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Lunes 01 de Octubre del 2007 --- Edición No. 38934
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Un día en la historia en 1969
 

La lucha por el Arzobispado sacude la Iglesia
(Tomado de EXPO 69)

La sucesión en el cargo más importante de la Iglesia Católica nicaragüense fue motivo de preocupación y pugna en las filas del “ejército de Cristo”, desde mucho antes del fallecimiento de Monseñor Alejandro González y Robleto, el 18 de Junio de 1968.


Monseñor Barni
-el Gobierno está observando…

Padre Pallais
-fuera de la pugna…

Monseñor González
-la suseción

Monseñor Borge
-vetado…

La aparición de varios candidatos y una serie de publicaciones y rumores acentuaron -y continúan acentuando-, trascendencia nombramiento de un nuevo Arzobispo que, por ley natural y de jerarquía, convierte al sacerdote u obispo que se designe en una figura de primera fuerza en el país, que acusa un noventa y cinco por ciento de afiliados a la religión católica. Se trata nada menos-, del hombre que en razón de su cargo, se iguala en influencia y poder, al Presidente de la República, con la ventaja adicional de que sus adversarios o enemigos jamás se lanzarán a las calles a protestarle una decisión o reclamarle algún día con voces altas y airadas.

En efecto, desde el 15 de junio de 1522, en que el conquistador Gil González Dávila tomó posesión de Nicaragua “en nombre de los Reyes de Castilla” y plantó aquí, por primera vez, la Cruz de Cristo, la influencia de la Iglesia Católica en todos los actos de nuestra vida, institucional o anti-constitucional ha sido determinante. Lógico resulta que su cabeza también lo sea. De allí que el nombramiento del Arzobispo esté sometido a una serie de considerandos y consideraciones, tanto por parte del Gobierno de la República como del mismo Vaticano, al que compete designar al que habrá de ostentar el altísimo cargo.

La lucha por el poder de nuestra Iglesia se acentuó visiblemente, en el instante mismos en que los médicos revelaron que “ya no quedaba si no confiar en Dios”, con respecto a la Salud de Monseñor González.

De uno y otro sector de los diversos cuerpos que integran la institución religiosa comenzaron a trascender las aspiraciones y el hecho ganó la calle, sin sorpresa; pero con estupor, un estupor que nunca antes había vivido la feligresía nicaragüense.

Cambio o Quietismo

Al unísono con la enorme transformación que en escala mundial se ha producido en el seno de la Santa Madre de los católicos, la muerte de Monseñor González produjo un hito en la conducta del clero nacional. Para nadie fue nunca un secreto que el ahora fallecido Arzobispo se caracterizó por una tendencia que no se congeniaba con los intereses y necesidades del pueblo. Antes bien siempre se le identificó como muy especialmente vinculado al poder temporal, en el caso nuestro a la dictadura del somocismo. Esta circunstancia planteó, desde aquél 18 de junio en referencia la pregunta fundamental que hoy repiten la mayoría de los nicaragüenses: Hacia dónde se orientará nuestra Iglesia? Hacia la revolución enunciada tan vigorosamente por Juan XXIII y su sucesor Pablo VI que con tantos y tan señalados adeptos tiene en el clero nacional o permanecerá en el viejo quietismo anterior al Concilio?

El primero en darle toda la importancia que el hecho amerita fue el Gobierno de la República, quien desde el comienzo movió -o trató de mover-, su influencia a fin de que el nombramiento recayese en alguien con el cual pudiera contarse para mantener “las relaciones deseadas”, asegurándose que el Presidente Somoza había solicitado al Vaticano que el nombrado fuese nicaragüense, llegándose a decir que hasta se había sugerido “oficialmente” un nombre.

La respuesta del Vaticano fue terminante: el nombramiento era patrimonio exclusivo de la Santa Sede. En la nota dirigida al gobierno nicaragüense se refirió el caso de España, en donde, desde en tiempos de los Reyes, los Soberanos tenían potestad para designar los Obispos y Roma solamente efectuaba el nombramiento. Era el famoso derecho de patronazgo. Tal situación, sin embargo, pasó a la Historia, ya que el mismo Franco tuvo que ceder ante Roma y en la actualidad ese derecho de patronazgo quedó sin vigencia alguna.

Mientras nuestro Gobierno hacía sus gestiones, el Vaticano, seguramente para evitar un tanto la pugna entre los sacerdotes nicaragüenses aspirantes designó como Administrador Apostólico a Monseñor Barni, con un cierto sentido de provisionalidad, que calmaba de momento la situación interna y a nadie molestaba.

Se dijo entonces que el Gobierno no simpatizaba con Barni, debido a un alto espíritu revolucionario que éste posee. No obstante, hace apenas una semana, un alto funcionario de Tiscapa dijo a EXPO: “Para el gobierno la situación de la Iglesia tal como está, está muy bien. Barni es administrador provisional; el Gobierno lo está observando. Su actuación podría hacer variar el criterio del gobierno en su favor”.

Las petulantes palabras, sin embargo, no son del todo valederas, puesto que nada tiene que hacer el régimen en el nombramiento, según ha quedado dicho.

Los Aspirantes

Quiénes disputan el cargo que a su muerte dejó vacante Monseñor González?

Muchos; pero los más conocidos son Monseñor Donaldo Chávez Núñez, el Reverendo León Pallais, el padre Orlando Sacasa, Monseñor Carlos Borge y
Castrillo y el padre Noel García, según nuestros informes.

El Reverendo León Pallais, en forma enfática aclaró al periodista “no ser cierto” que él aspira al Arzobispado. Lo negó casi rotundamente. No lo dijo; pero es evidente que él sabe los problemas que se agitan en el seno de la Iglesia, problemas que quizá se agudizarán al ser nombrado en forma definitiva el sucesor de González y Robleto.

La feligresía nicaragüense divide sus simpatías entre Pallais, Chávez Núñez, Sacasa y García. Monseñor Borge y Castrillo es el que “menos aceptan” los católicos. Se recuerda además que renunció a la Sede de Granada, en dónde su actuación no contó jamás con la simpatía popular. Se nos aseguró que cuando un Obispo renuncia a una Sede, automáticamente, queda inhabilitado para ser nombrado en otro cargo similar.

Entretanto Monseñor Barni se ha nacionalizado nicaragüense. Y su labor, evidentemente, le gana adeptos días tras día. Cerca de él, Monseñor Donaldo Chávez, por múltiples razones es quien luce como más aceptado por el pueblo católico.

No es seguro que Barni vaya a ser confirmado o retirado en tiempo determinado. La provisionalidad que hoy ostenta puede ser todo el tiempo que la Santa Sede lo estime; pero los católicos nicaragüenses siguen hablando del sucesor de Monseñor González, no sin ocultar su deseo de que no se parezca a aquél.

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