cult1.jpg (16156 bytes)

bc7.jpg (11744 bytes)

Ed. 174 - 02/Feb/2001

Portada ] Titulares ]

....

Rubén Darío en Harvard:

Libros y Manuscritos de la Biblioteca del Poetarubenharvard.gif (30767 bytes)

David R. Whitesell (Hougton Library, Harvard University). Traducción por Rivas Services, Inc. (Ernesto Rivas), Miami

A la edad de 14 años, Rubén Darío compuso un largo y ambicioso poema titulado "El Libro". Permítanme citar una de sus estrofas:

  • Yo al libro siempre he de amar;
  • Siempre su voz he de oír,
  • Pues me ha enseñado a sentir
  • Y me ha inducido a cantar.

Si los libros fueron la musa de Darío, ¿qué es lo que sabemos nosotros de sus libros? Se ha escrito mucho sobre los libros que Darío leyó, pero su poesía y su prosa están llenas de referencias a los miles de volúmenes devorados por este omnívoro lector. Pero no se ha escrito, prácticamente, nada sobre los libros que eran propiedad de Darío. La razón es bien clara: a diferencia de la mayor parte de su correspondencia, la biblioteca de Darío se dispersó; jamás se hizo una lista de su contenido; y nadie ha intentado compilar información sobre los pocos volúmenes que se sabe han sobrevivido en bibliotecas públicas y privadas alrededor del mundo.

En diciembre de 1997, fue un golpe de buena suerte el descubrir accidentalmente, en las anaqueles de la Biblioteca Widener de la Universidad Harvard, un libro de la biblioteca de Rubén Darío. Y no fue simplemente cualquier libro, sino uno conteniendo dos poemas hasta entonces desconocidos! Parecía evidente que otros libros propiedad de Darío, quizás con más versos desconocidos, podrían estar escondidos en otro lugar de la Biblioteca Widener. Efectivamente, tras varios meses de trabajo detectivesco, logré encontrar 39 volúmenes de la biblioteca de Darío. Y aquí están: 40 libros, que hoy ocupan un sólo estante dentro de la Biblioteca Houghton, donde se guardan los manuscritos y libros raros de Harvard. Su modesta, casi desgarbada apariencia contradice su considerable importancia, porque quizás ninguna porción mayor o más significativa de la biblioteca de Darío pueda encontrarse en ninguna otra parte.

Mi descubrimiento no ha pasado inadvertido; y es un gran honor para mí el haber sido invitado a presentarme ante esta audiencia. Esta noche quiero compartir con ustedes la historia de cómo estos 40 libros llegaron a Harvard hace ya muchos años y como fueron recientemente re-descubiertos dentro de la Biblioteca Widener. Pero más importante, aún, quisiera mostrarles muchos de los volúmenes—así como los recién descubiertos poemas— y explicar cómo ellos amplían nuestros conocimientos acerca de la biblioteca de Darío, la relación del poeta con los libros, y su mundo literario.

Rubén Darío nunca visitó Cambridge, Massachusetts. Sin embargo Darío siempre se ha proyectado en la vida intelectual de la Universidad Harvard, donde ha habido una orgullosa tradición de estudios darianos. Durante los años 30, el Consejo sobre Estudios Hispanoamericanos de Harvard—predecesor del actual Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos—patrocinó dos libros que abrieron nuevas rutas.

El primero fue Rubén Darío: casticismo y americanismo, una biografía y estudio crítico por Arturo Torres-Rioseco publicado en 1931. Cuatro años más tarde, la Imprenta de la Universidad Harvard publicó la primera bibliografía general de obras y escritos por estudiosos de Darío, compilados por el ex-alumno de Harvard Henry Grattan Doyle. Después de la Segunda Guerra Mundial, el distinguido erudito argentino Raimundo Lida aceptó una cátedra en Harvard. Rubén Darío: modernismo es apenas uno de los varios trabajos que sobre Darío escribiera o editara el profesor Lida. En 1967, Enrique Anderson Imbert publicó su importante estudio La originalidad de Rubén Darío.

El mismo año fue nombrado Profesor de Lenguas Romances en Harvard, y su discurso inaugural se tituló, "Los cuentos fantásticos de Rubén Darío". Sin embargo, nunca sabremos por qué, mientras estos eruditos y sus estudiantes escarban las riquezas de la Biblioteca Widener, nunca descubrieron, ni se dieron cuenta, de los 40 volúmenes de la biblioteca de Darío que estuvieron reposando ahí todo ese tiempo.

