CUBA: UNA VICTORIA MAS SOBRE EL IMPERIO!!
Una resonante victoria, que ha de haber sido agradable para los corazones de todos los revolucionarios del mundo, obtuvo la semana pasada el gobierno de la República soberana de Cuba, cuando el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas retiró a la Isla Martiana de la lista de países bajo vigilancia especial de esa entidad.
Durante largos veinte años los gobiernos incondicionales asociados a los Estados Unidos, respaldaron ininterrumpidamente tal condena a Cuba, gracias a la incuestionable influencia geopolítica que el imperio ejerce sobre ellos.
Ahora, sin embargo, en este año 2007 en que los signos de los tiempos no parecen ser favo-rables al arrogante policía (o Estado universal como le llama Aldo Díaz), después de su fracaso espectacular en su guerra contra Irak, y de que no pocos partidos y movimientos de izquierda han accedido al poder tanto en América Latina como en otros lugares del mundo, cuando se levantan avasalladoramente economías emergentes como la de China continental, dueña de una enorme cantidad de Bonos del Tesoro del gobierno gringo, no son muy viables las perspectivas económicas de EE.UU en el futuro mediato.
Y si ni en sus épocas más pujantes y prósperas, el imperio ha sido capaz desde su independencia de proclamar y mantener una beligerante política interna de fomento y respeto a los derechos humanos de sus propios ciudadanos, sobre todo a sus compatriotas de color y las minorías étnicas inmigrantes, tampoco lo hará ahora cuando enfrenta tremendos desajustes en su sistema monetario-financiero y en otra sensibles áreas de su economía.El imperio no tenía, por ende, ni capacidad moral ni política para repetir y tener éxito su reiterada condena hacia Cuba al respecto de los derechos humanos.
Por el contrario, mientras se vislumbra al menos la decadencia del imperialismo gringo como potencia económica y hegemónica a nivel mundial, la revolución cubana hace ya varias décadas que superó a Estados Unidos y a otras naciones industrializadas, en el fiel cumplimiento de los derechos fundamentales de los cubanos.
Antes de proseguir, habría que aclarar que en una primera generación y particularmente en el aspecto jurídico-político como libertades públicas, igualdad ante la ley, etc., fue del seno de la Revolución Francesa que emergió la primigenia declaración de los derechos del hombre y el ciudadano en la última década del siglo XVIII.
Pero el avance de los derechos humanos había de continuar, y en su progresivo desa-rrollo se incorporaron los derechos humanos de tercera generación, que son los que se refieren a los derechos básicos del ciudadano a contar con alimentación, empleo, salud, educación y vivienda, y por tanto a participar con su familia de una equitativa distribución de la riqueza nacional en cada país.
Y es en ese campo, precisamente, donde desde hace ya varias décadas han resaltado sobremanera las ejecutorias del gobierno re-volucionario de Cuba, en materia de satisfacer los derechos humanos más elementales de su población, cuando sus habitantes no pagan un centavo en gastos de salud, viviendas dignas, y una educación gratuita en todos los niveles hasta llegar a la formación universitaria, tecnológica y científica.
Las estadísticas de los organismos especia-lizados de la ONU jamás han sido cuestionados, y ellos destacan la superioridad de Cuba en esos aspectos esenciales, no sólo sobre el imperio yanqui sino aún sobre otros países de mayor tradición en el respeto y fomento de los derechos humanos fundamentales.
Después de la guerra sucia que desde la invasión armada hasta la infamia de su pro-paganda política, de mantener bien comida y contenta a la gusanera de Miami, de los centenares de intentos de magnicidio contra el jefe de la revolución, Fidel Castro, y después de casi medio siglo del bloqueo económico y co-mercial más brutal que haya conocido la Historia moderna, la revolución cubana sigue incólume en sus principios socialistas, y lo seguirá por muchos años más, victoriosa, autónoma y soberana, en tanto el pueblo cubano le brinde su total respaldo.
Respecto a esto último he dicho en otras notas que el alma, el nervio y el corazón del poder revolucionario en la Isla reside en la fuerza moral de su propio pueblo, puesto que si hubiera sido al revés la revolución ya no existiría. En efecto, ni un ejército de millones de soldados, como se ha visto en el devenir político de la humanidad, puede vencer el odio y la ira de un pueblo. Y los ejemplos históricos al respecto son desde la antigüedad bien conocidos, incluido la victoria de nuestro pueblo contra la dinastía somocista.
En cuanto a su guía, conductor y constructor, Fidel Castro, hoy convaleciente luego de una prolongada enfermedad, lo único que puedo decir es que cuando sus detractores de dentro y de fuera, cuando sus enemigos jurados –sean escritores, intelectuales y políticos corruptos de cualquier latitud, cuando en fin todos ellos juntos con el imperio sean a lo más meras refe-rencias históricas en los registros del mundo, su figura se erguirá ante los siglos venideros a la par de los grandes capitanes de la humanidad.
Finalizo afirmando que originado en la solidez de una convicción socialista, mi apoyo como periodista y como político a la revolución cubana data desde el primer día de su memorable victoria, y que para decepción de las ocas del Senegal, como decía nuestro general de hombres libres, nunca me he beneficiado, ni yo ni mi familia directa, de su amplia generosidad y solidaridad. Para despedirme dejo con los amables lectores este trozo de un poema de Mario Benedetti “Rigoberto en otra fiesta”, publicado a fines de los setentas en la revista Casa de las Américas:
“Casi tocando el cielo de los muchos sin tierra
los sin pan/ los sin techo/ los sinsontes
casi escuchando el nuevo y crucial terremoto
pienso en tu veintiuno de Septiembre/ quizá porque estaban tan solo Rigoberto
aunque es claro existían Cornelio
Ausberto Edwin
remotos y leales/ y acercarte bailando
al tirano insolente/ aproximarte como
crucero de la fiesta que iba a ponerse trágica
y acribillarlo y ser acribillado
era tan poema y tan nicaragüense
como el mejor Darío
no el que se inventaba las manos de
marqués
sino el que las tenía de indio chorotega
por eso en la pasión de la victoria
ahora que la fiesta es por fin generosa
entre los puños debe estar tu puño
entre las balas debe estar tu bala
entre los corazones tu verde corazón
y en cada patria libre o morir tu campante
muerte…”