAS DE INTERES |
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"Esto es lo que yo quiero de ustedes: que pinten lo que es propio de nuestra tierra. Yo quiero que ustedes piensen, sientan y vean con sentido de nuestra propia raza". Rodrigo Peñalba En el 80 Aniversario del Nacimiento de Rodrigo Peñalba, la Escuela Nacional de Artes Plásticas y la Unión de Artistas Plásticos "UNAP" presentan esta exposición de fotografías de la Obra de Rodrigo Peñalba y parte de su vida. Peñalba: pionero y primer impulsor de la Plástica Moderna en Nicaragua, primer impulsor junto con Saravia de la Escultura, primer primitivista y pionera del difícil Arte Mural. En esta exposición de Fotografías de la Obra de Peñalba queremos dar a conocer La Figura del Maestro y de su obra. En una exposición sencilla que abarca una gran parte del vasco de su obra, Sacrificada por su dedicación a la formación de los valores de la Plástica Nacional. Su forma de pintar se enmarca en un expresionista de gran fuerza y colorido; rojos, amarillos azules intensos y en el empate. Sus temas abordan asuntos de la vida de los nicaragüenses, lo heroico, lo religioso y una serie de retratos. Peñalba fue un retratista de los más destacados en Nicaragua. La obra de Peñalba su triunfo en las Artes a nivel internacional la había comenzado en 1947 cuando exponía en una Galería de Nueva York, en la Sala en la Unión Panamericana en Washington en 1948 y en 1950 en la Newcon Mackin Galerías fue truncada en ese año 1950 para dedicarse al triunfo de su vida, la enseñanza, al iniciar a la modernidad a la pintura nicaragüense. 1988
es el año de la Plástica Nicaragüense porque es el año
del 80 Aniversario del nacimiento de Peñalba, por ello con esta
exposición iniciamos la Jornada 80 Aniversario de Peñalba
y planteamos a todos los Artistas Plásticos, a todos los relacionados
con el Arte, a todos lo que lo conocieron a los estudiantes, a los que
estén concientes de lo que él significa que hagamos un homenaje,
proponiendo en un libro que abrimos ahora con nuestra firma y opiniones
para que la Escuela Nacional de Artes Plásticas, la Escuela donde
enseño Peñalba, la Escuela que él levantó lleva
su nombre. Escuela Nacional de Artes Plásticas Rodrigo Peñalba,
nuestro-Maestro Indiscutible.
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No supo ni cómo, lentamente el lecho se giró otra vez. Como una pluma, en un dulce vaivén, aterrizó en una enorme estancia de pilares de mármol. Una vieja sonriente, vestida de negro, vino a su encuentro. Cubrió su desnudez con una sábana de blanco lino. Metió la cabeza y las manos entre las sábanas de Rosa para adornar los largos vellos púbicos en ricitos con un tocado de lazos de satín rojo. Lentamente le jaló la sábana. Allí estaba, totalmente desnuda, con las piernas abiertas, en posición de Iris, la mensajera de los dioses. Viaje iniciático de una nicaragüense en Brunoy-París. Portada de VENUS HERIDA Por el Arq. FRANCISCO MATUS Profesor de la Escuela de Bellas Artes, Managua, Nicaragua. VENUS HERIDA Ensayo filosófico Epílogo
por el Dr. Francisco Buitrago
Jean-Paris de Monmartel, marqués de Brunoy, tesorero de finanzas de Luis XV, agasaja a su prima Jean Poisson, marquesa de Pompadour. Madame Pompadour le devolvería con creces los honores. En los bosques de Brunoy había percibido la silueta de Luis XV y su cortejo, cazando ciervos. Jean Poisson había conquistado al rey para siempre. En un baile de disfraces fué coronada como la más bella dama. Con su vestido de piel salvaje, disfrazada de amazona, apenas había cubierto su cuerpo para ser el verdadero festín del rey. Ella, la mujer más culta de Europa, se convirtió en Madame Pompadour. La favorita del rey. El poder de la corte!... Desde
638 A.D. con Dagoberto I, continuando con Felipe IV de Valois, quién
fue el primero en elaborar las leyes de Cartas de Aguas y Bosques, los
Brunoy tuvieron una brillante historia. El estandarte de su cruz
con cuatro leones se alzó muy en alto en las Cruzadas a la Tierra
Santa.