La Universidad de Harvard posee la más grande biblioteca académica del mundo, con más de 14 millones de volúmenes divididos entre casi 100 bibliotecas fíliales. La principal es la Biblioteca Widener situada en el centro de Harvard Yard. Construida con fondos donados por la madre de Harry Elkins Widener, el joven graduado de Harvard que pereció en el hundimiento del Titanic, la Biblioteca Widener abrió sus puertas en 1915, el año en que se tomó esta fotografía. En ese entonces contenía 650,000 volúmenes. Ahora esta Biblioteca Widener contiene cinco millones de ejemplares.

IlustracionDario1.jpg (69758 bytes)Mi trabajo es catalogar libros raros para la Biblioteca Houghton que es la principal biblioteca de libros raros de la Universidad de Harvard. La Biblioteca Houghton, que se inauguró en 1942, está situada junto a la Biblioteca Widener y contiene 600,000 libros y varios millones de manuscritos, la mayoría en montones guardados en subterráneos no visibles en esta fotografía. La Biblioteca Houghton posee obras maestras de la literatura española y portuguesa, incluyendo una de las colecciones más extraordinarias del mundo de Cervantes, y tesoros individuales tales como el manuscrito de la novela de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta. Los archivos de Houghton de literatura latinoamericana son menos ricos, pero se está coleccionando activamente en esta área. Por ejemplo, ya somos dueños de primeras ediciones de casi todos los libros de Rubén Darío, y en el año pasado adquirimos cuatro cartas manuscritas de Darío dirigidas al poeta colombiano Eduardo Talero.

Efectivamente, fue mientras catalogaba una adquisición de literatura latinoamericana, que consideré necesario, en diciembre de 1977, visitar los anaqueles de la Biblioteca Widener para resolver un problema de catalogación. Me dirigí a la sección de América del Sur, localicé el libro que buscaba, y rápidamente encontré la repuesta a mi pregunta. Luego comencé a curiosear en la sección de literatura argentina, donde mis ojos se vieron atraídos a un estante: Entre los varios libros estaba uno de poemas titulado Eglantinas, escrito por un poeta menor llamado Pedro J. Naón y publicado en Buenos Aires en 1901. El libro me llamó la atención por su empaste inusualmente atractivo. Nótese los agregados a pluma alrededor del nombre de Naón en la parte superior derecha y se hará evidente en un momento, quién fue el dibujante!

Me picó la curiosidad, y procedí a abrir el libro. En la hoja de la cubierta del frente vi una dedicatoria de Naón, y al leerla me faltó la respiración: "Al mágico artífice Rubén Darío. Homenaje, de quien le debe las más finas y profundas sensaciones de arte". Estaba aquí un libro de la biblioteca de Rubén Darío, uno de los más grandes poetas que haya escrito jamás en la lengua española! ¿Cómo, me preguntaba, vino a parar aquí? Abriendo el libro, encontré que los poemas de Naón estaban impresos en el frente de cada página, dejando el reverso en blanco. Examinando el libro más detenidamente, al voltearlo, encontré escrito, a la inversa en la cubierta posterior el nombre de Darío, el título "El Caracol", la fecha "1901", y el dibujo de un caracol ingeniosamente enmarcado por el colofón de la editorial, impreso en negro. Entonces abrí el libro por la parte posterior y encontré, para mi asombro, que las primeras nueve páginas en blanco estaban llenas con versos manuscritos, algunas con mano cuidadosa, el resto en lo que parecía un manuscrito al vuelo de la pluma.

¿Quién, me pregunté, pudo haber escrito estos versos? Porque inicialmente parecían ser el trabajo de diferentes personas, dudaba que Darío pudiera ser una de ellas y que, por el contrario, dos propietarios posteriores habían utilizado las páginas en blanco para copiar algunos poemas, presumiblemente poemas de Darío. Con cierta renuencia, devolví el libro al estante y me retiré.

