Reflexionando sobre la mujer desde la universidad
Maternidad: Símbolo cultural
“Mientras anochese pienso
en la tristeza de madres-niñas
y el ocaso que no envejece”
Blanca Guifarr.
Lo cultural
El fragmento del poema que encabeza esta exposición, por sí
sóla habla. Resalta el tema de la maternidad, que totalmente ligado
al de la feminidad y al del género femenino, arrastran una larga
historia de malas interpretaciones. A pesar de que ya vivimos un siglo
XXI y un nuevo milenio. Prevalecen, en señal de lo cultural machista
a ultranza, concepciones y actitudes sobre la maternidad, como extensión
de la forma en que se concibe a la mujer. Las féminas, se exige,
deben asumir de modo particular y correctamente, el proceso biológico
de la gestación y los cuidados posteriores que demanda el hijo o
la hija durante un período de tiempo relativamente largo. Y esto,
al plantearlo e implantarlo las costumbres (muchas veces desarrolladas
y dirigidas como ideología) lo abstraen de las condiciones socioculturales
e históricas.
Lo histórico
El sentimiento de la maternidad debe comprenderse como un fenómeno
social que se manifiesta en determinadas condiciones históricas
y no como algo natural dado, por sí mismo, de una vez y para siempre.
Porque en realidad, es en sí un complejo trabajo emocional y físico
que va más allá del hecho biológico de concebir, parir
y amamantar un hijo o hija. Con variaciones en su aceptación y práctica,
la maternidad ha sido destino y razón de ser de las mujeres desde
los hontanares de la humanidad. Y, como todo fenómeno social, dentro
del devenir histórico, ha contado con variedad de interpretaciones.
En el capitalismo, por ejemplo, cuando la producción material
pasó del ámbito familiar (la familia célula productiva
principal) al de la fábrica, la progenie dejó de ser educada
en el seno del hogar y los niños y niñas empezaron a frecuentar
las escuelas. La familia pasó a ser institución privada de
la sociedad. Con los argumentos a favor de la sobreviviencia infantil y
la disminución de los índices de mortalidad en la niñez,
se institucionalizó la función e importancia de la madre
en la casa. Así el sentimiento de la maternidad pasa a ser no sólo
valor natural sino deber exclusivo de las féminas. Pero, la relación
mujer-maternidad, no es universal ni inmutable y por lo tanto debésele
entender como producto de un contexto cultural e histórico.
Realidad latinoamericana
Los hombres y las mujeres son pares contrarios que conviven produciendo
interpretaciones simbólicas dentro de una determinada cultura. De
ahí el peligro de que a lo simbólico termine adjudicándosele
carácter natural. Por ello, aunque ya hay notorios avances en las
concepciones sobre la mujer, debido fundamentalmente a las conquistas de
grupos femeninos y mujeres que han destacado en su aporte a la sociedad,
aún se impone la cultura machista. Especialmente, en estos momentos
de capitalismo global, el neoliberalismo universaliza al individualismo
desarrollado por el mercado.
De ello, el concepto de maternidad hace referencia siempre a hechos
individuales. Por ejemplo, se dice cómo vive “su” maternidad una
mujer dada; se alude a la frustrada maternidad de “una” famosa dama. El
lenguaje religioso habla de la gloriosa maternidad de María, “una”
Virgen Madre. No puede ser de otra manera; pues no hay cabida para más
dimensión que la de la paternidad y sólo los padres son reconocidos.
Es a los hombres a quien corresponde, desde el derecho de distribuirse
a las mujeres y controlar la reproducción humana (fecundidad, fertilidad,
democracia), hasta decidir sobre investigación, distribución
y legalización de los métodos de regulación de la
natalidad, como el derecho de vida y muerte sobre los hijos e hijas (destrucción
del medio ambiente, excluir por hambre a países dominados, genocidio
hacia etnias tomadas como dependientes, guerras, etc.)
Y, como si esto fuera poco aún, la Iglesia, dirigida por hombres,
castiga el aborto condenando sólo a “la pecadora”. Se retrotraen
a la palestra histórica, concepciones supuestamente ya superadas.
Consecuentemente, las estadísticas de todos los países de
Latinoamérica muestran alarmantes datos sobre nacimientos de niños
hijos de madres menores de 20 años; muertes de mujeres debido a
complicaciones de abortos clandestinos y mal practicados; fallecimientos
de mujeres jóvenes y no jóvenes, por causas relacionadas
con la maternidad. No es casual que subyazga en estos datos la cultura
machista y patriarcal que impone la discriminadora concepción del
“instinto maternal”. Del que se manda debe cumplirse, indistintamente de
condiciones de lugar, tiempo y circunstancias particulares.
Reflexión final
La “disposición natural” del instinto materno biológico
y dado separado de lo cultural, para muchas mujeres de las sociedades patriarcales
actuales, no es más que una imposición injusta, que las anula
como personas. Es decir, como dueñas de “su” destino y con capacidad
de decisión sobre su propia vida. Por lo tanto, una investigación
de tipo feminista, sobre el tema, que pretenda ser fiel a la realidad que
investiga, nunca debe perder de vista que todos los elementos conceptuales
relacionados con la situación del género, son productos culturales
que conforman el mundo de los símbolos, determinado en última
instancia, por las condiciones materiales del sistema social en un tiempo
y lugar concretos.
Aura Violeta Aldana Saraccini
CIELAC-UPOLI
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