Homenaje
a Christian Santos en sus 60 años
| Es para
nosotros una grata satisfacción el iniciar nuestra primera edición del Tercer Milenio
con un homenaje a la conocida poeta Christian Santos en sus 60 años. Santos, autora del
poemario Agualuna (1998) y la novela El tigre junto al río (1995), sigue escribiendo con
prodigiosa frescura y fecundidad, habiendo sido celebrada por la crítica nacional e
internacional de la cual ofrecemos algunas muestras, así como la de su más reciente
poesía. |

|
AGUALUNA
Eros y
naturaleza en la poesía de Christian Santos
Por Emilio de Armas
Este
trabajo de crítica fue leido en un Panel sobre Santos en el VII Congreso Internacional de
Literatura Centroamericana CILCA, realizado en Managua, 1999).
La poesía de Christian
Santos se recibe como una respuesta profunda y emocional del ser y en este caso, de un ser
intensamente femenino, al contacto vital con el Universo. Sin duda, esto es así, y lo es
incluso en grado sumo, pero ello no es obstáculo para que la palabra poética de
Christian Santos sea, al mismo tiempo, el vehículo expresivo de un pensamiento que gira
en torno de interrogaciones fundamentales para el ser humano, de un pensamiento que trata
de alcanzar una síntesis integradora de cuanto le rodea.
En la base de este
pensamiento está la interacción entre dos fuerzas de orden genésico: Eros y Naturaleza,
el amor que busca poseer y darse al mismo tiempo, y el Universo poblado por todas sus
criaturas, fluyendo en el tiempo y en el espacio. De esta forma, esta poesía termina por
revelarse como búsqueda y expresión del sitio que al ser humano y en este caso, preciso
es repetirlo, del ser humano mujer que es Christian Santos, le corresponde en el Universo,
como parte de ese mundo que fluye en el espacio y en el tiempo, en interacción con todas
sus criaturas.
Agualuna, el libro de
reciente publicación, en que la poetisa centroamericana ha recogido una porción
altamente representativa de su quehacer poético, se abre precisamente con un texto que se
propone esclarecer este sitio del ser en el Universo. A la manera de las cosmogonías
indígenas americanas; con las que mucho tiene que ver el pensamiento poético de
Christian Santos; la poeta inicia su discurso lírico exponiendo su versión de un
Génesis original:
"Dios creó a la
mujer/de trocitos de alga marina/ con pies de roca volcánica", afirma Christian,
para después añadir: "Esta mujer concibió en su seno / un par de seres / mujer y
hombre/ con hambre de vida" de tal modo que la pareja original no nace directamente
de las manos de Dios, sino de una mujer primigenia creada por éste. La figura de esta
mujer primigenia será fundamental en la poesía de Christian Santos, revelándose como la
Diosa Madre, fuerza generadora de toda vida en la Tierra. La primera pareja, nacida de
esta madre original, viene pues al mundo "con hambre de vida", una expresión
que resulta clave para comprender la concepción del mundo implícita en esta poesía,
realizada, ella misma, con un hambre de participación vital en el Universo que parece
responder y responde al destino esencial de la Creación.
Es por esta razón que
Eros, "el amor como plenitud que posee y se entrega en carne y espíritu" y
Naturaleza, entendido este término como todo lo que existe fuera del ser individual,
antes del ser y después del ser" se funden en la poesía de Santos como resultado
natural de aquel acto de creación protagonizado por la Diosa Madre. De este modo, el
"hambre de vida" no puede entenderse como un simple y poderoso impulso material
que anima a las criaturas en su tránsito por el Universo, sino como una fusión entre el
impulso creador original, de naturaleza esencialmente espiritual, y la encarnación de
este impulso en las criaturas: amar, darse y poseer, se convierte así en la proyección
de dicho acto original, y hombre y mujer ratifican su condición de hijos de la Diosa
Madre perpetuando el amor como fuerza creadora, tanto genésica como espiritual.
Estamos, pues, ante un
ciclo de perfecta armonía, en cuyo centro se alza la pareja humana: hombre y mujer, hijos
ambos de la Diosa Madre. De este planteamiento se desprende una concepción de la vida
universal como plenitud de la armonía, una plenitud donde el mal no tiene sitio como
fuerza equivalente al bien, sino como accidente resultante de cualquier perturbación de
la armonía. Eros y Naturaleza coinciden como resultados de un acto de creación inicial,
y se integran en un movimiento universal cuyo origen y cuya dirección es el Bien,
personificado por la voluntad creadora de la Diosa Madre, y por la voluntad amorosa que
proveniente de la Diosa, encarna y se manifiesta en todas las criaturas y, de modo
supremo, en la pareja humana integrada por la mujer y el hombre.
