Edición Lunes 04 de Diciembre del 2000-ED. N° 2,524 Año XXVI

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La situación volcánica en Nicaragua/ INETER puesto de observación. 2000

 

El círculo vicioso de nuestra Historia

Ignacio Briones

I

Nacho.jpg (2018 bytes)El mayor esfuerzo editorial realizado hasta hoy para documentar el elemento o causales más negativos de la historia nacional, lo realizó el Instituto de Investigaciones y Acción Social Martin Luther King de la Universidad Politécnica (UPOLI) en 1997. Es el libro «Historia y Violencia en Nicaragua», compendio del juicio y criterio de 28 compatriotas ilustres que sin duda forman parte de lo más elevado del pensamiento nicaragüense existente actualmente en el país.

Y la publicación más trascendente para guiar los nuevos rumbos que se iniciaron en 1990 es el libro «En Busca de Una Democracia», dado a conocer en 1994 como parte del Programa de Educación Para la Democracia, MED-AFT.

En «Historia y Violencia» se confirma la trágica dicotomía existente entre el pensamiento nicaragüense y el hecho nicaragüense que se manifestó desde los primeros años posteriores a la Independencia y se ha prolongado hasta nuestros días. «En busca de una Democracia» puede encontrarse, o se encuentra mejor dicho, la única clave posible para superar todos los males del pasado, o lo que es igual para que todos los que hemos nacido y vivimos en esta tierra sin excepción aprendamos a convivir en una sociedad democrática.

Lamentablemente estas dos obras maestras en tanto pueden servir de guías para llegar a construir la Nicaragua que sucesivas generaciones hemos venido soñando, no logran llegar al gran público y su valioso mensaje se queda en el reducido círculo de lectores que pueden considerarse como privilegiados.

La única forma a través de la cual podrían tener la difusión que ameritan sería que de nuestros medios de comunicación, especialmente los escritos, les destinaran espacio de la misma manera que lo hacen con suplementos tipo «Pokemón» o para divulgar intrascendentes actividades de la farándula internacional.

Dicho de otra manera que se dispusieran a utilizar sus páginas en una pedagogía cívica que de manera permanente estuviera ilustrando a la ciudadanía hasta arraigar en ella el modo de ser y actuar, y también de exigir el cumplimiento en la práctica de los beneficios de la Democracia.

El día que nuestros medios hagan esto, no solo estarían dando cumplimiento a una de sus responsabilidades sociales, sino cubriendo una necesidad nacional perceptible desde cualquier punto de vista que se le mire.

Atendiendo o respondiendo a esta necesidad, no sólo de Nicaragua sino de la sociedad humana en general, en diversas Asambleas las Naciones Unidas han indicado que en el mundo de hoy la formación intelectual y profesional de las personas no se agota con los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias (las y los que logran llegar a ellas) sino que se prolonga prácticamente por resto de la vida.

La ONU define esta necesidad como «educación permanente» y señala precisamente a los medios de comunicación como los más indicados para llevarla a cabo.

II

La historia nacional ha sido desde siempre una historia circular. Que da vueltas sin poder avanzar. Esto es perfectamente comprobable con solo leer cada una de las etapas de nuestra vida republicana. Gobierno tras gobierno.

Durante el período de los 30 años conservadores (1857-1893) se sentaron algunas bases augurales indicativas de futuros ascensos en el proceso formativo del país. Jorge Eduardo Arellano y otros autores coinciden en reconocer que en ese período se crearon las condiciones que permitieron la Revolución Liberal que encabezó el general José Santos Zelaya (1893-1906) y que tuvo como máxima realización modernizar al país adecuándolo a los nuevos tiempos y a los imperativos de la modernidad de finales del Siglo XIX y comienzos del XX.

Desde esta perspectiva, los conservadores que iniciaron la lucha armada contra el gobierno de don Roberto Sacasa en 1892-93, habrían cumplido, independientemente de las ambiciones personales que pudieron haberlos motivados, un papel positivo en tanto la bandera que esgrimieron fue la defensa de la alternabilidad en el poder, que en su criterio el señor Sacasa había burlado.

Sabemos también que fueron personajes conservadores los que buscaron y obtuvieron el apoyo de Washington (1905-1906) para hacer fracasar la Revolución Liberal mediante el derrocamiento del Gobierno Zelaya. Y sabemos asimismo que cuanto obtuvieron -desde el punto de vista nacional- fue convertir el país en poco menos que un protectorado norteamericano hecho a la medida de los banqueros de Nueva York.

