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Un cambio de Dictadura apodado Revolución Ignacio Briones
Prácticamente todo el país estaba en guerra contra la dictadura somocista el año 1979. Y en junio llegó el conflicto a Managua con ímpetu arrollador. El mismo que solo es posible cuando el pueblo es convocado a luchar por sus más sentidas aspiraciones. Con el título de Insurrección Popular Armada la ofensiva final anti-somocista se había iniciado el primer día de ese mes. En marzo se habían unificado las tres tendencias en que se hallaba dividido el FSLN. Para alcanzar esa unidad habían caído, es decir, habían muerto hacía meses o años Carlos Fonseca Amador, Eduardo Contreras, Carlos Roberto Huembes, Pedro Aráuz Palacio y Camilo Ortega. Cuando éstas se produjeron surgieron acusaciones no comprobadas nunca de haber sido provocadas por rivalidades en las tendencias. De esas rivalidades dejó constancia escrita Carlos Fonseca Amador y en ellas explica las razones que tuvo para expulsar del FSLN primero a Jaime Wheelock Román, jefe de la Tendencia Proletaria y a Daniel y Humberto Ortega Saavedra después, creadores de la Tendencia Insurreccional o Tercerista, quienes finalmente se hicieron del poder el 19 de julio. En Managua, previo al mes de junio, se había organizado el Movimiento Pueblo Unido (MPU) liderizado por el Secretario General del Partido Comunista, Elí Altamirano, y de cuyo secretario formaban parte Víctor Hugo Tinoco, Francisco Meza (caído posteriormente en combate), Glenda Monterrey, Julio López Campos, Marcos Valle y Pedro Ortíz por parte del efeselenismo. En el MPU formaban filas más de treinta organización populares, indicativas de la heterogeinidad de sus componentes. El denominador común que los unía eran sin duda la decisión de liberar al país del somocismo como paso ineludible para instaurar un régimen democrático. Con la participación de otras fuerzas igualmente heterógeneas como el MPU, había surgido también el Frente Patriótico Nacional orientada su organización por el MPU. Ambas organizaciones tendrían a su cargo la responsabilidad agitacional del pueblo. Para ese entonces también en la lucha antidictatorial participaba con todo el peso de su poder económico el sector empresarial. La adhesión de éstos a la Huelga General que se convocó como parte de la ofensiva, sería decisiva. De particular trascendencia en la lucha sería asimismo la participación del sindicalismo democrático representado por la Confederación de Unificación Sindical (CUS) bajo el liderazgo de Alvin Guthrie y José Espinoza Navas (Chepón). La CUS hizo posible el bloqueo internacional que terminó asifixiando a la dictadura. Mediante ese bloqueo el régimen quedó impedido de recibir más armas de la que ya tenía la GN, menguadas sensiblemente por el desgaste de la guerra. Un barco israelita cargado de equipo bélico para Somoza no llegaría jamás al país. Obra fue de la CUS y sus sindicalistas aliados en el mundo. Después de la unificación de las tres tendencias efeselenistas, surgió la Dirección Nacional Conjunta. Esta había sido acordada en una casa del Reparto Belmonte, durante una reunión en la que participaron Bayardo Arce, apodado Clemente; Carlos Núñez Téllez (Roque); Joaquín Cuadra Lacayo (Simón) y William Ramírez (Aureliano). Estos crearían también la Coordinadora efeselenista Nacional del Frente Interno. Objetivo: colocar todas las fuerzas insurreccionadas bajo su única conducción. De esta forma se garantizaba el título de vanguardia en la lucha antidictatorial. Por otra parte, a ningún otro de los grupos opositores se le ocurrió crear sus particulares grupos armados. Aunque esta instancia se discutió no fue aceptada debido a la confianza que en todos inspiraban "los muchachos". La primera "acción" a ser ejecutada por los coordinadores fue ordenar el secuestro de los periodistas Oscar Leonardo Montalván, Filadelfo Alemán y Filadelfo Martínez. Esta "acción" sería cumplida por Núñez Téllez (Roque). Joaquín Cuadra (Simón) y Mauricio Valenzuela (Emilio). Armados de ametralladores "Uzis" y enmascarados hablaron a los colegas. El secuestro solo era en definitiva la celebración de una conferencia de prensa convocada al mejor estilo conspirativo. Los convocantes se movían en la clandestinidad, método de lucha conque desde sus inicios en 1963 actuaría el efeselenismo, sin duda conscientes de los riesgos que se corren en una guerra. Contrastaban estas precauciones con el comportamiento de los periodistas anti-dictatoriales quienes desarmados y a pecho descubierto cubrían la retaguardia informativa en abierta y valiente denuncia del régimen, exhortando a través de sus noticias la movilización popular en que inevitablemente descansó la insurrección y el consecuente final de la dictadura. Respecto a la decisiva participación del pueblo que ni remotamente militaba en el FSLN, Carlos Núñez escribió en su libro "Un pueblo en armas" lo siguiente: ..."Poco a poco, con paciencia, la masas venían asimilando por conciencia propia, el significado de la guerra...y comprendían a cabalidad la necesidad de estar preparados para resistirla hasta las últimas consecuencias mediante su participación efectiva, ya fuese en las trincheras de combate, en la construcción de barricadas o en las tareas auxiliares de la atención a los combatientes...Sin desesperarse, sin temor, sin cobardía se percataban de la situación y que los combates serían decisivos para ellos...serían a ¡vencer o morir"... El sábado 9 de junio-79, la mayoría de los barrios orientales iniciaron su participación en la ofensiva final. Su accionar más relevante fue el aislamiento del resto de la ciudad del aeropuerto internacional "Las Mercedes" bautizado después "Augusto César Sandino". Los planes de los coordinadores del Frente Interno eran "sostenerse tres días en Managua a como diera lugar". La participación popular dejó atrás estos planes, superándolos. El "como diera lugar" fue rebasado y escapó del control de los coordinadores. De que esto ocurrió en el Reparto Santa Clara lugar de nuestra residencia damos testimonio. (continuará) |
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