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En San Juan de Oriente persiste un trabajo poco estimulado El arte milenario de trabajar el barro Erick Ocón
Desde tiempos remotos el barro ha formado parte las sociedades humanas. Los primeros habitantes de América, utilizaban este material para hacer sus vasijas, incluso se han encontrado tumbas o ático hechos de barro. En el tiempo de las colonias los españoles hacían sus casas con adobe o ladrillos de barro. En la actualidad aun podemos ver hogares de adobe, de ladrillos de barros, la razón son económicos, frescos y le dan un tono más acogedor. Es más en los sepelios encomiendan los cuerpos sin vida al polvo porque del polvo venimos. Es precisamente del barro, que los habitantes de San Juan de Oriente, en el Departamento de Masaya obtienen el sustento diario de sus familias. Así es el trabajar con barro es una arte casi milenario y muy poco estimulado. Hacer artesanías no solo es venir y tomar barro para hacer una vasija, sino la armonía entre el arte, las tradiciones, colores y la necesidad de subsistir. En el Municipio de San Juan de Oriente, ya famosa internacionalmente por el acabado de sus artesanías, la mayoría de los pobladores trabajan el barro. Este oficio es heredado de generación en Generación. Los padres a sus hijos y a su vez estos también a sus hijos, así sucesivamente. Son manos virtuosas que labran el barro, manos que se han forjado con el trabajo quienes le dan vida a este material de la tierra que pocos aprecian. Hacer una pieza trabajo duro Para hacer una pieza de barro, antes que nada se debe llevar en la sangre el poder de crear y dar vida a algo que parece muerto. No cualquiera puede lograr hacer una verdadera obra de arte en acabado. Para lograr la gracia y armonía entre la belleza y el barro se debe tener un don y este les sobra a los pobladores de los pueblos blancos de Nicaragua. El no tiene no más de 20 años pero la gracia y facilidad con que trabaja el barro hace pensar que tiene toda una vida de experiencia. Léster Pérez, es joven de este municipio que heredó el talento sus tíos. El barro va amoldando se confunde con el color de su piel y el sudor de su cuerpo. Es más el sudor del que queda como esencia en cada una de las piezas que hace.
Una vez hecha la pieza se baña en engobe, que es un material que le da un color blanco a la pieza, luego liga con un ligador de tracatraca, para luego ser bañada con óxido de zinc para darle color blanco. Una vez la pieza se vuelve a ligar y luego se pasa al procedimiento de la pintura. Una vez pintada la pieza se mete a un horno de presión a quemar. Después de este proceso esta lista para exhibirse o para comercializarse. Todo este proceso dilata al menos 3 días. Los precios de las piezas si bien es cierto son un poco altos, son justificables tomando en cuenta el tiempo que se invierte en el trabajo y la cantidad de dinero que se utiliza para las pinturas, leña del horno y otras mecanismos utilizados. Estas piezas debido a su fama son solicitadas por turistas que pasan por el país y quedan encantados con el trabajo que se les presenta. También son muy demandados por nicaragüenses que gustan del arte del barro. Los precios oscilan entre 20 y 80 dólares cada pieza según el tamaño y el acabado de esta. Naturaleza les hizo una mala jugada El pasado mes de julio los habitantes de este municipio no lo podrán olvidar. La naturaleza que les da su material de trabajo, se volvió contra ellos. Los terremotos de ese mes terminaron con años de esfuerzo, trabajo y sacrificios. Con el terremoto los hornos donde cocen las piezas de barro se cayeron y las piezas que ya estaban hechas, incluso comercializar se rompieron. Para reconstruir los hornos se necesitaban más de 1000 córdobas, dinero que con los sismos era muy difícil de conseguir para estos artesanos. Es más algunos de los trabajadores del barro no han podido reconstruir su principal fuente de empleo o como ellos lo llaman su machete de trabajo. Hasta el momento solo han recibido apoyo de el INPYME que con algunas ferias y otras actividades promueven y dan en cierta manera publicidad para que esta labor sea más conocida. Definitivamente, los habitantes de estos pueblos del Oriente han demostrado que están hecho de temple de hierro, la naturaleza le hizo una mala jugada, la situación económica no les favorece, el apoyo que reciben es poco, pero aún así se levantan y siguen con el trabajo que les da el sustento y la satisfacción de reflejar su arte. Si alguna vez pasa por San Juan de Oriente, no olvide visitar las casas donde se trabaja estas artesanías, orgullo de nuestra tierra. |
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