La
Utopía Clásica de Alberto Ycaza
El pasado 15 de febrero, en el salón de actos
de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua, se presentó la obra de Alberto Icaza
(uno de nuestros más destacados artistas plásticos además de dramaturgo, escenógrafo y
director teatral) tiltulada La Utopía Clásica. Una edición de lujo y con todos los
fierros, como para coleccionistas. Ycaza, que es también un teórico del arte y la
cultura, expone su doctrina estética cimentada en lo que el llama "lógica
clásica", basada en la lógica aristotélica y en la cosmovisión católica del
mundo.
Ycaza explica el
itinerario de su pintura, su crítica radical del arte moderno y de todo tipo de
vanguardismos, proponiendo, a través de citas de Darío y de pintores renacentistas, una
restauración del arte clásico como medio de educación para superar la fragmentación
del mundo contemporáneo y su secuela de guerras, destrucciones, confrontaciones y
contradicciones.
Noel Ramírez, en su
presentación del libro patrocinado por la institución que preside, afirmó lo siguiente:
"para el Banco Central de Nicaragua es un privilegio y una oportunidad contribuir a
la proyección del arte contemporáneo de Nicaragua con la publicación de La utopía
clásica de Alberto Ycaza.
Es un privilegio porque
permite conocer una brillante trayectoria que ha sido ampliamente reconocida por la
crítica internacional; y una oportunidad porque representa una magnífica opción para
incorporarse a las publicaciones conmemorativas del cuadragésimo aniversario de nuestra
institución".
Presentamos en esta
edición algunos fragmentos representativos de la obra. |
Dilucidaciones
I
Ninguna clasificación es
lógica si no se toma, en la teoría, un modelo de arte clásico como tesis comparativa
para establecer lo que es y lo que no es clasificable como arte, en cualquier de las
formas de expresión de la cultura en la civilización; y aclaraba a mi discípulo que la
civilización es la gran obra de arte de una cultura. Por su origen latino, la palabra
clasificar significa dividir en clases más o menos evolucionadas según el modelo
comparativo de perfección que se expresa en el arte.
En el siglo XX se logró
uno de los más amplios archivos de datos registrados por la historia, pero sin una
clasificación lógica capaz de aclarar lo que parece oscuro por falta de definiciones
claras y precisas del tema que tratan. No es posible percibir y explicar el arte sin
definir qué es y para qué sirve. Muchos saben que literatura es aquello que se expresa
con letras, como pintura es aquello que se expresa con pigmentos; pero pocos saben
diferenciar cuándo y por qué una obra literaria o pictórica es calificable y
clasificable como arte. La pintura y la literatura, como cualquier otra forma de
expresión del arte, son la praxis de una teoría imaginada para establecer las
diferencias entre lo que es y lo que aún no es arte.
En idioma griego la
palabra praxis significa realización física de la teoría metafísica. Por ser más
amplio y preciso que el utilizado en la época "moderna", el concepto de
literatura que utilizo es el que fue usado en el período clásico de nuestra
civilización que, en el caso de la pintura, debe situarse entre Leonardo y Goya. Como las
líneas y manchas de pintura son únicamente líneas y manchas hasta que un ordenador las
ordena para expresar conceptos en imágenes pictóricas, también las letras son
únicamente letras hasta que se ordenan en imágenes literarias capaces de expresar
conceptos.
Como cualquier otra forma
de expresión, la pintura o la literatura son calificables y clasificables como arte
cuando expresan, en la praxis, la tesis de una teoría. En idioma griego, el concepto
expresado en la palabra teoría (theoría) implica connotaciones visuales de carácter
lógico-metafísico y sirve para hacer perceptible y explicable lo que, desde la óptica
física, parece imperceptible e inexplicable.
Para ser verdadera la
praxis, ésta debe ser la expresión de la teoría; y sólo es posible explicar la teoría
en un lenguaje teórico. Cada tema debe ser tratado en el lenguaje que mejor pueda
expresarlo. |
Recordaba que la primera
vez que leí en un libro la palabra teoría no sabía su significado, pero quería conocer
el concepto expresado en esa palabra; y pasé estudiando muchos años las interpretaciones
que se han hecho de ella hasta encontrar su significado más profundo y trascendente.
En el período clásico de
la cultura helénica, el concepto expresado por la palabra tehoria se utilizaba para
designar la poesía crítica (poiesis) que se representaba en el teatro o théatron como
un juicio trágico o cómico. Poiesis en griego o poesía en español no se
refiere únicamente a la versificación literaria, sino también a toda la creación
metafísica.
En la poesía trágica se
descubrían, en un proceso de causas y efectos, los errores involuntarios de los mejores
dirigentes de las etapas pre-lógicas de formación para ser reconocidos como errores
involuntarios y poder ser corregidos por temor a sus consecuencias catastróficas. En la
poesía cómica, se descubrían los errores voluntarios de los peores dirigentes
producidos en las etapas de deformación de la teoría, etapas que por actuar sin lógica
y contra la lógica deben clasificarse como post-lógicas. En estas etapas ilógicas, y
hasta anti-lógicas, voluntariamente se confunde lo que es con lo que no es en una
regresión a etapas pre-lógicas para engañar a los incautos en una estafa que da gato
por liebre en el mercado de las modas. En el mercado de las modas post-lógicas
"modernas" se pretende vender como nuevo lo que es viejo, como ocurre en
cualquier etapa en la que se exprese la decadencia de la cultura.
Si queremos razonar con lógica para actuar con lógica, debemos tomar
lo absoluto como absoluto y lo relativo como relativo a lo absoluto.
