Mejoremos
nuestro idioma
Los informes del
director
Róger Matus Lazo
Dícese que hace muchos
años, una monja de un colegio religioso de Managua les dijo en clase a las alumnas de
preescolar que debían rezar por el alma de una persona recientemente fallecida "para
que no pene". Ya en casa, una de las niñas preguntó a su mamá qué significaba
"pene", palabra que había empleado muchas veces la religiosa.
Un signo es una señal que
representa algo. Nuestra vida diaria se mueve dentro de una atmósfera de señales que nos
transmiten determinados mensajes. Por ejemplo, escuchamos el canto de un gallo o el
tintineo de un reloj que nos despierta por la mañana; nos encontramos con semáforos con
luces de colores convenidos para indicarnos cuándo debemos pasar y cuándo no; observamos
señales en la vía con indicaciones especiales que interpretamos perfectamente: no
estacionar, no cruzar la línea contínua, derrumbe próximo, etc.
Pero nosotros empleamos
también determinados gestos para transmitir nuestros mensajes: para llamar a alguien,
saludarlo efusivamente, indicarle que guarde silencio, afirmar o negar algo, despedirnos,
etc.
Todas estas señales son
portadoras de un mensaje, un contenido, un significado. Son signos. Un signo es una señal
que indica o evoca la idea de otra cosa. Un niño oye ladrar un perro o ve una nube y de
inmediato evoca la imagen de un perro o la de la lluvia. Pero si nunca ha visto un perro
ni la lluvia, no podría establecer ninguna asociación. Es preciso, pues, una experiencia
previa. Así, un niño ve una nube, evoca la imagen de otra nube ya vista y al mismo
tiempo establece la asociación con la lluvia.
Los signos son de diversos
tipos y diversos también los modos de significar la realidad: el humo, que anuncia el
fuego; la risa, que soltamos en señal de alegría; el grito desesperado pidiendo auxilio,
etc.
A diferencia de los
animales, los seres humanos son capaces de inventar diferentes códigos (sistemas de
signos) para comunicarse: mímicos, visuales, auditivos, táctiles, etc. Todos estos
signos son limitados, porque sólo pueden emplearse para transmitir determinados mensajes.
Sin embargo, el hombre ha creado un código ilimitado para comunicarse: la lengua; y el
más importante de los signos: el signo lingüístico.
Todo signo ligüístico se
compone de dos elementos: significante y significado. Cuando oímos la palabra
"masa", por ejemplo, percibimos una imagen acústica, sonora, la serie de
sonidos que constituyen esa palabra: m/a/s/a. Es el significante. Pero esta serie de
sonidos (m/a/s/a) no llega a ser palabra hasta que no se asocia con una determinada
representación o significado. Es lo que ocurre cuando oímos sonidos de una lengua
extraña y desconocida. Para nosotros no son palabras, sino sucesión de sonidos que no
nos comunican nada.
La eficacia de la
comunicación es óptima si a cada significante le corresponde un significado y viceversa.
Sin embargo no ocurre así, porque casi siempre (excepto en el lenguaje científico) puede
existir un solo significante con dos o más significados o a la inversa. La misma palabra
"masa" (m/a/s/a), tiene significados distintos según el contexto: familiar
(masa de maíz), sociológico (las masas populares), físico (cantidad de materia que
contiene un cuerpo), etc.
Un fenómeno lingüístico
interesante en el campo de las significaciones es la sinonimia, que ocurre cuando para un
significado existen en la lengua varios significantes. Por ejemplo: barco, vapor,
embarcación, navío. Son sinónimos. La palabra "pueril" significa
"perteneciente o relativo al niño, infantil"; "trivial, infundado,
banal". "Pueril" e "infantil" tienen significados semejantes.
¿Hasta qué punto son sinónimos? Averigüémoslo analizándolos en un contexto:
- - "Juan tiene una alegría
pueril".
- - "Juan tiene una alegría
infantil".
Observemos que en este
caso, son sinónimos. Ahora veamos este otro contexto:
- - "Juan escribe cuentos
pueriles".
- - "Juan escribe cuentos
infantiles".
Fijémonos que hay una
clara diferencia: el primero tiene un significado despectivo (cuentos triviales) y el
segundo, no. De donde se concluye que "pueril" e "infantil" no son
sinónimos absolutos.
Veamos ahora en la prensa
escrita algunos problemas relacionados con el empleo de sinónimos:
a) "Banda de abigeos
azota en Malpaisillo... los rateros se movilizan con medios de transporte..." (El
Nuevo Diario, 5 de julio de 1996, p. 5)
b) "La presente
aprobación de Concesión de Exploración Minera se circunscribe y limita a las
coordenadas..." (La Tribuna, 4 de julio de 1996, 2B)
c) "... informó que
los últimos informes del rendimiento escolar en los niveles de secundaria de los turnos
diurno y nocturno destacan la obtención de 50 y 47 por ciento de aprobados
respectivamente..." (La Prensa, 9 de julio de 1996, p.9
En a) se confunde abigeo
(el que roba ganado o bestias) con ratero (ladrón de cosas de poco valor).
En b) se emplean dos
sinónimos: circunscribir ("reducir a ciertos límites o términos alguna cosa")
y limitar ("poner límites a una acción o a una cosa"). Es una reiteración con
un valor puramente explicativo, frecuente en el estilo jurídico o legal (bienes y
haciendas; última voluntad y testamento; estado y condición, ordeno y mando, etc.). Es
una repetición inútil y viciosa (tautología).
En c) se emplea el verbo
informó y seguidamente el sustantivo informes, en una construcción que revela pobreza de
vocabulario y disonancia por la inarmónica combinación de los sonidos (cacofonía). El
verbo informó debió sustituirse por comunicó.
A veces, no es necesario
recurrir a un sinómino, pues basta la eliminación de uno de los términos repetidos:
"La colega ya fue
nominada asistenta del director nominado de la DICS". (Bolsa de Noticias, 13 de
diciembre de 1996)
Informemos a la
ciudadanía empleando adecuadamente nuestro idioma, como instrumento fundamental de
comunicación. |