Conceptos de Yoko Ono
La Japan Society de
la ciudad de Nueva York está presentando, desde octubre y hasta el próximo 14 de
febrero, Yes Yoko Ono, una exposición retrospectiva de la obra de la artista japonesa,
mejor conocida por su excéntrico matrimonio con el Beatle John Lennon.
Yoko, la viuda negra del
rock, es detestada por los seguidores del célebre cuarteto de Liverpool: fue ella la que,
supuestamente, originó el rompimiento del grupo; ella quien arruinó la inspiración de
John. Lo cierto es que Yoko, hoy de 67 años de edad, antes de conocer a John Lennon, en
1966, era una artista de vanguardia, fundadora del movimiento Fluxus. Experimentaba con
todos los medios a su alcance: el performance, el arte conceptual, la música disonante,
los filmes subterráneos. Pero luego de recorrer la exposición, me quedó claro que su
mayor talento era la autopromoción y una curiosidad sin límite.
Para su performance de
1964, llamado Cut piece, Yoko se sentó en el escenario del Carnegie Hall, mientras
miembros del público subían a cortar piezas de su ropa con tijeras. Tiene también Yoko
una serie de 1961 titulada instruction paintings ("pinturas con instructivo")
que no son sino directivas escritas a máquina. Por ejemplo:
"Mira al Sol hasta
que se vuelva cuadrado". En la muestra también puede verse la serie Ex-It, que se
exhibió a finales de 1997 en el Museo Tamayo (ramas de árboles que salen de ataúdes de
madera), y la famosa escalera que despertó el interés de Lennon por la artista, cuando
se exhibió, en 1966, en la Galería Indica, de Londres. La obra se titula Yes, y es una
escalera de la que cuelga una lupa que sirve para ver el diminuto mensaje escrito en el
techo: Yes.
La obra fílmica de Yoko
ilustra a la perfección los excesos de las vanguardias. En No. 4 (Bottoms), de 1966,
filma las nalgas desnudas de sus amigos, como para demostrar las diferentes humanidades:
unos traseros son planos y cuadrados; otro redondos y peludos. Cuatro años después, Yoko
realizó Fly. En este filme, de 25 minutos de duración, una mosca, filmada en close up,
vuela sobre el cuerpo desnudo e inmóvil de una mujer, se posa para inspección los
pezones, los labios o la hendidura entre las piernas. Tal vez Yoko quiso enfrentar dos
formas de vida, una agresiva y curiosa; la otra, serena y misteriosa.
La retrospectiva revisa
también la música de Yoko, quien a la manera de John Cage, incorporó ruido a su trabajo
sonoro. En la pista sonora de Fly, Yoko imita el zumbido de una mosca, después grita como
histérica, luego aúlla como felino. Lo mismo en sus colaboraciones con grupos art-punk
como Sonic Youth y Stereolab. Si la señora quiere demostrar lo horrorosa que puede ser la
voz humana, lo logra.
El mejor concepto
artístico de Yoko fue, sin duda, su matrimonio con Lennon. La última parte de la
exposición ilustra esos años locos de los bed-ins a favor de la paz (quedarse en la cama
días enteros) y del boagism (meterse en una bolsa). Estas manifestaciones nada tenían
que ver con el arte y sí, mucho, con el exhibicionismo y la promoción de esta artista
japonesa, demasiado famosa para su verdadera importancia.
(Tomado de Arena,
suplemento cultural de Excelsior) |