Todos hemos hecho alguna vez cosas que luego lamentamos, pero a veces tenemos la oportunidad de corregir nuestros errores. Esa noche, comencé a pensar de nuevo sobre este libro; a medida que lo hacía, más me convencía de haber cometido un error colosal. Ciertamente valía la pena tomarse el tiempo para verificar si el manuscrito pudiera ser de Darío, y eso es lo que resolví hacer a primera hora de la mañana siguiente. Tras la proverbial noche de insomnio, comencé a trabajar; regresé corriendo a la Biblioteca Widener y, para mi tranquilidad, encontré rápidamente el libro exactamente donde lo había dejado. En pocos minutos, pude comparar el verso manuscrito en el libro con facsímiles de la escritura de Darío. ¡Eran iguales!

Tras un poco de investigación adicional, ya sabía exactamente lo que había encontrado: Pedro Naón había enviado esta copia desde Buenos Aires a París, donde DArío estaba viviendo en 1901. Lo que Darío pensó de la poesía de Naón no se sabe, pero sí apreció el regalo: volteando el libro y abriéndolo desde el dorso, Darío tenía de pronto, un libro con cien páginas en blanco para anotaciones poéticas. Entonces comenzó a llenarlas, pero sólo por poco tiempo. Copiados nítidamente en las primeras tres páginas estaban los primeros borradores conocidos de dos poemas—"Caracol" y "Marina"— publicados más tarde en Cantos de vida y esperanza. En las siguientes seis páginas estaban los primeros borradores de dos poemas completamente desconocidos e inéditos!

Permítanme ahora enseñarles los poemas manuscritos. Primero es el ensayo de una página de "Caracol". Claramente, Darío estaba copiando nítidamente de su borrador inicial, que ya no sobrevive. Luego sigue el borrador de dos páginas de "Marina". Los eruditos datan estos poemas a 1903, pero este manuscrito demuestra que Darío los compuso dos años antes, en el verano de 1901, como pareja. Efectivamente, el título manuscrito de Darío en la cubierta sugiere que tenía proyectado escribir una colección de poemas encabezados por "Caracol". Este proyecto nunca lo terminó. En cambio, en la primera de 1903 envió los dos poemas a la revista argentina "Caras y caretas", donde aparecieron en su edición del 18 de abril de 1903, en orden inverso, siendo "Marina" la primera parte, y "Caracol" la segunda. Los recién descubiertos borradores muestran que Darío revisó cuidadosamente los dos poemas antes de publicarlos.

RubenDario.jpg (4726 bytes)Pero Darío aún no había terminado. Casi dos años más tarde revisó los poemas nuevamente y los envió, con muchos otros, a su joven discípulo Juan Ramón Jiménez, el poeta español y futuro laureado con el premio Nobel. Jiménez los editó para publicarse en la obra maestra de Darío, la colección de versos de 1905 Cantos de vida y esperanza, cuya impresión supervisó Jiménez en nombre de Darío. Pero Jiménez separó los poemas de manera que "Caracol" se convirtió en el poema 29 de la sección "Otros poemas" y "Marina" en el poema20. Darío no hizo más cambio a ninguno de los dos poemas, y hoy en día se imprimen en esta secuencia. Sin embargo, los eruditos han pasado por alto un punto importante que los recién descubiertos borradores señalan: No solo fue la intención original de Darío, sino también su intención final, que "Caracol" y "Marina" estuvieran siempre apareados en ese orden. Sabemos esto porque poco antes de su muerte, Darío publicó una selección de sus poemas bajo el título Muy siglo dieciocho. Como vemos en el índice de ese libro, Darío reunió estos poemas y les dio el privilegio del primer lugar, al frente.

Las restantes seis páginas manuscritas son los borradores originales de dos poemas de Darío, hasta ahora desconocidos, ambos probablemente compuestos en París en el otoño de 1901. A diferencia de las hojas nítidas, estos borradores garabateados son testigos vivos de los métodos de escribir de Darío: característicamente escribió y revisó rápidamente, en una explosión fugaz de intensidad creativa, tras esbozar mentalmente su poema. El primer poema es sólo un fragmento de seis líneas.

El segundo poema es uno sustancial de más de 50 líneas, titulado "Epístolas". Inmediatamente bajo el título, Darío agregó un "1", como si tuviese la intención de componer este poema en varias secciones. Si así fue, sólo la primera se completó. Luego viene la dedicatoria, "A. Nervo", es decir, al poeta-diplomático mexicano Amado Nervo, un amigo íntimo con quien Darío compartió un piso en París de 1900 a 1901. Como verán, la escritura de Darío a menudo se vuelve casi ilegible, y pude transcribir solamente el 90% del texto. Por lo tanto estoy profundamente agradecido al distinguido poeta nicaragüense Julio Valle-Castillo, quien examinó el manuscrito y me completó la transcripción.

