SANDINO Y LOS PERIODISTAS
Parte final
* Con simpatía, a los colegas del Canal 4
I
A partir del 4 de mayo de 1927, día , mes y año en que el jefe liberal José María Moncada rindió sus armas al emisario norteamericano, Henry L. Stimpson, se presentó una nueva situación a los periodistas activos de esa época. Ahora la disyuntiva para ellos era mantenerse alineados a un determinado partido, o convertirse en un periodista patriota defensor de la soberanía e independencia de Nicaragua. O sea, someterse al plan entreguista de Moncada o mantener enhiestos los ideales de Sandino.
La mayoría optó por lo segundo y al adoptar esa conducta demostraban (y ejemplarizaban) que para un periodista primero es la Patria y después cualquier otro interés.
Algunos, como el Dr. Salvador Buitrago Díaz, Gustavo Alemán Bolaños, José Constantino González, Adolfo Ortega Díaz, Julio César Aguilera, José Manuel Montealegre, Anselmo Fletes Bolaños, Salvador Ruíz Morales, Francisco Briones Lugo, Alejandro H. del Palacio, David García, Apolonio Palazio y José Antonio Bonilla se desligaron del partidarismo liberal y continuaron abrazando y defendiendo la causa sandinista.
Por esos días las tropas de ocupación asesinaron en la cárcel donde lo habían recluido al colega Anselmo Fletes Bolaños que escribía con el seudónimo de "Gil Blas" y satirizaba con sus facultades humorísticas a los invasores. Su muerte acrecentó los sentimientos antiimperialistas de sus colegas. El periodista Francisco Espinoza Rodríguez escribió una hermosa crónica condenatoria del crimen que publicó en una hoja volante.
A la cabeza de todos sobresalía el Dr. Salvador Buitrago Díaz al frente de su periódico "La Tribuna". Otros que se desempeñaban como redactores enfrentaban limitaciones impuestas por sus directores o por los propios dueños de los medios en los que mediante los salarios que devengaban satisfacían sus necesidades hogareñas.
De cara a esas limitaciones fundaban revistas. Una de ellas, titulada MAS congregó en su redacción a un puñado de periodistas. El más joven se llamaba Alejandro Dávila Bolaños quien destacaría tiempos después como el más prominente estudioso de nuestro pasado precolombino. Tiempos después, en 1979 fue asesinado por la guardia somocista en Estelí. Su nombre lleva ahora el Hospital Militar. Otras muchas revistas y semanarios anti-imperialistas y sandinistas aparecieron en 1927 y años posteriores. J. Constantino González editó "El Grito de la Raza" que tenía como lema "Luchar y denunciar al imperialismo yanqui donde quiera que ponga sus garras". Expulsado del país se asiló en El Salvador y en esa ciudad continuó publicando su revista González reportó el asesinato de Farabundo Martí, lleno de ira y denunció la masacre de cerca de 30 mil campesinos perpetrada por el dictador Maximiliano Hernández Martínez. Años más tarde, J. Constantino González tuvo el honor de ser invitado por el General Sandino al viaje que realizó a México, nombrándolo su Secretario.
Gustavo Alemán Bolaños por su parte, a instancias del General coordinó su regreso de México a través de los países de Centroamérica, creando una red protectora del Héroe sabedor como era que los sabuesos norteamericanos lo seguían sus pasos. Sandino lo hizo después depositario de un legajo de su correspondencia particular y le obsequió una máquina de escribir, refiriéndole que en ella se habían escrito numerosos comunicados del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Todavía en los años 50, Alemán Bolaños conservaba esa máquina como la reliquia que era.
En 1924, Alemán Bolaños publicó su libro "Nicaragua, el país de los políticos irredentos" que produjo una ola de críticas y comentarios nacionales e internacionales al comportamiento de la clase política nacional. En el mismo condenaba al Golpe de Estado que Emiliano Chamorro perpetró contra el gobierno nacionalista de don Carlos Solórzano y Juan Bautista Sacasa.
LA PROFANACION DEL CEMENTERIO DE SAN PEDRO
Un día un grupo de marinos yanquis borrachos se orinaron en varias tumbas del antiguo cementerio de San Pedro en Managua. El Dr. Salvador Buitrago Díaz designó a uno de sus reporteros acuciosos para que elaborara la crónica de la profanación. El redactor averiguó que los marinos profanadores se habían emborrachado en uno de los muchos burdeles que la ocupación yanqui había hecho surgir en la ciudad, concretamente en un barrio oriental al que la población bautizó "de los ángeles" ya que en los mismos "trabajaban" numerosas muchachas que habían sido prostituidas por los norteamericanos que habían levantado sus campamentos en las inmediaciones donde hoy funcionan las oficinas de Migración, la Clínica Oriental del INSS y más recientemente se ha construido la Plaza Xolotlán.
Esta circunstancias fue aprovechada por el redactor de "La Tribuna" para comentar que una epidemia de enfermedades venéreas, inexistentes hasta entonces en la ciudad, había sido traída por los invasores gringos.
En las cercanías del Barrio de Los Angeles, funcionaba una comisaría de los jefes interventores, jefeada por un capitán Bruce. Este se solazaba asesinando niños, a quienes tiraba al aire para recibirlo en la punta de sus bayonetas. Varios vecinos denunciaron al redactor esos crímenes autorizándolo para que mencionara sus nombres. En ese tiempo ningún periodista practicaba la costumbre hoy exageradamente utilizada de decir "una fuente que nos pidió reservar su nombre", aprendida posteriormente del periodismo estadounidense.
El capitán Bruce entró en cólera y con la clásica costumbre de los soldados de ocupación, ordenó que una brigada fuera a destruir la maquinaria donde se imprimía "La Tribuna". La orden fue cumplida. El Dr. Salvador Buitrago Díaz recurrió al pueblo para armar un nuevo taller. Después de varios días de
silenciamiento "La Tribuna" volvió a los lectores. No fue esa ni la primera ni la última vez que los interventores quisieron silenciar ese diario.
Su desaparición se produjo estando ya el país bajo el dominio militar conjunto de yanquis y Somoza García. En la edición del 25 de febrero de 1934, Salvador Buitrago Díaz informó que el Ministro de Gobernación de Sacasa, cumpliendo órdenes de Anastasio Somoza García le había advertido que solo se podía publicar la versión oficial del crimen efectuado contra Sandino cuatro días antes. Prefiero el silencio y no publicar mentiras. Eso no es digno de "La Tribuna" escribió el periodista, agregando que habría de llegar el día en que se podría condenar el crimen. "Sandino, afirmó está ya glorificado por el martirio y su gloria habrá de erigirse en bronce para que todas las generaciones por venir den seguimiento a su ejemplo".
Coincidiendo con los gringos, otros periódicos al referirse al General lo calificaban de bandolero. Sería hasta en 1947 que el órgano estudiantil "El Universitario" proclamó que el 21 de febrero no debía continuar siendo conmemorando como una efemérides, sino que en el ejemplo de Sandino los jóvenes nicaragüenses debían encontrar el camino de la Liberación de Nicaragua.
Junto con el asesinato, el asesino y no pocos políticos conservadores y liberales, pretendieron también sepultar en la memoria del pueblo el recuerdo de Sandino. Pero no lo lograron. Dos o tres generaciones posteriores la alzaron como bandera y tras más de tres décadas de lucha, el sandinismo venció al asesino y a sus herederos en 1979. Hoy, y para siempre, la luz de Sandino ilumina e iluminará los mejores ideales del pueblo. Para ser buen nicaragüense y demostrarlo se debe ser sandinista, como proclamaron los universitarios de Managua en 1966. |