Que esta concepción no es
para Christian Santos una mera apoyatura literaria, sino el núcleo del cual surge su
voluntad poética, es algo que se percibe claramente en el lenguaje de la autora. Este
lenguaje, en efecto, busca y crea esa misma armonía entre Eros y Naturaleza que hemos
señalado en su pensamiento, a través de imágenes donde el impulso erótico
"expresado con tanta fuerza como delicadeza" encuentra una correspondencia
inmediata en el acontecer natural. Las flores brotan del cuerpo de la mujer como resultado
natural de la unión amorosa, de tal modo que esta unión se convierte en una
confirmación, a la vez que en una metáfora, de la creación de la pareja por la Diosa
Madre:
Al mismo tiempo, la unión
de los amantes se convierte en un acto que ratifica la armonía esencial entre el ser y el
universo, y se manifiesta, de este modo, como una expresión del Bien:
Christian Santos en el
palacio de Ayuntamiento en Alemania
La mutua posesión carnal,
una vez consumada, se prolonga en un estado espiritual en que el alma se baña de
Naturaleza, y se vierte, de este modo, sobre la Naturaleza misma, en un movimiento de
comunicación entre las criaturas. Esta comunicación se convierte así en expresión del
Bien original vertido por la Diosa Madre en la creación de la pareja, de tal modo que el
mal no será nunca, para Christian Santos, el equivalente del pecado teológico, sino la
perturbación de la armonía entre Eros y Naturaleza, la ruptura de la comunicación entre
las criaturas, que involucra tanto a las almas como a los cuerpos:
"Me persigno con tu
nombre", exclama la autora en una imagen donde el acto de persignarse, es decir, de
trazar sobre el rostro y el pecho un signo que equivale a proclamar el nombre del ser
amado, conserva, de su impulso religioso, lo que tiene de acto en que se manifiesta ese
nombre ante el Universo, para cobijarse bajo su protección.
Recordemos que el origen
etimológico de la palabra religión es >reunión, congregación, y que esta poesía
responde a una necesidad esencial de unión con todo lo que existe, desde el cuerpo del
amado hasta el silencio de los espacios siderales. Ello nos confirma el profundo impulso
religioso que anima la conjunción entre Eros y Naturaleza en el discurso lírico de
Christian Santos. Un impulso tan ajeno a formulaciones doctrinales como auténtico en su
origen y en sus manifestaciones. De este modo, la voz que canta el amor es la misma que
sabe expresar el misterio de la soledad no como pérdida de lo amado o como aislamiento
del ser, sino como un recogimiento del alma en sí misma, recogimiento desde el cual se
percibe el Universo en toda su plenitud:
"Solitaria voy/ por
el camino/ bordeado /de sauces y pinos./
En el silencio/ mi alma
recoge/ el intenso celaje/ que entre las ramas/ anuncia la penumbra/ que se avecina".
Los "sauces y
pinos" que bordean este camino integran un paisaje donde el alma comulga con la
Naturaleza en silencio y soledad. De este modo, la soledad no se convierte en el reverso
del amor, sino en un recinto donde el ser es capaz de percibirse a sí mismo y a todos los
seres en su condición de criaturas que fluyen a través del Universo, en un contrapunto
entre lo temporal y lo eterno que confirma la armonía de la creación. La "penumbra
que se avecina" en este poema no parece un símbolo convencional de adversidad o
frustración, sino la confirmación de ese recogimiento del alma en sí misma, del cual se
regresa a la vida, paradójicamente, "como de un baño de luz", para decirlo con
una frase de José Martí. Este valor comunicativo de la soledad es otro factor más de
armonía en el discurso lírico de Christian Santos; la penumbra se convierte así en
símbolo de un recinto abrigado y protector, un recinto típicamente femenino y genésico
donde el alma consuma su amor de manera absoluta: "porque estás/ en la penumbra/ de
mis sueños/donde nadie puede repetirte".
De esta penumbra donde la
mujer reina como Diosa Madre ella misma, la pareja resurge como recién creada, para
regresar al mundo y a la Naturaleza en una incesante confirmación de la armonía de toda
la creación, expresada en versos de una rotunda hermosura.
No cabría pedir mayor
fuerza y delicadeza en la expresión de esta armonía entre Eros y Naturaleza, entre la
sensorial carnalidad del alma y el espiritual impulso que anima al cuerpo. Se trata de una
transparente expresión del ser en su integridad fundamental, una integridad que, al ser
percibida y expresada, confiere a la poesía de Christian Santos resonancias
trascendentes, y un tono de sabiduría humilde y eterna, que parece venirle de voces
poéticas muy antiguas y a la vez muy cercanas, voces que se concertan para integrar una
especie de coro poético que habla a través de ella misma, en un acto de profunda
reverencia hacia la Creación.
Al bendecirse a sí mismo,
el ser bendice al Universo y se reconoce proclama en armonía con éste. ?Me he detenido
en respeto?, dice la voz poética, en expresión de quien escucha y comprende un lenguaje
universal que es el suyo propio. Este lenguaje es el que se percibe y admira en poemas que
oran a la Diosa Madre, llamándola por su nombre, con toda la fuerza y el temblor de quien
cree firmemente en la Creación, y vive por ella:
Diosa Madre Cipaltonalt/
bendecí los amaneceres de mi vida/ con el movimiento/ de las aguas en mis ojos/ para que
la fuerza de la pantera/ esté conmigo cuando bañe/ su piel con la mirada./
Otras notas se escuchan en
este libro, otros recodos se abren en sus versos. Unos y otros, sin embargo, forman parte
de esta voz integradora y amorosa, confirmándola, en su diversidad y riqueza, como una
entre las más legítimas con que cuenta actualmente la poesía centroamericana. |