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Necesitamos indicadores prudenciales preventivos y no curativos: La crisis del Sistema Financiero en Nicaragua Róger A. Cerda La banca tiene dos funciones fundamentales: ser un agente activo en la generación del crecimiento económico y colaborar en la función de democratizar el capital, permitiendo el acceso al capital a aquellas personas o regiones que crecen de recurso pero tienen iniciativas y voluntad de trabajo. La aprobación de una licencia bancaria debería depender de cómo sus dueños piensan cumplir con tales funciones, minimizando el riesgo de sus clientes. El público exige de la banca seguridad en sus colocaciones, un servicio eficiente en el manejo operativo de sus fondos y, eventualmente, algún crédito de consumo. Casi nada más. El Gobierno de Nicaragua debe tomar en lo inmediato medidas financieras para fortalecer la banca y el sistema financiero nacional y evitar una debacle monetaria. A nadie se le debe ocurrir cometer locuras como lo hizo en México López Portillo, en Brasil Collor de Melo, en Ecuador Mahuad, etc., como sería congelar los fondos de los ahorrantes. Esto sólo desastres trajo en esos países. Nicaragua debe explorar maneras más económicas, creativas, seguras y viables y, menos riesgosas, para mejorar la supervisión, para que la banca pueda contribuir a reactivar la economía de una manera más efectiva. Para ello es necesario cuestionar y complementar las reglas de Basilea, con normativas bancarias más apropiadas para países en vías de desarrollo como el nuestro. Estas reglas fueron desarrolladas para ambientes de estabilidad macroeconómica que al transplantarse a países inestables, insolventes, con inflación y volatilidad cambiaria, muchas veces se vuelven inoperantes e incluso contraproducentes. Habría que realizar otro tipo de análisis a los bancos, que vayan en un sentido más preventivo que curativo. Sólo tenemos indicadores ex post, que nos dicen «de qué se murió el muerto» y no cómo prescribirle un régimen adecuado para una vida saludable y fructífera para los clientes y para el país. Esto caracteriza, además de la Superintendencia de Bancos, a todo el sistema regulatorio del país, pues igual sucede con la Contraloría y otros entes que casi no existen. Mientras esto siga así, sólo conoceremos autopsias y no diagnósticos. Asimismo, es cuestionable el hecho de que en un país que necesita salir de la pobreza, generar empleos productivos y, por lo tanto, préstamos con fines productivos, sus normativas financieras estén orientadas a restringir el efectivo y a promover el otorgamiento de créditos al consumo. Al contemplar la contracción económica que reina hoy en algunos países de América Latina, como México, El Salvador, Ecuador; Colombia, entre otros, uno podría preguntarse si esos países no se equivocaron al hacer que sus banqueros prófugos, pero impunes, buscasen refugio en otros países, donde gastan su dinero. ¿Hubiera sido preferible haberlos obligado a desarrollar grandes proyectos de inversión en sus propios países? En fin, necesitamos indicadores distintos, que prevean y no que lamenten. La «crisis asiática», cuyos efectos aún padecemos fue y es, en última instancia, una crisis bancaria. Por ello es que, precisamente, la agenda internacional es para la prevención, hacia la construcción de macro-indicadores prudenciales. Esta combinación de riesgo y desarrollo requiere mucho esfuerzo, capacidad y honestidad. Contrariamente y bajo condiciones muy diferentes, el maestro de Harvard, John Kenneth Galbraith, escribió en «Dinero, su Origen y Destino» (1975), que una razón para que en el siglo pasado se desarrollara al oeste de Estados Unidos, fue la existencia de una banca agresiva y poco regulada, que frecuentemente quebraba, causando grandes pérdidas a depositantes, pero su política crediticia ágil y flexible, produjo desarrollo. A menor grado de regulaciones bancarias mayor sería la democratización del capital, según Galbraith. Pero, qué lecciones podemos anticipar hoy, para Nicaragua?
Aún con todo el respaldo del Fondo Monetario Internacional, sin fondos frescos adicionales ORIGINADOS EN PRODUCCION NUEVA Y EXPORTABLE no se podrá mantener la estabilidad monetaria ni desarrollar la economía. Por eso manifesté en 1998 que era incorrecto detener el ritmo del deslizamiento de la moneda nacional respecto al dólar, la moneda más fuerte del mundo. Toda devaluación será más dolorosa entonces. De por si, ya hay una devaluación diaria, con el deslizamiento; pero también devaluamos al poner a circular córdobas respaldados con bonos de prenda garantizados con cascarilla de arroz que no vale nada, medida equivalente a emisiones Inorgánicas del Banco Central. En fin, en un país como Nicaragua, donde se debe once veces lo que se exporta y cuatro veces lo que se produce en un año, hay que crear razones financieras útiles para prevenir desastres. *Conferencia pronunciada en un foro centroamericano de inversión |
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