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Lo Importante es
Hacer Revolución
Ultima
parte
Con la insistencia de Herty Lewites en su candidatura
por el F.S.L.N. sabiendo que no la obtendrá, muestra claramente
su pretensión de dividir el voto sandinista por la vía
de la abstención, para estar en condiciones de decir, una
vez derrotado electoralmente el sandinismo, que la alternativa correcta
era él.
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Primero se presentó como alguien que motivaría a los
que no son sandinistas a votar por el F.S.L.N., y ahora hace llamados
a que ni siquiera los sandinistas lo hagan. Comenzó diciendo
que aspiraba a la Vice-Presidencia, porque quería ser el
compañero de fórmula de Daniel Ortega; después
dijo que aspiraba a la Presidencia para hacer que el F.S.L.N. ganara
las elecciones; y al poco tiempo se presentaba como el candidato
contra el dictador Daniel Ortega. Contra los caudillos; el mismo
discurso de Bolaños.
No tardó en plantear que no se podía ser a la vez
Secretario General del F.S.L.N. y precandidato en una elección
primaria, soltando así algo que evidentemente, tenía
pensado decir en caso de haber podido competir en las Primarias
si el Congreso anulaba su decisión acerca de los diez años
de militancia como requisito para correr como precandidato.
Todo esto indica que de haber corrido en las Elecciones Primarias,
una vez legitimada y consolidada su precandidatura Herty Lewites
habría aumentado sus posibilidades de dividir el voto sandinista
al no aceptar su derrota frente a Daniel Ortega, cuyo triunfo estaba
asegurado por el respaldo con que cuenta en el sandinismo orgánico,
que constituye la mayor parte de quienes votan en estos eventos,
a pesar de ser abiertos a todo el que desee participar como votante.
La propaganda que han desplegado a favor de Herty Lewites los medios
de comunicación afines al Gobierno actual ha puesto en evidencia
que el imperialismo y la oligarquía, ante las grandes posibilidades
de una victoria electoral del sandinismo, estaban apostando mediante
una posible candidatura de Lewites por el F.S.L.N., a la posibilidad
de que ese triunfo sólo fuera para cuidarle el caramanchel
a las transnacionales y al gran capital, con mayor efectividad incluso
que la derecha misma debido a la capacidad que tendría una
fuerza de izquierda en el Gobierno para desmovilizar a los sectores
populares.
Las posibilidades que el imperialismo tendría para captar
a favor de sus intereses a un Presidente como Herty Lewites quedan
claras con la respuesta que uno de sus seguidores de más
renombre dio a la pregunta de si era o no antimperialista, ante
lo cual dijo que él no es enemigo per se de nadie.
Por su parte, el propio Lewites en una entrevista reciente llegó
al colmo de insinuar que el intervencionismo norteamericano en nuestro
país ha sido culpa de nosotros, por ser muy confrontativos.
Al no funcionar la apuesta inicial por un Caballo de Troya, la única
opción de la estrategia oligárquica es dividir el
voto sandinista, no sólo para evitar que el F.S.L.N. gane
las elecciones con Daniel Ortega como candidato, sino también
para quebrar una correlación política de fuerzas en
la Asamblea Nacional que ha impedido el aniquilamiento total del
movimiento revolucionario en Nicaragua, del cual no se salvarían
ni siquiera los ex-dirigentes sandinistas que están promoviendo
la división y cuyas facturas pendientes con el imperialismo
y la derecha son muchas y bien grandes, a pesar de las ilusiones
que uno de ellos se hizo en cierto momento creyendo que el imperialismo
había dejado de existir y que por eso ya el antimperialismo
no tenía vigencia; entonces había pasado de moda ser
revolucionario, entonar los cantos épicos de la lucha sandinista
y levantar la bandera rojinegra.
Pero ahora que la izquierda retoma la ofensiva en toda América
Latina y el regreso del sandinismo al poder se pone a la orden del
día, vuelven con los símbolos revolucionarios quienes
los habían declarado obsoletos; pero no vienen para reintegrarse
a la lucha, sino para cumplir inconscientemente con la estrategia
del imperialismo, como ocurre con quienes desde las altas esferas
del F.S.L.N. han manejado de forma inapropiada esta situación,
descalificando como lo hacen los oligarcas y sus sirvientes, a todo
el que no piense como ellos; promoviendo acusaciones carentes de
credibilidad que victimizan y hacen propaganda a sus destinatarios;
y cerrando espacios de debate con decisiones que podían ser
producto de la participación y del consenso, lo cual seguramente
habría implicado un poco más de tiempo, que sería
sin embargo un bajísimo precio a pagar para que todos los
sandinistas se apropiaran de las decisiones aprobadas con mucha
más facilidad y rapidez.
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