El renombre del castillo de Brunoycon cien dormitorios y cien baños, se extendía de boca en boca. Sedas, maderas preciosas, óleos, caballerizas de pura sangre, servidumbre de librea eran los tesoros de Apolo en el Olimpo. Jean-Paris de Monmartel, bello, sonriente, e inteligente. Brunoy se había convertido en la más preciada joya de la marquesa de Pompadour. Qué historia, qué fantasía! Los amores del rey de ayer eran los amores de un rey de hoy. Brunoy y sus bosques misteriosos cobijan a Rosa. Ella se despierta con una extraña sensación. Abre los ojos y contempla el cielo. Unas alas y una túnica color de rosa cruzan lentamente el cielo... El ángel de París vela por Brunoy... Atardeceres y noches. Noches y madrugadas. Suspendida en el tiempo, Rosa quiere guardar la memoria de cada minuto, de cada sensación, de cada respuesta. La
historia de Brunoy, sus reyes, sus amores, era parte de la gran respuesta
en la vida de una mujer, Rosa Wendell, de Nicaragua.
“To be or not to be” para Rosa es “To love or to love not” Un refulgente manto cubre las carnes de sensaciones mitológicas. Divinidades y humanos confundidos en un hombre y una mujer. Hace frío en Brunoy. La humedad se convierte en un vaho de olores de madera. Madera de roble. Oscura y fuerte. La chimenea arde. Los olores del invierno! La madera de ramas de manzano llena la estancia de un perfume antiguo. Los vidrios se empaña del calor noble de la chimenea. Rosa esperaba. Philippe llegaría de París después de la Navidad. Diciembre en Brunoy es como el diciembre de la dama de las camelias. Humedad y frío sin el toque angelical del blanco de la nieve. El
capullo rojo de una rosa escondida la había sorprendido.
Rosa repasa en su memoria el encuentro en Ginebra. El misterio de los ojos de Philippe... jamás había visto unos ojos semejantes! Taladraban, penetraban, palpaban, amaban. La punta de sus índices le habían enmarcado el rostro. El roce imperceptible de sus dedos a lo largo de las sienes y mejillas la hicieron soñar. Cómo puede una mujer responder tanto a algo tan... tan fugaz ? Philippe le habló de la mitología griega. Ella apenas decía algo pero escuchaba. Le habló de Hera, Venus, Hermes y la geometría de la rosa. La rosa de los vientos. Renzo, su antiguo novio italiano, le había hablado de extraterrestres y de confidencias con su pino, el árbol de su jardín. Ese fue su primer encuentro con lo esotérico y lo viril. Pero Philippe... con él era como entrar en una incógnita total. Lo más extraño era que todo tenía una lógica total. Sus ojos eran dos universos. Eran sabiduría y misterio. El relato continuaba. Los ojos de Horus trazados a través de la mitología griega. Philippe estaba emocionado. Leía el escrito sobre Horus y le enseñaba toda una relación de mitos griegos y egipcios. Rosa se deleitaba en el dulce saber de la ciencia. La rosa de 24 pétalos, podría repetir el misterio de ése dibujo ? Lo intentaría. Llegar hasta más allá de sus propias fuerzas intelectuales. Intelectuales y humanas, tal vez. El
fuego de la chimenea la acompañaba. El fuego de
Los mitos. Una sacerdotisa daba la chispa a una montaña de maderas preciosas. Una hoguera se alza inmensa en medio de la noche. Qué sensaciones la de los antiguos adorando a una manifestación divina, Vulcano-Hefestos! Un lenguaje. En la soledad y contemplación, lo había descubierto. Penetraba en la fuerza de los principios. Un pensamiento se asomaba y una llamita le responde con chisporroteos, hablándole... Le calentaba el alma. Se la nutría. Otro fuego en su corazón. Un fuego desconocido que la hace temblar. Qué sería ? Qué es ? En las afueras de París. En Brunoy. En las faldas de la gloria, del amor, de la ciencia. Qué era ese sentimiento desconocido de amor ? Amor
y ciencia. Las moléculas de un nuevo misterio se agitaban
a su alrededor. En Brunoy. El Brunoy que en otrora fuese el
jardín más bello de Francia. De bosques alineados.