Darío fue un descuidado custodio de su propia poesía, porque guardó muy pocos manuscritos o impresos de los poemas que publicó en muchos periódicos, publicaciones, y libros diferentes. En sus últimos años, Darío rebuscó entre sus papeles en busca de poemas que pudiera vender para aliviar sus dificultades financieras. Sin embargo, a pesar de estar en sus anaqueles durante 15 años, los dos poemas de este libro fueron, o pasados por alto, o no publicados deliberadamente. Su descubrimiento es, con todo, importante. La edición centenaria de las Poesías completas de Darío, publicada en 1968, incluye aproximadamente 800 poemas. Unos 92 poemas adicionales descubiertos desde entonces están incluidos en el más reciente suplemento, publicado en 1994. Los dos poemas que acabo de leer, son los más recientes, pero probablemente no los últimos agregados al corpus de Darío.

Una vez que encontré este libro, me enfrenté a dos preguntas urgentes: ¿dónde lo habría adquirido la Biblioteca de Harvard College? y ¿habría otros volúmenes de la biblioteca de Darío—quizás conteniendo también versos inéditos—adquiridos con éste? Regresé a la Biblioteca Widener donde, tras varias horas de curiosear la sección de literatura latinoamericana, descubrí seis libros más. Claramente había encontrado la punta del "iceberg", pero, ¿cuán grande era éste? No era humanamente posible el examinar cada uno de los cinco millones de libros de la Biblioteca Widener, de modo que había que buscar una manera más fácil para localizar los restantes volúmenes que una vez fueron de Darío, sin saber cuántos.

La llave era la fecha de adquisición estampada en cada uno de los libros: 11 de septiembre de 1916. Fuí a los Archivos de la Universidad de Harvard, donde se guardan los registros de la Biblioteca de la Universidad, sólo para desanimarme al descubrir que todas las facturas después de 1915 habían sido destruidas! De manera que, frustrado, decidí buscar en todo el Departamento de Ordenes de Biblioteca correspondencia del año 1916, esperando encontrar una pista. Tras varias horas de búsqueda, encontré una carpeta gorda conteniendo correspondencia entre Harvard y la Librería Joaquín Medinilla, un librero de Madrid quien en ese tiempo era uno de los principales proveedores de libros españoles y latinoamericanos. Estaban ahí 200 páginas escritas con listas de varios millares de libros ofrecidos por Medinilla a Harvard en 1916. Nada parecía lo que buscaba hasta que llegué a esta página de una lista fechada 30 de abril de 1916. Allí estaba el libro que había encontrado, Eglantinas de Pedro Naón! Medinilla le había puesto el precio de 15 pesetas—o aproximadamente US$50 de hoy—y lo describía en detalle:"Dedicado a Rubén Darío. En la cubierta y en el reverso de las páginas en blanco hay el comienzo de un libro autógrafo de Darío titulado "El Caracol". Muy curioso".

Eventualmente encontré que habían cuatro listas de ofertas de Medinilla— fechadas el 30 de abril y el 1, 4 y 23 de mayo de 1916—que contenían libros de la biblioteca de Darío. He aquí otro ejemplo, de la lista del 4 de mayo. Nótese que dos de los libros se describen como "Dedicado a Rubén Darío", es decir, están dedicados por sus autores. Pero ¿fueron sólo los libros así marcados los de propiedad de Darío, o también algunos de los otros? Y ya que estas son listas de libros ofrecidos a Harvard, ¿cuáles de los 180 volúmenes descritos en estas cuatro listas, compró efectivamente Harvard?

A fin de responder a estas preguntas, registré cada uno de los 180 títulos en el catálogo de la Biblioteca de Harvard. Luego examiné cuidadosamente cada ejemplar de estos libros que estbaan aora en la Biblioteca: si fueron comprados a Medinilla en 1916, y si lo fueron, ¿había alguna evidencia de que pertenecieron alguna vez a Darío? Tras varios meses de trabajo, al fin tuve la respuesta. Muchos de los libros evidentemente no habían pertenecido a Darío, pero al menos 45 definitivamente sí, y otros 21 casi ciertamente, habían sido suyos.

