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Lucha de clases al interior del frentismo Roberto Zelaya Blanco Siempre he sostenido que los llamados revolucionarios frentistas no son más que una pandilla de vulgares aventureros, los que aprovechándose de las rivalidades existentes entre los bloques políticos-militares que se disputaban la hegemonía mundial y contando con la ayuda determinante del terrorismo internacional, se apoderaron al poder en Nicaragua. Utilizando la ideología marxista-leninista como instrumento legitimador de todos sus robos y crímenes, insertaron política y militarmente a Nicaragua en la comunidad de países socialistas y en el Pacto de Varsovia, medida insensata e irracional que incorporó toda la región centroamericana al infierno activo de la confrontación este-oeste. Para satisfacer los apetitos gangsteriles del sector de capitalistas y empresarios que hicieron propio el demencial Proyecto Histórico Frentista, los dirigentes de tan nefasta organización implementaron un curioso y sospechoso programa de confiscaciones selectivas, aplicable en sus comienzos-, a los miembros de la familia Somoza y sus allegados civiles y militares, pero que poco a poco se extendió a todos los que no simpatizaban con la medidas que únicamente generaban la miseria y terror generalizados. El discurso frentista de aquel entonces era revelador acerca del establecimiento y consolidación de la dictadura revolucionaria del proletariado, primera etapa de construcción de la sociedad comunista. Está en marcha un proceso dialéctico de lucha de clases como instrumento de transformación política de la sociedad nicaragüense, afirmaban los descarados dirigentes frentistas, mientras otros complementaban tales disparates con la revelación de que el frentismo desprovisto del marxismo-leninismo, perdía todo su potencial revolucionario. A medida que los frentistas hundían más en la miseria al pueblo nicaragüense, sus amorales dirigentes sostenían que la propiedad privada era un robo, por lo que todos los bienes debían estar en manos del Estado, concebido como botín cautivo de los llamados nueve comandantes de la revolución. Pero obligados a cambios de comportamiento y concesiones políticas por los efectivos contrarrevolucionarios, tuvieron su punto de inflexión a partir del 25 de febrero de 1990, cuando perdieron las elecciones de Autoridades Supremas de la República ante los candidatos de la Unión Nacional Opositora (UNO). Uno de los antiguos cómplices de los frentistas en la comisión de todos sus robos y crímenes, Sergio Ramírez Mercado, el que ahora simula disentir de la forma en que la Dirección Nacional conduce los destinos de tan nefasta organización, afirma que el día que firmaron el Protocolo de Transición, los frentistas perdieron su "inocencia", porque renegaron de sus principios revolucionarios, degenerando al nivel de delincuentes del fuero común, porque con el mayor descaro se repartieron entre sí la mayor parte de los bienes confiscados a sus legítimos propietarios, sometiéndose a rentables procesos de reciclaje político e ideológico, constituyendo la expresión de la nueva clase, sepultando para siempre los supuestos ideales y principios bajo los cuales tomaron el poder. Este análisis parte de una premisa falsa, porque ninguno de los dirigentes frentistas ni Ramírez Mercado han sido nunca revolucionarios, sino vulgares oportunistas y aventureros. Pero ahora el frentismo, el mismo que antes se presentaba como la vanguardia teórica, orgánica y política del pueblo nicaragüense, debido a que la "piñata" no alcanzó para todos los participantes en la implementación de una falsa revolución, desprovisto del marxismo leninismo, ha terminado por poner al descubierto todas las contradicciones existentes entre quienes hoy son millonarios, empresarios y grandes capitalistas y los que continúan tan pobres como antes, demostrando que los procesos dialécticos de la lucha de clases no fueron instrumento de transformación política de la sociedad nicaragüense, sino tan sólo un trampolín para que un grupo de delincuentes lombrosianos enemigos del trabajo-, se enriquecieran a expensas de los sudores y sacrificios ajenos. Lo anterior significa que los frentistas de base y cuadros intermedios de dirección política, cuestionen los privilegios de que disfrutan los llamados dirigentes históricos, lo que alimenta las disidencias internas, clara expresión de que en el seno del frentismo se inician los procesos dialécticos de la lucha de clases, pero no ya para transformar políticamente la sociedad nicaragüense, sino para desenmascarar a todos los oportunistas y falsos revolucionarios. Ojalá que estos procesos sepulten para siempre a tantos farsantes, sinvergüenzas y esbirros frentistas y que el cuerpo electoral de la Nación los repudie en las urnas votando por los candidatos del Partido Liberal Constitucionalista. |
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