De fuentes esparcidas en cada claro. Como hadas
de vestidos transparentes,
vestidas de aguas, las luces del sol se reflejaban en los chorritos de las fuentes. Los caballeros sin fantasmas se paseaban con sus sombreros emplumados acompañando damas de seda y encajes. El esplendor estaba ahí. Revelándose. Las nieves caían. Un blanco silencioso lo cubre todo poco a poco. El vapor perfumado de fibras de cerezo y manzanos suspiraba en las estancias. La chimenea era el centro del pabellón. Rosa iría a ver a la abogada Lafayette. Quería quedarse en Brunoy por un buen tiempo. Durmió. En
el sueño profundo sintió una
presencia en su
Todo fue muy rápido. La mujer se le tiró encima con un arma. Rosa se despertó temblando. Quién
era? Qué podría ser? Se acordó de un extraño
sombrero redondo que cubría la cabeza de la mujer. Y de sus
pestañas largas y empolvadas de blanco donde se atisbaba apenas
un color rubio. Esperó el amanecer. Los colores del sol la
extasiaban cada mañana. La humedad de la nieve en el cielo
refleja un rosado. La tierna aurora de un sol de invierno.
– No puede quedarse más... tiene que irse rápidamente ! – le dijo secamente con tono imperioso. Rosa la miró estupefacta. Le sorprendía el tono de la abogada. – No puede quedarse. Tiene que irse ! – le repitió Lafayette. Sin argumentos. Sin posibilidades. Entonces, para qué se habían citado ? Extraña actitud de un abogado en búsqueda de soluciones. Tiene consigo su pasaporte ? – le preguntó. No... – contestó Rosa. No lo tiene ? – repitió Lafayette con un aire de cólera. No
– volvió a decirle Rosa.
Está bien, se lo traeré – contestó Rosa en un esfuerzo de equilibrio. Usted está posando en el pabellón de Philippe ? – preguntó, arqueando las cejas. Sin esperar respuesta, agregó – Debe irse pronto de allí – Haciendo una pausa continuó – Cuál... es... la... relación... entre... usted... y... – el tono era lento, lentísimo. Rosa perdió el equilibrio. Sus ojos reflejaron temor, ansiedad, zozobra, pasión. Todo estaba allí. Sus amores con Phillipe. –
...su gobierno ?
La Fundación Ortiz-Gurdián prosiguiendo su programa cultural publica ahora en forma de libro esta obra del doctor Nicolás Buitrago Matus, titulada León, La Sombra de Pedrarias, escrita al comenzar los años sesentas, que sólo había circulado por entregas en esa misma década en la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano y después, ya completa, en un sobretiro de 200 ejemplares, razón por la cual hoy resulta inaccesible para los estudiantes de Nicaragua, los interesados y sobre todo para la ciudadanía leonesa. Esta obra tiene la importancia de ser una monografía y a su vez una interpretación de León y su destino como capital de la provincia de Nicaragua en los siglos coloniales y después en la independencia capital de la república hasta mediados del Siglo XIX y como escenario de innumerables sucesos, unos heroicos y bélicos, otros administrativos y los más, por fortuna, culturales que definen el perfil histórico de León y de la nación entera. Obra de erudición y belleza, abundante en documentos, citas y datos curiosísimos que se entremezclan con una prosa clara, sencilla y poética que nos enseña y encanta al refrescar la memoria. Por ella volvemos a confirmar que León tiene su origen en aquel León Viejo fundado por el capitán Francisco Hernández de Córdoba en 1524 junto al Lago Xolotlán, al pie del volcán Momotombo y vecino del pueblo indígena del mismo nombre, que fuera abandonado en 1610. León actual trasladado a un valle fecundo y a la orilla de los ríos chiquito y Pochote y del barrio de Subtiava. León bajo la advocación