Tampoco se ignora que desde 1907-08, a los liberales se les negó el derecho de participar en política mediante los Pactos Dawson, arbitraria disposición antidemocrática que al final produjo la Guerra Constitucionalista y las posterior victoria electoral del general José María Moncada.

De estos hechos, a nuestro juicio, arrancan los sinsabores en que todavía nos encontramos.

III

Liberales y conservadores llegarán después a convertir en dogma el bipartidismo (Pacto de 1948, 1950, 1957, 1971, etc.) que culminaron hasta 1979 año éste en que actuó el último sector «zancudo» del conservatismo bajo el somocismo.

Utilizando como argumento la supuesta conveniencia nacional de evitar que al país llegaran «ideas exóticas», léase social-cristianismo, social democracia, socialismo entronizaron el bipartidismo hasta que se rompió precisamente en el 79.

Este último año, el FSLN prohijó un pluralismo político ad-hoc, conformado a la medida de su proyecto centralizador y concentrador del poder. El Consejo de Estado y la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, así como el Frente Patriótico de ese entonces, no fueron otra cosa que organismos-pantalla del poder efeselenista.

La relación, basada en hechos concretos, podría continuarse hasta el infinito; pero lo que interesa destacar aquí es la permanencia del círculo vicioso de nuestra política que se define o puede definirse en lo sustantivo como una lucha de poder que algunos expresan como la política de «quitate vos para subirme yo».

En términos de historia, los grupos interesados en alcanzar el poder han actuado durante toda la vida republicana como críticos implacables de la administración que aspiran sustituir, y una vez logrado su objetivo repiten o aumentan los vicios que criticaban desde posiciones opositoras.

El Dr. Santiago Argüello definió esta viciosa práctica que en nada, nunca, favoreció a las mayorías poblacionales, como una «ambición que manda y otra ambición que quiere mandar». Y en esta lucha ha estado siempre presente la violencia, desde la que se expresa en la tinta de imprenta o en las ondas hertzianas o en las pantallas chicas de la TV, hasta la mortal de los fusiles. Nunca será exagerado decir que la lucha entre políticos nicaragüenses ha sido escrita con la sangre del pueblo. Y que esa ha sido la mayor desgracia para Nicaragua.

IV

Estamos a las puertas de un nuevo Siglo y un nuevo Milenio. Una mirada retrospectiva a la historia nacional (que se puede identificar plenamente en «Historia y Violencia») permite identificar también el triste legado dejado por las luchas partidarias que en lo esencial (excepto la Revolución del 93) poco o nada han tenido de principistas o ideológicas profundas, es decir realmente transformadoras. Ha sido una lucha de hombres por el poder, y quien no lo mire así corre el riesgo de enredarse en la maraña de discursos y rimbombantes promesas inclumplidas.

Seguramente el más flagrante engaño perpetrado a la fe y las esperanzas del pueblo o la sociedad nicaragüense, tuvo efecto en 1979 cuando evidentemente se dio una unidad nacional que pudo, de no haber sido por la embriaguez de poder que se apoderó del FSLN, poner fin a todo el pasado de miserias humanas que se venía dando y de las que sería portaestandarte el somocismo y el zancudismo.

No obstante ese período que con frecuencia se denomina indistintamente «la noche oscura» o «década perdida», hace diez años se abrieron para Nicaragua nuevos horizontes. Si observamos con ojos de Patria este presente del que deben derivarse todos los futuros, cada grupo activo hoy se atribuye ser el factor decisivo para el inicio de la era democrática que hemos empezado a vivir.

Todos conocemos por qué ocurrieron las elecciones de 1990 y sus resultados favorables para restituir, o empezar a andar, el camino burlado en el 79. Y entre inexperiencias, lastres tradicionales y viejos estilos que la propia dinámica social deberá ir superando, avanzamos. Para desbrozar este camino hasta convertirlo en una especie de autopista hacia la Democracia real, hace falta que nuestros medios de comunicación adecuen su conducta a estos nuevos tiempos.

Lo primero que deben hacer nuestros periodistas es consultar la propia honestidad y actuar en consecuencia. Para poder invocar autoridad moral y exigir a los otros igual comportamiento.

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Last modified: December 04, 2000