Miércoles 02 de Abril del 2008 Edición No. 38956 ---  Managua, Nicaragua ANTERIORES/ CORREO/ REGRESAR
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OPINION

MALOS BACHILLERES Y MALOS PROFESIONALES

Los productos finales de la Educación Nicaragüense dejan mucho que desear. Entregamos a la sociedad malos bachilleres, lo mismo que malos doctores, ingenieros y licenciados. El egresado de hoy, no es ni la sombra del egresado de hace 20 ó 30 años. Hemos perdido calidad.

Sólo uno de cada diez bachilleres, dan la talla para seguir estudios superiores, según las pruebas de ingreso a las universidades. Del mismo modo, sólo uno de cada diez graduados universitarios, poseen las competencias requeridas para el ejercicio profesional, según opinión generalizada de los empresarios nicaragüenses.

Paralelamente, estamos produciendo cinco veces más bachilleres y más profesionales que hace 30 años. La cantidad que sale, rebasa nuestras necesidades reales y es de un perfil tan bajo, que muchos no tienen la oportunidad ni la capacidad de ejercer, y se dedican a otros menesteres.

Estamos frente a una situación crítica. La baja calidad de nuestros egresados es grave para ellos y, sobretodo, trágico para el país, que requiere, antes que de cantidad, recursos humanos de calidad, altamente calificados, capaces de potenciar el desarrollo.

Todos somos culpables de este estado de cosas. Las autoridades educativas se preocupan más por las estadísticas en cantidad, que por la calidad de los egresados.
El mercantilismo, ha sustituido la vocación docente. Los centros de educación se han transformado en negocios de lucro y dinero fácil. A los estudiantes sólo les importa aprobar el año, aunque no sepan nada. Los padres de familia no guían a los jóvenes y hasta les da miedo contrariarlos.

Si seguimos así estamos condenados al subdesarrollo y la pobreza. Necesitamos desde ya, un cambio de estrategia que nos permita orientar a los procesos educativos hacia una sólida formación científico-técnica, a la par que dirigida a la formación en valores que hacen grande a los pueblos, como la dedicación al trabajo, la honestidad y la responsabilidad en el cumplimiento de los deberes; la fortaleza y confianza en sí mismo; la solidaridad social; la búsqueda de la excelencia y el deseo de superación continua; el amor a la justicia y el respeto a la dignidad humana.

Así dentro de ese marco de ciencia y ética, podremos construir, sobre bases sólidas, un futuro digno para nuestro pueblo, libre del espectro de la violencia, la corrupción y la miseria.

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