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El Triunfo Etico de Wilfredo Navarro Ignacio Briones
La Historia de Nicaragua ofrece a quienes la han estudiado y a todos cuantos quieran estudiarla, múltiples ejemplos de que en política el hecho de ganar una elección no significa que el elegido haya sido el mejor de todos los otros que le hubieran disputado el voto de los electores. Son muchas y muy variadas las causas y motivaciones que intervienen para que finalmente el votante se incline por uno u otro candidato. Por lo general funciona más la emoción que la razón y por eso ha podido verse con frecuencia que los electores pueden incurrir en irremediables errores de los que más tarde se lamentan. Posiblemente de esos errores surgió la dura sentencia de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Los que votamos por la fórmula Navarro-Fiallos para Alcalde y Vicealcalde de Managua aceptamos los resultados de las elecciones del pasado 5; pero reafirmamos nuestra convicción de que esta fórmula constituía la mejor oferta de estos históricos comicios. Y nos remitimos al fallo decisivo del tiempo para su confirmación. Por lo menos en lo que a mí respecta la decisión de votar en la Casilla número uno, tomada a partir de la nominación de Wilfredo, estuvo antecedida por el conocimiento directo y personal que tengo del candidato PLC, así como un severo análisis de su trayectoria como ciudadano y como político comparada con la de los otros contendientes. Wilfredo es, en lo sustantivo, un legítimo exponente del hombre nicaragüense con todas las virtudes que esto implica o conlleva. Y un managua nimbado por una tradición familiar de servicios prestados a la ciudad y a sus habitantes. Un hijo del pueblo forjado en la lucha que desde los más tiernos años nos vemos involucrados a superar las propias carencias para alcanzar, a base de honestidad, trabajo, esfuerzos y sacrificios el lugar que otros adquieren por herencia o a través de caminos tortuosos, en lo general reñidos con lo moral y lo ético. De haber reparado los electores del 5 en estas cualidades que se corresponden en un todo con las mismas que sabemos poseen los managuas que se ganan el pan con decencia y apego a los valores que honran una familia y constituyen la mejor herencia que se puede legar a los hijos, estoy cierto que ni un solo elector se hubiera dejado arrastrar ni por la demagogia ni por el ilusionismo de promesas imposibles de cumplirse. Desde esta perspectiva el haber de Navarro, su mayor riqueza como ser humano y como hombre público se encuentra en el comportamiento de toda su vida, desde cuando nació y creció en un barrio periférico de nuestra capital en el seno de una familia sencilla, honrada y laboriosa hasta que llegó a los altos cargos que ha ocupado. Vida de estudio y trabajo. De admirativos propósitos de superación intelectual y profesional y de dedicación a hacer el bien a sus semejantes y honrar la Patria. La natural inteligencia cultivada en las aulas, desde los primeros grados primarios hasta las más altas calificaciones y los post-grados universitarios. Un joven que va a la Universidad a estudiar Derecho para con la Ley servir, no a los poderosos sino a los humildes. Que interpreta esa Ley en el difícil equilibrio de los justo. Lo ví actuar como Ministro del Trabajo y por siempre rendiré testimonio de su cabal comprensión de los derechos y deberes que rigen las relaciones entre empleadores y trabajadores, clave de la armonía social en una sociedad democrática como la que hemos empezado a vivir en Nicaragua. Como candidato a Alcalde, Wilfredo no llegó a los humildes barrios capitalinos a informarse cómo viven nuestros pobres. Esto lo supo siempre desde su personal experiencia. Fue a encontrarse con personas como él, a dialogar entre iguales, a actualizar las necesidades de sus coterráneos, poseídos de la convicción de encontrarles solución, disposición que ha venido demostrando desde antes de su postulación e incluso de su cargo ministerial. Lo he visto constantemente resolviéndoles urgencias de trabajo a padres y madres desempleados. A madres solteras o abandonadas urgidas de atender