Los señores Luisita Siu de Jo y Carlos Siu, llegaron con el corazòn dolido por los daños que causó el huracán Félix. Ellos manifestaron que no bastaban los apretones de mano ni las notas escritas, sino la contribución real para que nuestro Gobierno enfrente las necesidades dejadas por el fenómeno natural. Llegaron a la embajada y prometieron alimentos, ropa, medicinas, calzado, leche, agua y otros que están siendo recogidos por la colonia china en Guatemala. Nosotros garantizamos “esta vez la ayuda llegará a los damnificados; no pasará como en el Mich que la colaboración fue robada casi toda”.
La Costa Caribe, en 1988 fue impactada por el Huracán Juana. En el aquel entonces fue la ciudad de Bluefields atravesada por vientos de 150 kilómetros por hora. Además de Bluefields destruyó otros poblados. El presidente Daniel Ortega junto con el comandante William Ramírez delegado de la Presidencia en el Atlántico Sur se “fajaron” bajo torrenciales aguajeros y corrientes embrabecidas a socorrer a la gente para trasladarlas a sitios y refugios seguros. Aquello fue posible por la organización de la población en Comités de barrios, comité de salud y de defensa civil.

Luisita Siu de Jo y su hijo Carlos Siu conmovidos por el Huracán Félix, recogen ayuda en la comunidad china en Guatemala.
Pasaron 10 años cuando apareció el Huracán Mich, dejando en Nicaragua miles de muertos. Las crónicas recogieron la ciudad de Posoltega, el volcán Casita y su alcaldesa Felícita Zeledón que pedía desesperada al gobierno ayuda urgente para evacuar a la población, pero el Presidente dijo a los periodistas “son exageraciones de esa alcaldesa sandinista”. Luego vino el desastre de lodo, piedras, vientos y agua sepultando comunidades enteras. El ejército consiguió ayuda nacional e internacional pero todos conocemos la historia de esa ayuda que era para los miles de damnificados.
Pasado el desastre hicimos un recorrido con el Comandante Daniel Ortega, y pudimos presenciar que los vientos y las aguas del Huracán Mich se lo llevaron todo. Se llevaron vidas humanas, viviendas, cosechas, aves, puentes, escuelas, hospitales, amores, flores, pájaros, frutas….. todo, todo se lo llevaron !!. De tierras fértiles y prodigiosas sólo nos quedó banco de arena, tierras enfermizas, secas como maldecidas.
La población padeció hambre por falta de cultivos, de cosechas; las siete plagas de Egipto pareció caer como maldición sobre los damnificados. Muchos vivieron meses en champas de plástico o cartón, se alumbraban con candiles y con antorchas de ocote y lámparas Colemman de la Cruzada de Alfabetización. Sus fogones estaban en cenizas que servían de cama a gatos y perros chelicosos. Mientras la ayuda de alimentos, medicina, ropa, calzado, etc, fue escondida en furgones y bodegas para luego repartirlas en propagandas electoreras.
Sólo nos quedó contabilizar que hubo diez mil muertos en Honduras y Nicaragua, un millón de damnificados el 25% de daños en carreteras y caminos. 50 mil viviendas destruídas, 25% hectáreas erocionadas, 45% de la cosecha perdida el 80% de la economía descapitalizada y dos mil millones de dólares como costo irreversible.
Sin embargo, la ayuda de emergencia puso a prueba la solidaridad y la cooperación de todos nosotros y del mundo entero ante nuestro pueblo que ha sufrido guerras, terremotos, maremotos, sequías, inundaciones, además hemos sufrido sistemas socio económicos depredadores. Y como si fuera poco nos cayó el cólera, la malaria, el dengue, la diarrea, el paludismo, la tuberculosis, la leptospirosis y el hambre que aguijonea el estómago en la mayoría de los nicaragüenses como efecto de estas desgracias.
El reto del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional es reconstruir la RAAN respetando la ideología, idiosincracia, creencias y cultura de las comunidades indígenas. Por eso en septiembre de 1987 la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley 28: ”Estatuto de Autonomía de las Comunidades de la Costa Atlántica de Nicaragua”. Ley que reinvindica las demandas históricas de los pueblos indígenas y comunidades étnicas de mayor inclusión y espacio de participación efectiva, en la toma de decisiones de orden político, social y económico.
* Embajador de Nicaragua en Guatemala