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InterBolsa Centroamérica, premiada en la guerra... castigada en la paz
Esta sufrida región, de unos 34 millones de habitantes, dejó de concentrar la atención mundial desde que a principios de los noventa empezó a silenciar las armas, y salta a las primeras planas cuando, no con poca frecuencia, es azotada por un desastre natural. "Irónicamente el coraje que tuvo Centroamérica para resolver sus diferencias con el diálogo, en lugar de merecer el apoyo internacional, ha tenido una gran indiferencia. Estados Unidos, en vez de premiar esa valentía aumentando la ayuda, más bien nos castigó", declaró a la AFP el ex presidente costarricense Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz 1987. Centroamérica se convirtió en los 70 y 80 en escenario de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con guerras civiles que dejaron al menos 350.000 muertos, postración económica y secuelas que de cuando en cuando causan sobresaltos en sus frágiles democracias. Estados Unidos invirtió más de 4.100 millones de dólares en ayuda militar y económica para El Salvador entre 1980 y 1992, durante el conflicto contra el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional Fmln, según la embajada norteamericana en este país. En Honduras, base de operaciones del ejército estadounidense y campo de entrenamiento de la guerrilla "contra" que intentaba derrocar en los años 80 a los sandinistas en Nicaragua, la ayuda de Estados Unidos llegó a los 2.500 millones de dólares en esa década. Sólo en 1988, Washington dio a Honduras 330 millones de dólares, pero esa ayuda se fue reduciendo hasta caer a los 23 millones diez años después. En tanto, el gobierno sandinista invirtió millones en armamento suministrado por el bloque socialista para combatir a la "contra", y la deuda externa de Nicaragua llegó a los 11.000 millones de dólares. Con su frontera norte sirviendo de base de operaciones para la guerrilla antisandinista, Costa Rica, que se proclamaba neutral, recibía entre 1982 y 1986 un millón de dólares diarios de Estados Unidos. "Estados Unidos no tenía ninguna intención de invertir en la seguridad humana de Centroamérica. Cuando desapareció el interés estratégico en la región, no se reemplazó con un interés en levantar lo que la guerra había destruido", afirmó recientemente Arias, gestor del plan que pacificó el istmo. Tras la firma de acuerdos de paz en Nicaragua en 1990, El Salvador 1992 y Guatemala 1996, los centroamericanos emprendieron el reto de levantar sus deprimidas economías, supeditar el poder militar al civil, afianzar la democracia y reducir las desigualdades sociales, germen de las guerras. No obstante, los gobiernos del istmo se quejan de que Estados Unidos se desentendió y quedaron prácticamente solos en esa tarea. Como muestra, de los 2.478,7 millones de dólares necesarios para financiar los acuerdos de paz de El Salvador, el Estado aportó un 68% y la comunidad internacional sólo un 32%. La región ingresa al nuevo milenio arrastrando graves problemas de delincuencia, corrupcción, narcotráfico, impunidad, caciquismo y ancestrales diferendos límitrofes. Más del 60% de los centroamericanos vive en la pobreza, casi un tercio no tiene acceso a agua potable y un 32% a servicios de salud, uno de cada cuatro menores sufre desnutrición crónica, un millón de niños entre 7 y 12 años no va a la escuela primaria y dos millones no son matriculados en secundaria. "La guerra no ha terminado para la niñez en Centroamérica, sólo ha cambiado de forma. Cuando están en las calles, lo que mata a los niños es nuestra propia indiferencia", sostiene el director regional de la humanitaria Casa Alianza, Bruce Harris. Guatemala, Nicaragua y Honduras figuran, junto a Haití y Bolivia, entre los países más pobres de América, según el informe 2000 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. "Después de la ansiada paz, los resultados que se esperaban en lo económico no se han producido. No sólo ha aumentado el número de personas socialmente excluidas, sino que se ha profundizado su vulnerabilidad", según Alejandra Bonilla, de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica. Para colmo, Centroamérica es con frecuencia azotada por desastres naturales, como el huracán Mitch en 1998, que aumentaron la pobreza y los problemas sociales. Los centroamericanos viven ahora, en tiempos de paz, un clima de zozobra por una ola de delincuencia: pandillas juveniles controlan barrios enteros, más de dos millones de armas -antes usadas en las guerras- están en poder de civiles y en lo que va del año se han perpetrado unos 180 secuestros. San Salvador y Ciudad de Guatemala son de las ciudades más violentas de América Latina, tras Cali y Medellín (Colombia), y los linchamientos se han vuelto comunes en pueblos guatemaltecos que toman la justicia en sus manos, alegando que en el país prevalece la impunidad. A propósito, hace dos años y medio que está impune el asesinato del obispo Juan Gerardi, que conmocionó a Guatemala y a la comunidad internacional y en el que presuntamente estarían implicados militares. Las débiles democracias del istmo son también sacudidas por actos de corrupción gubernamental y la deslegitimación de procesos electorales con un fuerte abstencionismo e incluso, en algunas países, con irregularidades. Mordaz, el escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, se lamenta que se hayan pasado por alto anomalías en los comicios municipales del 6 de noviembre: "Las elecciones en Nicaragua acaban de transcurrir en una especie de vacío aséptico que se ha creado en el mundo respecto a mi otrora famoso país". |
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