del apóstol Santiago y después bajo el patronato de Nuestra Señora de Mercedes, capital eclesiástica hasta 1913 y sede de virtuoso y santos obispos, ciudad bajo las erupciones de los volcanes y ciudad mártir, saqueada e incendiada por piratas, sitiada, a tacada y tomada, pero nunca vencida, por distintos ejércitos, ciudad productiva, generadora de riqueza a través de su laboriosidad y cultivos, y ciudad ordenadora en tanto universitaria, institucional, que dictó leyes para el país y ciudad soñadora que, según el decir inmortal de Rubén Darío, confirmado después por Salomón de la Selva, "reclamada el derecho de ser hermana de las grandes ciudades", como Jerusalén, Roma o París. Ciudad cuna además de próceres como el padre Tomás Ruiz, Miguel Larreinaga y Máximo Jerez, poetas y escritores como Santiago, Solón y Lino Argüello, Alfonso Cortés, Gustavo A. Prado, Antonio Medrano, Luis H. Debayle, Azarías H. Pallais, Román Mayorga Rivas, Juan de Dios Vanegas, Antenor Sandino Hernández, pintores como Pastor Peñalba, Rodrigo Peñalba Argüello y Juan Bautista Cuadra, y músico como José de la Cruz Mena y muchos otros. Si bien es verdad que nuestra joven Fundación ha realizado actividades de proyección y promoción nacional, también es cierto que tenemos un profundo y arraigado espíritu cívico, ciudadano, sustentado por el amor a nuestra ciudad. Sus miembros provenimos de antiguas familias y nos sentimos orgulloso de ser originario de León Santiago de los Caballeros de Nicaragua y, por lo tanto, nos hemos obligado a promover todas aquellas obras que nos ilustran sobre y constituyen la cultura leonesa. Queremos fomentar el autoconocimiento, afirmar la conciencia del patrimonio urbanístico, histórico, artístico, arqueológico y cultural de León, reconstituir el orgullo de ser leones y la idiosincracia leonesa. Fortaleciendo tales valores, ellos se volverán en nuestra comunidad impulso, espíritu de lucha por alcanzar niveles superiores en todas las ciencias, técnicas, artes y disciplinas humanas. Por ello, pues, ofrecemos esta edición ilustrada con las fotografias históricas del archivo de su autor y nuevas fotografías, tomadas especialmente para ella. Edición que quiere ser un homenaje a la familia Buitrago que desde hace más de un siglo ha producido una ilustre legión de intelectuales, en dos personalidades muy próximas a nosotros; el ya mencionado autor, doctor Nicolás Buitrago Matus, jurisconsulto, catedrático de nuestra antigua universidad, maestro de juventudes, político, orador e historiador y a su hijo, el también doctor Edgardo Buitrago Buitrago, quien, como digno descendiente de sus mayores lleva la toga y mantiene encendida la inteligencia y el fervor por la propia ciudad de León, por su memoria, por sus tradiciones, por su identidad y por su máxima honra, que es Darío, al haber fundado en aquellos años sesentas el Museo-Archivo, que se abre actualmente en las Cuatro Esquinas de la Calle Real. León
y los leoneses en particular y los nicaragüenses en general vivimos
por obras como ésta que hoy estamos devolviendo a la cultura nacional.
Creemos que libros como éstos propician la cultura de Nicaragua,
tan necesaria en este nuevo período de apenas ha comenzado en el
que aspiramos a profundizar la democratización y el desarrollo,
de cara al porvenir, al Siglo XXI y al milenio que se anuncia al doblar
unos escasos años. Unicamente nos resta agradecer a aquellas personas
miembros y colaboradoras de nuestra Fundación, con quienes ha sido
posible llevar a feliz término esta otra empresa cultural.
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