a sus vástagos. A jóvenes ansiosos de estudiar; pero con los horizontes cerrados por las injusticias económicas prevalecientes. Y a adultos mayores golpeados por la vejez y la pobreza. En Wilfredo anda un humanista en el más estricto y cumplido significado del término. Quiero decir con disposición a servir al prójimo sin tener que hacerlo desde un cargo público, municipal o no. Como su corazón está abierto, me dijo una vez una señora, tiene abiertos también sus bolsillos para ser útil. La fórmula que encabezó Wilfredo, repito, fue la mejor que se podía ofertar a los managua. Y si no ganó el cargo para el que postulado ganó la indisputada excelencia de lo ético ya la resonancia de su honestidad adquirió dimensiones nacionales, para orgullo de los suyos y de quienes le dimos nuestro voto. De ninguno de los otros contendientes se puede decir lo mismo. Fue otra cosa lo que ha quedado escrito en las páginas de los periódicos y lo que se oyó en las radios, así como en las pantallas de la televisión. Desde aquel debate en "Esta Semana" del Canal 2 cuando dos de esos aspirantes se ensarzaron en una virulenta, agria y recírprocas acusaciones denigratorias impropias de líderes que se respeten. Al respecto Wilfredo redactó un Código de Etica desde el comienzo mismo de su nominación. Un Código que transutaba su personal moral. Me están tirando a matar, se vió precisado a declarar Lewites ante las constantes informaciones de tráfico de influencia y abusos económicos hechos públicos en "La Prensa", incluído el "affaire" de los 7 y tantos millones de dólares obtenidos como préstamo en el Banco Central a nombre de Inturismo y que según afirman los responsables actuales de esa institución nunca llegaron a sus arcas. De otro de los candidatos, el ciudadano tipitapeño Ignacio Ramírez clamó en varias estaciones radiales señalándolo como despojador de tierras de humildes precaristas. Este señalamiento jamás fue acogido en los periódicos que le fueron afines a ese candidato. De Wilfredo o contra él, jamás salió una sola acusación de esta índole. Y no salió porque jamás se ha visto envuelto en ese tipo de acciones. Su hoja de servicio es limpia, nítida y transparente. Y bien sabemos que no faltaron gentes, colegas incluídos, que hurgaron una y otra vez en su vida privada y pública. De estos comicios municipales del 5 pueden extraerse varias lecciones. La primera sería el efecto positivo que está teniendo en la población la pedagogía democrática del voto. Si bien es cierto que muchos y muchas ciudadanos y ciudadanas se quedaron sin votar, esto se debió a las notorias deficiencias que a todas luces emanaron desde la cúpula del Consejo Supremo Electoral. Descuido de algunos magistrados respecto a las tácticas que usarían otros bajo el imperativo de la consigna que estas elecciones eran para ellos una Operación Patria o Muerte. En una de sus fases, la Operación consistió en apostar en las Juntas Receptoras de Votos personas (comandos les dijeron) encargadas de mandar a los votantes a otros lugares distantes de donde los correspondía votar. Esto le ocurrió a un conocido y estimable sacerdote a quien se le quiso aplicar la Operación y él pudo percibirla no permitiendo caer en la trampa. Esas pesonas, con habilidad aprendida, lograban de premio informarse sobre las preferencias del o la votante. La segunda lección se manifestó -a nivel nacional- en la reducción de las JRV. Esta reducción fue fatal para el resultado final de los votos en las zonas rurales. Por qué se decidió la reducción solo los Magistrados poderían explicarlo, determinando de previo cual sector de la CSE la propuso. La tercera; pero no la última, es que a medida que vaya prendiendo la pedagogía democrática, se debe ser más cauteloso de cara a triquiñuelas o métodos con los que se podría desvirtuar la voluntad popular. O sea que se debe agotar el estudio y análisis de todas esas triquiñuelas que uno o más partidos podrían practicar en la lucha electoral. Lo que se juega es nada más y nada menos que el poder. La verdadera batalla se sitúa entre la democracia y el totalitarismo. |
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