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No hay que mentir, aconsejaba el Dr. Pedro J. Chamorro C. Koriko
Hoy 10 de Enero se cumple un aniversario más - -el XXIII-- de la caída de un hombre que mucha falta le está haciendo al país por el que luchó y hasta derramó su sangre para verlo liberado de la nefasta dictadura somocista. Nos referimos a ese valiente hombre de grandes cualidades como lo era el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, de quien ahora más que nunca lamentamos su desaparición, ya que estamos seguros que con su brillante pluma estuviera hoy señalando errores y exponiendo pautas sabias para superarlos. El Dr. Chamorro Cardenal era un profundo conocedor de nuestra política criolla. Conocía su país de punta a punta. Sabía de todos los problemas que ocurrían aquí. Era un hombre talentoso. Trabajaba a tiempo completo. No le gustaba que le mintieran. Era un caballero, digno, honrado, inclaudicable, muy buen cristiano y, sobre todo, muy humano. Recordamos una vez de un joven que llegó en una ocasión a LA PRENSA a exponer un caso al que esto escribe. Eran como las 8 y cuarto de la mañana, hora en que acostumbraba el Dr. Chamorro llegar a su oficina. Estábamos en la entrada de la puerta principal de la redacción, cuando el joven en referencia me hablaba de su caso diciendo que se le había muerto una niñita y no tenía para comprar la cajita, que si LA PRENSA podía ayudarle en algo. Esto lo oyó el Dr. Chamorro cuando pasaba por donde nosotros estábamos. Entonces el doctor me llamó y me preguntó sobre lo que había oído. Una vez que le explique bien el caso, se conmovió y luego sacó su billetera, de la cual extrajo cuatro billetes de cien córdobas cada uno, que era lo único que andaba en esos momentos, y me los entregó para que se los diera al joven. Así lo iba a hacer, cuando de pronto, el Dr. Chamorro meditó como que presentía algo de que el joven no estaba diciendo verdad, me llamó para decirme: «Vas a ir a la casa del joven para constatar si es verdad lo que ha dicho, y si es así le entregas inmediatamente el dinero». Luego llamó a uno de los redactores --en ese entonces Roberto Sánchez Ramírez, que más tarde llegó a ser Subcomandante del EPS. y quien hoy se encuentra retirado--- y le dijo que me acompañara para realizar una misión en el Barrio San Luis de esta ciudad, que era el lugar donde el joven nos había dicho que vivía y se estaba velando a la supuesta hijita suya. Una vez que llegamos al lugar donde decía el joven que residía, nos dice: «Parece que mi mujer ya se llevó el cadáver de la niña donde su mamá que vive por el Gancho de Caminos». A continuación nos dirigimos a esa otra dirección que nos dio para ver si era cierto o no que la supuesta niñita muerta estaba donde él decía, que era donde la mamá de su mujer. En resumen, resultó todo falso, no había tal niñita muerta. El joven nos confesó que eso lo había hecho porque no tenía trabajo y que necesitaba el dinero para gastarlo en las fiestas de Agosto, que en esos días estaban en su apogeo. Luego regresábamos donde el Dr. Chamorro para narrarle lo que había pasado, y entonces el Dr. Chamorro C., se disgutó y dijo: ---Ese es el problema de mentir, por qué no dijo la verdad. De todos modos le hubiéramos ayudado, pero ¿qué es lo que pasa al no decir la verdad...? Mañana en realidad va a venir otra persona con las mismas necesidades y entonces ya no le vamos a creer». El Dr. Chamorro después de haber escuchado con atención lo que había ocurrido, dio la vuelta para su Oficina a continuar escribiendo en su máquina portátil sus acostumbrados y contundentes editoriales que, con tanto interés, leía el pueblo nicaragüense. |
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