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Gane o pierda, el Frente se desintegra Luis Mejía González Dicho en otras palabras,
el Frente -como lo conocemos hoy- si gana se hunde; y Véamos el primer caso, si gana el Frente. Estados Unidos congelaría toda la ayuda que ahora suministra a Nicaragua. ¿Por qué? Porque en la euforia del triunfo el Frente fortalecería sus lazos políticos con Castro, Chávez. Khadafy, Hussein y líderes chinos comunistas, lo que equivaldría a revincularse -sin declaración expresa- con todos los grupos terroristas que en la década de los 80 hicieron de Nicaragua una base más para sus actividades dilictivas y hoy están bajo presión bélica de las democracias. Estados Unidos en defensa daría por terminado el Acuerdo de Waiver por el que Nicaragua recibe alrededor de 250 millones de dólares anuales; terminaría con el Acuerdo del ESAF con el Fondo Monetario Internacional que suspendería, por su parte, los desembolsos acordados en los Grupos Consultivos convocados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), así como los negociados por cinco años en la Estrategia Reforzada de Crecimiento Económico y Reducción de Pobreza; no se lograría el punto de culminación de la Condonación de Deuda Externa; y el Gobierno americano votaría en contra de cualquier otro préstamo o ayuda a Nicaragua en el Banco Mundial y sus filiales y el BID. En suma, cero asistencia económica. Los países europeos que tradicionalmente han estado cooperando económicamente con Nicaragua tampoco ayudarían más por dos razones básicas: la recesión económica en Estados Unidos golpeará seriamente sus economías; y el compromiso con Washington de hacer causa común en la guerra contra el terrorismo internacional les impediría cualquier ayuda futura, máxime si Estados Unidos incluyera al Gobierno del Frente en la lista de estados terroristas. Sin fondos suficientes, con la producción nacional decaída, el bajo precio del café y los altos del petróleo, ¿cómo sobreviviría el Gobierno del Frente? Entraría desde el inicio de su mandato en una crisis irreversible sin posible solución. Entonces, el descontento popular pondría la primera piedra de otra posible guerra civil. Véamos ahora ¿qué pasaría si el Frente pierde? Comenzaría a desintegrarse la cúpula de poder principiando por la sustitución de Daniel Ortega perdedor en tres elecciones presidenciales consecutivas; y con él caerían los ortodoxos más duros que lo soportan actualmente. Incluso quienes fueran electos por el Frente en la Asamblea Nacional, al verse sin liderazgo, podrían aceptar las reformas a las leyes que constituyeron «el verdadero pacto» que se inició con las reformas constitucionales en 1985 y culminaron con la vigencia del Tratado Marco que sustituyó la Constitución durante el Gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. Usted decide, amable lector, su futuro y el de Nicaragua: Paz y crecimiento en democracia con Enrique Bolaños Geyer o desempleo y totalitarismo marxista-leninista con Daniel Ortega.
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