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Transnacionales más poderosas que nunca Eduardo Tamayo G.
Según el "Informe sobre las inversiones en el mundo 2000" de la UNCTAD 63.000 ETN con sus 690.000 filiales están presentes en todo el planeta. Pero el motor principal lo son las industrias eléctrica y electrónicas, las automotrices, las petroleras y las de productos químicos y farmacéuticos ubicadas en los países desarrollados, cuyas ventas rondan los 2 billones de dólares y emplean 6 millones de personas. Sólo Petróleos de Venezuela figura entre las 100 primeras. Las ventas de sus filiales duplican el total de las exportaciones mundiales y su PB asociado es más o menos la décima parte del PBI mundial. En muchos casos sus ventas son superiores a los PBI de algunos estados como Dinamarca y el de la Exxon-Mobil supera al de Austria. Las 23 ETN más poderosas venden, según Ignacio Ramonet más que lo que exportan Brasil, India, Indonesia o México. Han coadyuvado a este desarrollo las tecnologías informáticas, la desregulación del comercio y las privatizaciones, sobre la base de las reformas legislativas nacionales y los bloques y tratados comerciales bilaterales. Las ETN en desenfrenada competencia no cesan de fusionarse y de trans-nacionalizarse, omitiendo realizar nuevas inversiones y adquiriendo nuevos activos con menores riesgos. Sus objetivos son obtener las mayores ganancias en el menor plazo posible, maximizando la eficacia y reduciendo la cantidad de trabajadores. Las fusiones combinan los activos y las operaciones de dos empresas bajo un solo control mientras que en las adquisiciones transfronterizas estos se transfieren a otra empresa extranjera, convirtiéndose la primera, ya fuere estatal o privada, en filial de la segunda. Las mayores operaciones se efectúan en países desarrollados pero en América Latina se realizaron en 1999 en gran parte por transnacionales europeas, operaciones de adquisición y de fusión por un valor de 37.000 millones de dólares, especialmente en Argentina y Brasil y en menor medida en Chile, siendo los sectores más apetecidos los servicios públicos, el sector financiero, los productos del petróleo, el transporte, almacenamiento y comunicaciones. Las consecuencias son: - que estas operaciones no aumentan la capacidad productiva de un país sino la simple transferencia de propiedad y control a manos extranjeras acompañadas por despidos de personal y transferencia de divisas al exterior. - Las empresas adquirentes constituyen oligopolios que pueden dominar el mercado interno y controlar empresas estratégicas: bancos, comunicaciones, energía. - Sus objetivos comerciales no coinciden necesariamente con los de las economías huéspedes. - La compra de medios de comunicación o de actividades de esparcimiento constituyen amenazas para la cultura y la identidad nacional La transferencia de la propiedad nacional a manos extranjeras socava la soberanía y puede considerarse una recolonización cuyas consecuencias son el debilitamiento del empresariado nacional y la pérdida de control del desarrollo económico. Esto es más grave aún cuando las adquisiciones se hacen a muy bajo precio. |
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