En la etapa de plenitud de
la crítica, la poesía teatral griega de Esquilo y Sófocles, sistematizada en la teoría
poética de Aristóteles, demostraba y clasificaba como hamartía trágica o error
involuntario el que, por ignorancia, cometían los mejores dirigentes culturales y
civiles de la etapa de formación de la cultura y civilización helénica. La psiquiatría
"moderna" se equivoca si toma como premisa que los errores involuntarios
cometidos por ignorancia de los protagonistas de las tragedias griegas clásicas-
son errores voluntarios y, por tanto, producto de un complejo patológico. Solamente
pueden calificarse como producto de una patología los errores voluntarios, como aquellos
que Aristófanes descubre en su poesía cómica.
No debemos olvidar que
Aristóteles y Aristófanes fueron exilados injustamente de Atenas por haber puesto en
evidencia que las mayorías ignorantes eligen voluntariamente a los peores dirigentes, a
los más deshonestos e incapaces de razonar con lógica para actuar con lógica.
En su teoría del
conocimiento desarrollada en la Metafísica, Aristóteles afirma que "Todos los
hombres, por naturaleza, desean saber"; y luego explica que, de todos los sentidos,
la visión es el mejor medio de percepción física para deducir y comprender lo
observado; en el idioma griego la palabra theoria fue utilizada para expresar el principio
fundamental de lo que, en español, se concibe como cultura. Recordaba que Rubén Darío
en uno de sus poemas explicaba que, para el ser humano, Lo fatal es "ser y no saber
nada, y ser sin rumbo cierto".
Quien quiere saber lo que
no sabe encuentra la forma de aprender. El ser humano avanza por curiosidad de conocer y
retrocede por temor a lo aún no conocido. Pero el conocimiento de las partes es parcial y
relativo al conocimiento del concepto de totalidad que se expresa en la palabra que se
refiere a lo absoluto. En idioma griego, Katholikós (católico) expresa el concepto de la
acción de analizar y definir según el todo, al que se toma como único punto de
referencia.
Las academias
"universitarias" olvidan su origen y función de transmitir la única versión
lógica, o católica, de la teoría demostrativa; y, desde la imposición de un falso
racionalismo "moderno", la percepción y valoración académica de la realidad
es relativa y parcial.
Es un error confundir el
conocimiento de la Verdad absoluta, que actúa como tesis lógica, con el conocimiento de
verdades relativas, que actúan como hipótesis o premisas que no han sido comprobadas
como tesis verdadera en la teoría del conocimiento. Si un observador observa un
recipiente desde el punto de vista en que puede verse al asa, puede afirmar que es un
objeto que tiene asa; y esta afirmación es una verdad relativa; si otro lo observa desde
el punto de vista en que no puede verse el asa, puede afirmar que es un recipiente que no
tiene asa; y esta otra afirmación es otra verdad relativa. Cada uno de los dos
observadores tiene una hipótesis relativa a la tesis que afirma las características de
la totalidad de ese objeto que, lógicamente, debe definirse como un recipiente que, desde
un punto de vista, tiene asa y desde otro, no tiene asa. En este momento se termina la
discusión dialéctica sobre las aparentes contradicciones; y este razonamiento es
aplicable a cualquier discusión dialéctica capaz de polarizar por visiones aparentemente
contradictorias de hipótesis relativas y parciales, visiones o versiones que,
erróneamente, toman cada una de las partes como tesis absoluta y total.
Si queremos razonar con
lógica para actuar con lógica, debemos tomar lo absoluto como absoluto y lo relativo
como relativo a lo absoluto. Creer que todo es relativo implica una contradicción, y la
contradicción no es lógica; pero en estos tiempos "modernos" se ha rechazado
irracionalmente el método lógico católico como el único capaz de aclarar lo que parece
oscuro por causa de las versiones parciales y relativas de una dialéctica que toma como
si fuese lógica la contradicción.
La manía de la
especialización, que da una mayor importancia jerárquica a las partes que al todo,
actúa en contra de una cosmovisión total al pretender, ilógicamente, descalificarla con
el calificativo de "totalitaria", sin pensar que cualquier clasificación
lógica jerárquica que tome al todo como punto de referencia esencial es totalitaria. Es
fácilmente comprobable que el adjetivo totalitario es calificativo y no descalificativo;
y es un abuso del lenguaje expresar, en la descalificación irreflexiva de la palabra que
expresa el concepto de totalidad, que las partes son buenas, pero que el todo es malo. La
lógica más elemental prueba que el mal es sólo ausencia de bien; y sólo es bien la
armonía de las partes que actúan a favor del todo. No es lógico que las partes actúen
contra el todo, ya que son partes del todo y no al revés. La actuación de las partes en
contra de la armonía del todo implicaría un irracional propósito autodestructivo.
Cuando se pretende dar al
César el poder total, que es atributo característico de Dios, se comete una ridícula
aberración cómica por demostrarlo no saber lo que se sabe; y se sabe que el César no es
Dios y que, por tanto, debe darse "al César lo que es del César y a Dios lo que es
de Dios". El poder del César es relativo y parcial respecto al poder absoluto o
total de Dios, como demuestra la teoría católica cristiana.
Y éste es apenas un
ejemplo del error que expresa la confusión babélica donde, por falta de lógica, se
tomó el error como acierto y el acierto como error en el pasado siglo XX, error que
evidencia el objetivo alevosamente premeditado- de descalificar la teoría católica
cristiana como método lógico de análisis y síntesis de carácter universal y
permanente; y ésta es la causa de por qué, en el siglo XX, no fue posible que unos
vivieran y dejaran vivir en paz a otros para poder crear y conservar, y no destruir, el
arte que expresa una cultura que rinde culto al Creador y Juez de su creación en su
civilización correspondiente. |