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Un cambio de Dictadura apodado Revolución Ignacio Briones
Con los actos conmemorativos del primer aniversario de La Masacre de El Chaparral, el 23 de julio de 1960, la Guardia Nacional, la Oficina de Seguridad del régimen y sus "organizaciones de masas" (léase turbas) como los Frentes Populares Somocistas, obedeciendo sin duda instrucciones de los hermanos Somoza, desataron una intensa campaña de represalias contra los militantes de la Juventud Patriótica Nicaragüense tanto en Managua como en los restantes departamentos del país. En las paredes del edificio donde estaba ubicada la "Imprenta Democrática" editora de IMPACTO, apareció esa mañana pintado un rótulo que textualmente decía "Briones Torres: el paredón es la meta tuya". La "pinta" la habían hecho, con la mirada complaciente de los policías que cuidaban el Palacio de Comunicaciones, distante a sólo 50 metros de la imprenta, los militantes de los Frente somocistas dirigidos por una célebre agitadora oficialista llamada Nicolasa Sevilla. En la Iglesia San Antonio, un sacerdote, vigoroso y noble, de nombre Luis Almendarez, guía espiritual y político de los jota pe enes, ofició una misa en memoria de los estudiantes José Rubí, Mauricio Martínez Sergio Saldaña y Erick Ramírez, asesinado un año antes. Concluido el oficio religioso los asistentes dispusieron recorrer varias calles de la capital para hacer patente su decisión de lucha contra la dictadura. Frente al Hospital del Seguro Social y en varias calles adyacentes, los manifestantes fueron cercados por numerosos efectivos de la Guardia. Por medio de un altavoz un joven oficial prometía no capturar a nadie "si todos aceptaban salir" bajo una valla de soldados que habían apostado en una bocacalle. Los pocos que aceptaron fueron prácticamente desnudos en la vía pública. Los guardias, dijeron, tenían noticias que los jóvenes andaban armados. Presumían que las muchachas las traían en sus carteras y una de ellas le registraron hasta cerca de sus partes íntimas. Este abuso indignó a no pocos de los concurrentes que se lanzaron a romper la valla, lo que consiguieron después de que muchos de ellos resultaron con rupturas en su cabeza y golpes de culatazos en todo el cuerpo. Se convocó una repitición de la marcha en horas de la tarde. Y a las cinco, frente al Parque de San Antonio, una patrulla disparó contra el joven estudiante de secundaria Oscar Romero, asesinándolo. Romero pasó a ser el quinto mártir del estudiantado durante aquellos años. Estabámos velando a Romero cuando llegaron a dar el pésame a sus padres y familiares el Ministro de Educación Dr. René Schick Gutiérrez y su Viceministro Dr. Pedro J. Quintanilla. Schick y Quintanilla se mostraban indignados por ese nuevo crimen y prometieron que hablarían con el presidente Luis Somoza para que los jefes de la patrulla asesina fueran castigados. Y lo fueron, aunque sea difícil creerlo. Dos GN serían remitidos a las cárceles de la "21" en León y un oficial fue dado de baja por "irrespetar los derechos del pueblo", a manifestarse pacíficamente. No obstante, la represión continuó, aunque no en forma masiva, sino selectivamente. Un miembro de la Seguridad (OSN) nos informó que se estaban preparando "acciones de mayor envargadura" contra los jotapenistas. Planeaban sus jefes, dijo, hacer aparecer como ahogados en el lago a determinados miembros. Esta misma "advertencia" fue recibida por varios dirigentes de la JPN, lo que aceleró la participación de sus miembros en el asalto a los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. Como se nos negó permiso de salida del país, nos asilamos en la Embajada de Venezuela. Se nos había indicado que en ese país había un fuerte grupo de exilados que participaban en el operativo que se planeaba en Diriamba y Jinotepe. El objetivo de viajar a la patria del Libertador era contactar a esos exilados y ayudarlos en las gestiones de apoyo que realizaban tanto en Caracas como en La Habana. Unos días antes de nuestra llegada se había organizado el Frente Unitario Nicaragüense (FUN) que tenía como dirigente a prominentes miembros del Partido Liberal Independiente así como a dirigentes de reconocida ideología marxista-leninista como los doctores Alejandro Bermúdez Alegría y Nicolás Arrieta Sánchez, ambos de Masaya. Meses antes de nuestra llegada a finales de Julio 60, Carlos Fonseca Amador y Silvio Mayorga habían participado en marzo en un acto organizado por la Federación de Centros Universitarios de la UCV (Universidad Central de Venezuela), y presentado un "Breve análisis de la lucha popular nicaragüense contra la dictadura de Somoza". En abril de ese mismo año se celebró también en Caracas el "Segundo Congreso Interamericano Pro Democracia y Libertad". Carlos Fonseca participó como Observador del Centro Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y Silvio Mayorga como Delegado de la Juventud Revolucionaria Nicaragüense que tenía sede en Costa Rica. También asistieron el Rector de la UNAN Dr. Mariano Fiallos Gil, Bermúdez Alegría y Nicolás Arrieta como delegados de una Unión Revolucionaria Nicaragüense-Guatemala. Carlos, Silvio y otros jóvenes exilados se trasladaron a Cuba ese año. La Habana se había transformado ya en una especie de Cuartel General de todos los opositores nicaragüenses. Nosotros llegamos a La Habana unos días antes del 11 de noviembre en que se realizó el operativo en los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. Los amigos cubanos se negaron a apoyar ese movimiento porque decían carecer de información respecto a objetivos y principios político-ideológicos del mismo. Requerían una definición clara y precisa respecto a los dirigentes "adultos" de ese operativo. Viejos compañeros de estudio nuestros que ya eran en ese entonces poderosos miembros del Gobierno Revolucionario de Cuba, nos dijeron que el Partido había entregado equipos bélicos a unos compañeros nicaragüenses que habían intentado introducirlas por Honduras, donde fueron incautadas por las autoridades de ese país. El Che Guevara nos dijo que "estaban analizando seriamente a qué sector de los opositores se podría en el futuro apoyar". Por el momento no habían tomado decisión alguna. En el entretanto los grupos exilados nicaragüenses prácticamente se devoraban entre sí para obtener esa ayuda. De ese entredevoramiento resultó la expulsión de La Habana del antiguo antisomocista, veterano de las luchas estudiantiles de 1944, Dr. Francisco Frixione, a quien los mismos nicas señalaban como "reaccionario", lo que era una falsedad de a puño. Frixione fue siempre un auténtico demócrata. Un hombre íntegro y patriota que abrazaría la doctrina social cristiana. Jamás podía haber merecido lo de "reaccionario". Pero así era la situación en el exilio de aquellos años. Continuará.
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