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Miguel Angel González: Sensualidad y Transparencia Alvaro Urtecho De nuevo Miguel Angel González (Nandaime, 1962) expondrá en la Galería Contil, cuya directora, Ileana Remigi, ya había descubierto (1996) su por ese entonces emergente obra. Ahora, con una mayor seguridad y una mayor destreza, González nos presenta una serie de cuadros que acentúan lo que hace algunos años habíamos señalado: Una pintura que destaca por sus colores de tonalidades intensas en función de una figuración fundamentalmente onírica y surreal, lo cual no excluye la presencia de elementos telúricos (flora, fauna, folclor) que acentúan la complejidad de su propuesta estética. En esta ocasión, González, persistiendo en su vocación de pintor obsesionado por el color exuberante y frondoso, redobla su sentido de la composición circular y ondulante, mediante movimientos rítmicos oscilatorios: franjas, estelas, masas de color que se entrecruzan como en la germinación de un torbellino, produciendo una sensación de transparencia. Su fauna, con sus plantas, escalerrillas, ventanas y demás visiones enigmáticas, parece desbordarse en sí:! Una alternancia rítimica de colores encendidos (amarillos, rojos) con colores tenues. La pintura de Miguel Angel González está llena de sensualidad festiva, de alegría, de euforia, de intensidad celebratoria: sus frutas no se corresponden ni se comprenden dentro del llamado bodegón. Están colocados, en su imperfección audaz, bajo cielos etéreos en donde riman los colores, como en una sinfonía. Frutas atravesadas por la luz de la transparencia: La luz que descubre el objeto por dentro. Su viento festivo (así titula precisamente uno de sus cuadros, generalmente de amplio formato) tiene una estructura circular, como en Delaunay o Chagall, Su Güegüense (o sus güegüenses), es un Güegüense selvático, exótico, sensual, alegre, divertido, distinto a como se acostumbra en sus esquemáticas y sombrías representaciones tradicionales. Un güegüense entrevisto en rítimicos colores, acentuando el sentido profundo de la Fiesta, la fiesta del .trópico restallando de luz y vibraciones. El personaje de nuestra mitología mestizo percibido también en un entorno onírico universal ("Los músicos"). "El poema al trópico", por ejemplo, un homenaje a la Naturaleza a través de una superposición de peces, frutas y hojas. "La danza del bosque en la fiesta del color": las superficies cromáticas en función del movimiento. O el amanecer siempre exuberante, con rostros picassianos expectantes y hojas repetidas decorando el espacio. Rostros de personajes captados a veces en su maldad sicológica o en su torvedad ("Por el Oriental") o disueltos en la abstracción. Con esta exposición, Miguel Angel González nos demuestra que, a través de su tesonero trabajo, ha encontrado ya un camino personal, asentado en la tradición o en sus precedentes inmediatos, pero abierto a las voces, llamados y figuraciones de lo Desconocido. |
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