Opinión de hombres
Una violencia
olvidada y oculta
Mario Antonio
Sandoval La violencia intrafamiliar es uno de los grandes dramas de nuestra sociedad y por
eso es importante sacarla a la luz y atacarla.
Fue celebrado el Día
Internacional de la no Violencia Contra las Mujeres. Es plausible todo este esfuerzo
encaminado con este fin, porque en todas las sociedades del mundo sin importar raza,
religión, situación económica, cultural o educativa, el fenómeno de la violencia
contra la mujer se continúa manifestando y constituye una vergüenza para la especie
humana.
Conspira contra estos
esfuerzos toda una serie de actitudes, desde la tradición cultural hasta los tabúes
religiosos, y el hecho de la celebración de este día se convierte en prueba irrefutable
de los avances logrados donde deben iniciarse, es decir en las propias mujeres. Poco a
poco la mujer, como producto de su innegable avance en muchos campos, empieza a rechazar
cada vez más en forma inteligente las acciones de violencia cometidas contra ellas.
ESTE ES EL PASO
más importante: el despertar de la conciencia de la existencia de una situación -en este
caso- no sólo inmoral sino muchas veces también ilegal. El segundo paso igualmente
básico es el despertar de la conciencia en los hombres, quienes tienen mucho campo de
acción al convertirse en agentes de cambio de actitud de otros hombres.
Y el tercer paso es
reconocer la posibilidad de violencia en todos los campos y en todos los lugares: en la
calle, en el trabajo, pero especialmente en la casa, dentro del seno familiar. No se puede
dejar de mencionar una condición indispensable: la pérdida del miedo a denunciar, pero
ésta debe ser acompañada de la certeza de la justicia, para evitar represalias
posteriores, Es así como se puede iniciar en realidad el combate a una situación
intolerable e injustificable.
ES IMPORTANTE la
emisión de leyes y la firma de tratados cuyo fin es evitar la violencia contra la mujer.
Pero es inútil si no se logra el convencimiento en todos los estratos sociales de la
perversión de acciones de este tipo. Por supuesto, es lógico, ni es un argumento
sostenible, caer en la burda sobresimplificación conceptual de considerar a todos los
hombres, por el hecho de serlo, como potenciales violadores de los derechos femeninos.
Eso es tan rídiculo como
desestimar porque sí la posibilidad de casos en los cuales las mujeres son las
victimarias y los hombres las víctimas. Se debe considerar como un hecho desgraciadamente
común, pero con posibilidades de arreglo vía una mezcla del convencimiento y de la
aplicación de castigos legales para quien rompe normas sociales de convivencia para una
de las dos mitades de la población humana,
LA VIOLENCIA
CONTRA LA MUJER casi siempre va acompañada de violencia contra las niñas, pero
también contra los niños varones. Esta parte del problema a veces se olvida, pero
existe. Un ataque violento contra una madre puede alcanzar a los hijos, pero con toda
seguridad los afectará emocionalmente.
A las niñas les pueda dar
la falsa idea de ser natural recibir el maltrato, y a los niños, darlo. Por eso, cuando
se habla de violencia contra la mujer, la cual en un porcentaje mayoritario ocurre dentro
del hogar, es mejor llamarla violencia intrafamiliar. La violencia y el abuso contra la
mujer en la calle y en el lugar de trabajo se puede arreglar más fácilmente por medio
del aparato legal. Pero en este caso, el trabajo más importante es el del convencimiento
de jueces y demás autoridades de la seriedad de este tipo de delitos, no por comunes
menos graves.
EN LO PERSONAL
siento profundo desprecio por quienes maltratan físicamente a las mujeres, porque sin
importar el grado de cultura, todo hombre comprende estar haciendo algo malo. En el caso
de la violencia psicológica, a veces puede ser el resultado del nivel cultural bajo
-aunque sean hombres con dinero o con títulos universitarios-. Por eso, el tratamiento
debe ser distinto.
Hay buenas noticias, pese
a todo. Aunque sea paso a paso, tanto dentro de los hombres como dentro de las mujeres, en
las últimas décadas se ha ido afianzando la idea de eliminar la violencia. No por ello
ha disminuido lo suficiente pero ya se entiende el problema, y con ello se ha llegado a la
mitad de la solución. El logro inicial más importante de todos es convencer a las
víctimas de la necesidad de sus denuncias. De ahí la parte de la ansiada solución a
toda esta tragedia. n
(Tomado de
Prensa Libre, Guatemala, noviembre 2000). |