Y de estos 66 volúmenes, Harvard compró 43. Pude localizar 40 de los 43 en los anaqueles de la Biblioteca Widener y los traje a la Biblioteca Houghton para salvaguardarlos; uno de los libros fue descartado en 1976 y sustituido con una fotocopia porque estaba demasiado frágil para utilizarse, y dos libros hacen falta en la actualidad.

IlustracionDario3.jpg (68789 bytes)De los libros mostrados en la página aquí expuesta me encontré con que Darío había sido el dueño de aquellos por Argüello, Gamboa, Ghiraldo, Goulart de Andrade, y Valencia y que Harvard los compró todos excepto el de Gamboa. Tres de los cinco volúmenes están dedicados a Darío, pero los de Argüello y Ghiraldo no lo están. ¿Cómo sé, entonces, que una vez descansaron en los estantes de Darío? En algunos casos se usa evidencia documental, es decir, si hay alguna mención, en la correspondencia existente de Darío de haber sido el dueño de un libro específico.

Por ejemplo, este libro, Sonetos sinfónicos, una colección de poemas del distinguido poeta portorriqueño Luis Lloréns Torres, aparece en una de las cuatro listas de Medinilla y fue comprado por Harvard, pero no tienen ninguna dedicatoria. Sin embargo, en el Seminario-Archivo Rubén Darío en Madrid-el principal depositario de la correspondencia de Darío—hay una carta de 1914 de Lloréns Torres diciendo que ha enviado una copia de su libro a Darío. Esto no prueba sin duda alguna que esta copia fuera de Darío, pero las probabilidades de que lo fuera son muchas. En algunos casos, los libros sin otras marcas de propiedad se considera que fueron de Darío, porque tienen anotaciones con su letra. Más tarde les mostraré dos de tales libros.

En varios casos adicionales, pude probar la posesión de Darío debido al empastado. Miremos otra vez los 40 libros encontrados en la Biblioteca Widener. Si examinamos con cuidado que 14 volúmenes están empastados uniformemente en cuero rojo en un estilo que los españoles llaman "a la holandesa". He aquí una foto más de cerca del empastado en Alma gaucha de Alberto Ghiraldo, uno de los libros en la oferta de Medinilla mostrada anteriormente en diapositiva. El libro está empastado la mitad en cuero de cabritilla teñido en bermellón; la pastas están forradas en papel decorado con un diseño jaspeado distintivo en magenta, amarillo y azúl verdoso; el lomo tiene nervios ceñidos y entre ellos, el nombre del autor y el título estampado en oro; y una cinta de seda tricolor como marcador está adherida dentro.

Las contratapas tienen guardas marmoleadas en un distintivo diseño "jaspe español" en rosado intenso con venas verde-azul oscuro. Los empastes son tan uniformes que podrían haber sido hechos por el mismo encuadernador al mismo tiempo y en el mismo lugar. La mayoría de los libros están dedicados a Darío, y varias evidencias demuestran que los empastados fueron encargados por él a principios de 1912 mientras estaba en París. Por lo tanto, cualquier libro empastado de esta manera aunque sin dedicatoria—tal como Alma gaucha de Ghiraldo—tiene que haber pertenecido a Darío.

Las listas de ofertas de Medinilla en los archivos de Harvard son una importante nueva fuente para los estudiosos de Darío. No sólo identifican los volúmenes de la biblioteca de Darío que están ahora en Harvard, sino también al menos 23 libros más, no comprados por Harvard, que fueron propiedad de Darío. Sin embargo, estas listas suscitan tantas preguntas como respuestas: Por ejemplo, algunos de los otros libros comprados por Harvard y que permanecen en la Biblioteca Widener pueden haber sido posiblemente de Darío, pero hasta ahora no hay suficiente evidencia para llamarlos suyos. Más inquietante es el problema develado por este libro, Ocho cartas halladas, por el poeta ecuatoriano Eudófilo Alvarez. Como muchos otros comprados a Medinilla, está dedicado a Darío, empastado en su distintiva cubierta de cuero de cabritilla rojo, e impresa con la fecha de adquisición, 11 de septiembre de 1916. Sin embargo, no aparece por ninguna parte en las listas de Medinilla! Descubrí este libro por pura casualidad mientras registraba los estantes de Widener. Pudiese ser que no todas las listas de Medinilla fueron guardadas por Harvard y que otros libros propiedad de Darío aún permanecen sin descubrir en la Biblioteca Widener. Puedo garantizarles que todavía estoy buscando.

