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Jueves 31 de Marzo 2005 * Edición No. 3539

   

Esta es la nota sobre la ejecución de Somoza que aparece en el libro Memorias de Enrique Gorriarán Merlo.

SIGUE EL SUSPENSO.-El 10 de septiembre el compañero del kiosko nos avisó del retorno de Somoza. Más adelante nos enteramos que se había ido al campo, pues había comprado unas tierras en el Chaco paraguayo. El 11 ya estuvimos de vuelta en la casa remontando todo. Pasó ese día y el siguiente y el siguiente… y otra vez no aparecía. En esos días dos personas nos tocaron el timbre: un vecino que quería saber si era cierto que Julio Iglesias iba vivir ahí y otro para preguntar si la casa estaba en alquiler. También a veces nosotros encargábamos comida para que nos la trajeran, para que se viera que estábamos trabajando en la decoración de la casa. Esas fueron las únicas personas que llegaron a la puerta de la casa en todo el tiempo.

POR FIN .-Pasó una semana hasta que reapareció, por segunda vez, Somoza. Después supimos que había vuelto a ir al Chaco paraguayo. El 17, bien temprano a la mañana, Santiago dijo: "Hoy, a las 10 de la mañana, viene". Y vino a las 10. Fue un presentimiento increíble. A esa hora exacta, a las 10 de la mañana, como había hecho justo una semana antes, pasó. Ahí recibimos la señal, que simplemente consistía en el color del auto: "blanco-blanco" fue. Salí hasta casi la vereda, vi el auto, di la señal en el momento que estaba previsto darla, salió Santiago, el Gordo se acomodó con la camioneta y corto el tránsito, pero escuché un ruido y cuando me di vuelta vi a Santiago en el suelo: el cohete había fallado, no había salido de la bazooka y el estaba cambiándolo.

MOMENTO CRUCIAL.-El tránsito quedó parado y apareció el auto enfrente mío, justo en frente, como a tres metros, ahí se quedó parado. Al mirar, de entrada me sorprendí: el chofer no era el mismo, no era Genie, y Somoza no iba adelante -como siempre lo hacía- sino que iba detrás, y a su lado iba otra persona que después nos enteramos que era un financista colombiano, que quien sabe quien sería porque ni siquiera se quejaron por él. Atrás venía el vehículo de la custodia con cuatro o cinco guardia...Claro, ya a esa altura tuvimos que sacar las armas y Roberto y yo disparamos, porque Santiago había quedado en esa situación comprometida. Simultáneamente los de la custodia –y mi misión era justamente contrarrestarlos a ellos- bajaron del vehículo y se parapetaron detrás del paredón que divide la casa en que estábamos de la de al lado. Además estaban el colombiano, Somoza y el chofer.

CAMBIO DE ARMA.-Nosotros disparamos sobre el auto de Somoza hasta que los custodios comenzaron a dispararme; yo me quedé sin municiones y, frente a eso, Roberto disparó sobre los guardias con un FAL y saltaron los ladrillos de arriba del paredón, lo que los obligó a agacharse. Eso me dio un aire para entrar a la casa y tomar una ametralladora, que era el arma que teníamos de repuesto. Santiago también entró conmigo, ya había cambiado el cohete y desde adentro, desde la puerta de la casa, disparó con la bazooka sobre el vehículo. El cohete aniquiló el auto. Los custodios dejaron de disparar. Todo esto sucedió en cuestión de segundos...Santiago y yo corrimos por dentro desde la puerta principal de la casa hasta el garaje, subimos a la camioneta, como estaba previsto, y nos fuimos con Roberto. Cuando el Gordo había cruzado la camioneta se había generado una larga caravana de autos parados por el corte de la avenida, pero después de tantos disparos, no había quedado ninguno, la calle estaba desierta. La ruta estaba libre.

LA FUGA.-Salimos con la camioneta sin darnos cuenta de que había sufrido averías por el tiroteo. Doblamos hacia la izquierda en la primera esquina saliendo de la calle España, y a treinta metros el vehículo se detuvo, no anduvimos más. Obviamente después de semejante situación no había nadie en las calles, ni siquiera otros coches. Hasta que apareció un auto de frente, lo paramos, hicimos descender a su conductor y nos fuimos en ese auto. Los tres, Santiago (Hugo Irurzùn), el Gordo (Roberto Sánchez) y yo.

TODO PREVISTO.-Después de consumada la acción contra Somoza, ya teníamos previsto todo paso a paso para la retirada. Lo más importante era abandonar el territorio de Paraguay en el menor tiempo posible. Nos fuimos en ese auto y, primero, dejamos a Santiago frente al Cementerio, sobre una avenida paralela a España para que se encontrara con el compañero que había estado en el kiosko; este compañero, después de haber dado la señal, fue hasta un lugar donde tenían estacionado el vehículo para esperar a Santiago. Ellos se irían juntos a un sitio predeterminado. Durante un trecho Roberto y yo seguimos en el auto- el Gordo manejaba- hasta que me dejó a media cuadra de un hotel donde me aguardaba la compañera que había viajado conmigo. De ahí arrancamos hacia la frontera, y lo mismo harían Roberto y la compañera que había llegado con él.

 

 

 

 

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