Una historia tiene más poder que una bomba Por Denis García Salinas Diariamente leía sus reportajes enviados desde la unidad militar a la cual estaba encrustado (embedding) en la llamada "Liberación de Irak" por las tropas estadounidenses. Como todos los días encendí el monitor y encontré la noticia de la muerte del periodista de El Mundo, Julio Anguita Parrado, quien por prudencia evitó acompañar al grupo de soldados que se dirigía a la asediada Bagdad, pues su chaleco era demasiado frágil para soportar un disparo. Pero su destino ya estaba escrito. Un misil cayó en la tienda militar donde esperaba a sus colegas periodistas asignado a la unidad específica. En el lugar más seguro perdió la vida. Ese día el reportero español no buscó su historia que contaba a los lectores de su diario. Dicen que los que tienen la mejor historia, son los que ganan la guerra y no los que tienen la bomba. Julio ya no tenía su historia. El se convirtió en historia periodística. Su nombre se transformó en una noticia, al igual que la de los doce periodistas que murieron en esta contienda. Durante la primera guerra de El Golfo la humanidad no había presenciado una nueva forma de guerra. El ataque aeroterrestre fue la fórmula del ejército de la hiperpotencia en esa primera contienda. Saddam Hussein no aprendió nada de su derrota ni estudió los avances tecnológicos en el campo militar. En cambio, EE.UU convirtió sus bases militares en laboratorios y sus soldados en cerebros, ingenieros e investigadores. Y a eso le agrega su estrategia para manejar la información (ese poder increíble). Al final de la Tormenta del Desierto en la zona de conflicto había más de tres mil ordenadores. Alvin Toffler decía que un día habrán más soldados con ordenadores que empuñando el arma. Eso lo escribió hace una década. Y tenía razón. En esta guerra, la Casa Blanca no sólo manipularía helicópteros y aviones sin tripulación desde sus bases sembradas de monitores, que dirigían prácticamente la contienda. Sus helicópteros son capaces de arrojar bombas en varias direcciones y con una precisión asombrosa. Además, las bombas "inteligentes" que desarticularon todo la red de comunicación de la dictadura de Saddam Hussein. Washington creó una Oficina de Comunicaciones Globales, que se encargaría de entregar materiales con citas, imágenes de la guerra y opiniones de los altos jerarcas castrenses y del propio George Bush. Sin duda, la información tiene un papel preponderante en esta conflagración. Antes de que las tropas estadounidenses avanzaran sobre Bagdad, aviones arrojaron millones de papeletas, instando a las tropas de Sadam Hussein a rendirse y dejar solo al régimen. Los medios se convirtieron prácticamente en francotiradores. Así de simple. Esta fue una batalla de una sola cara y extraña. La diplomacia preventiva dio lugar a la guerra preventiva, donde no hay declaración de guerra. Basta atacar al enemigo. Hasta casi podríamos decir este es el principio de lo que podría ocurrir en el futuro, al igual que la película Sentencia Previa. En ese filme, las autoridades podían detener a una persona, alegando que en el futuro ésta iba a cometer un crimen. Mientras tanto, la ONU quedó tumbada en el camino desértico, y el contingente más poderoso del urbe avanzaba sin misericordia, aunque ellos dijesen que trataría de evitar el mayor número de "daños colaterales"-leáse víctimas de civiles inocentes. Los periodistas no podían contar historias que se referían a los soldados muertos, heridos o detenidos. Estados Unidos se molestó también con la televisora Al Jazeera por informar sobre los soldados capturados por los iraquíes. Incluso trataron de bloquearla, pero no pudieron. CNN vista por millones de personas se vió obligada a informarse a través de Al Jazeera, la única que contaba con información desde Bagdad. Aquellos periodistas que no se plegaban a la política militar e informativa de Washington eran desalojados de las unidades donde iban incrustados, inclusos los más famosos y estrellas sensacionalistas como Gerardo Rivera, que le encanta convertirse en noticia. El fue apartado de una unidad luego de divulgar información que el Pentágono creía causaba peligro para sus tropas. Otros periodistas europeos fueron rechazados por pertenecer a medios no confiables, tachados de izquierdistas. Los periodistas llegan a convertirse prácticamente en voceros del Pentágono, contando historias a sus lectores que son apenas una parcela de la cruda realidad. Además, su área de movimiento es casi nulo, pues no se le permite aventurarse solo por el desierto. Aquellos que se atrevieron murieron o están desaparecidos. En fin, Estados Unidos, hasta el momento, han logrado manejar la información dentro de su país y a nivel mundial. Aunque dejó anidado un odio entre el mundo árabe y resucitó el antiimperialismo en América Latina-si no veamos la propia CNN- Estados Unidos ganó dos batallas (militar e informativa). Pero aún no hemos llegado al fin de la Historia. |
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