Rubén Darío murió en Nicaragua el 6 de febrero de 1916. Menos de tres meses más tarde, la Librería Joaquín Medinilla en Madrid comenzó a ofrecerle a Harvard al menos 66 volúmenes de la biblioteca de Darío. ¿Dónde obtuvo Medinilla los libros? No podían todos venir de Francisca Sánchez, la compañera de Darío y la madre de su hijo y heredero, Rubén Darío Sánchez. Al morir Darío, la mayoría de sus pertenencias estaban en el apartamento de Sánchez, a unos pasos de la Puerta del Sol en el centro de Madrid. La situación financiera de Sánchez, como fue revelado en sus cartas de la época, era desesperada, y pronto se reubicó cerca de ahí a un piso menos caro que se alquilaba por sólo 80 pesetas al mes.

Los amigos de Darío de Madrid le ofrecieron ayuda, sugiriéndole entre otras cosas, que vendiera sus papeles. Esto no quiso hacerlo; en cambio, guardó amorosamente varios millares de cartas y documentos en su poder por otros 40 años antes de obsequiárselos al Estado español. En una carta fechada 9 de mayo de 1916—diez días después de que Medinilla comenzase a ofrecer los libros de Darío a Harvard—Sánchez le escribió a una amiga diciéndole que aún no había recibido pago de "el librero". Aunque no se menciona el nombre de Medinilla, lo probable es que se refería a él. Medinilla ofreció los 66 volúmenes a Harvard por un total de 290 pesetas. La parte que le correspondía a Sánchez era presumiblemente no más de la mitad, o 145 pesetas— apenas suficiente para casi dos meses de alquiler.

La nieta de Francisca Sánchez ha contradicho públicamente mi historia, diciendo que su abuela nunca hubiese vendido ningún libro o manuscrito de Darío. La evidencia, sin embargo, indica lo contrario. Para evitar malos entendidos, quiero hacer hincapié en que de ninguna manera intento sugerir que Francisca Sánchez actuó indebidamente al vender los libros de Darío. Dudo mucho que supiera que uno de los libros contenía poemas inéditos; si lo hubiese sabido, sin duda se habría quedado con él. En cuanto a los otros libros, la mayoría fueron obsequios dedicados a Darío por sus autores.

Si Sánchez no los apreciaba, fue solamente porque nadie en esa época les diera valor alguno. El librero Medinilla, por jemplo, valoró los libros a un precio muy bajo, sin sobre precio alguno por haber pertenecido a Darío. Aún Eglantinas de Pedro Naón, del que Medinilla conocía que tenía versos manuscritos de Darío, fue valorado modestamente. Asimismo, Harvard no compró los volúmenes por el mero hecho de haber pertenecido a Darío; por el contrario, compramos sólo ejemplares que no estaban aún en los anaqueles de la Biblioteca Widener. Hoy por supuesto, tenemos una apreciación mayor del valor de tales libros, tanto en términos monetarios como en su valor intrínseco. Harvard compró 43 libros muy valiosos, pero, ¡ah! ¡Cómo habría yo querido que comprasen los restantes 23!

..... .....
 

Portada ]

Portada ] [ Rubén Darío en Harvard: Libros y Manuscritos de la Biblioteca del Poeta ] Los dos poemas desconocidos de Rubén Darío ] El Mundo elige las 100 mejores novelas en castellano del Siglo XX ] En el 25 Anviersario de la muerte de Agatha Christie (1891-1976): La Voz de la Reina del Misterio ] Mejoremos nuestro idioma: Lengua y literatura española ]

Ediciones Anteriores

Haga su búsqueda


Directora General: Licenciada  María Elsa Suárez García
Sitio web a cargo de Paúl Suárez García
Actualización Web Adonis Vallejos
SUSCRIBASE A BOLSA DE NOTICIAS
Colonia Centroamérica L#852, Managua, Nicaragua. Fax: (00 - 505) - 2-77-49-31 Teléfono: (00-505) - 2-70-05-46 Apartado Postal: VF-90, Managua.
Send mail to grupoese@tmx.com.ni with questions or comments about this web site.
Copyright © 2000 Bolsa de Noticias
Last modified: Febrero 02, 2001