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Una semana en Nicaragua Reflexiones desde California Raúl Valdivia Estuve en mi querida patria Nicaragua por una semana después de siete años de ausencia. Para qué lo voy a negar, casi el mismo día que llegué me quería regresar a California. Luego de platicar con algunos amigos y parientes, por supuesto, me reanimé y pensé que iba a disfrutar la semana. Lo primero que me preguntaron algunos amigos es que si llegaba a Nicaragua por motivo de las votaciones. Realmente fue circunstancial el que haya llegado precisamente la semana de las elecciones. Viajé con mi mamá desde San Francisco y el propósito era visitar a mi papá en Estelí, a quien no había visto por un poco más de tres años. El tema político en Nicaragua es permanente, en la mañana, a mediodía y en la noche. Es permanente entre los que tienen, los que medio tienen y los que carecen de lo más indispensable. En la política y particularmente en ser parte del gobierno todos por igual cifran sus más preciadas esperanzas, para tener más, para conservar lo que medio se tiene y para obtener aunque sea un poquito por parte de aquellos que de todo lo carecen. El futuro de Nicaragua es percibido de manera desigual de acuerdo a la situación socio-económica de la persona que emite su opinión. El que tiene ve el futuro de Nicaragua de manera muy optimista, por analogía pronostica el estado del tiempo como un cielo despejado, temperatura fresca y no vislumbra en el horizonte cambios repentinos o negativos en el estado del tiempo. El que medio tiene, visualiza nubarrones en el horizonte, cambios en la temperatura y quizás algunos movimientos telúricos. El que no tiene, el cielo lo ve nublado, temperaturas extremas, terremotos de 7.0 en la escala de Richter e incertidumbre de cómo va a ser el estado del tiempo apenas dos días después. Sus pronósticos no alcanzan más allá del siguiente día, al igual que su presupuesto familiar. Nuestra incipiente democracia sólo cuenta con dos partidos y en mi opinión requiere de tres para que funcione apropiadamente. Me refiero al partido de los que tiene y al partido de los no tiene. Se requiere fortalecer el partido de los que medio tiene. Este es el partido clave en los países desarrollados, como los Estados Unidos. Me refiero a la clase media, de la cual carecemos, no sólo en Nicaragua, sino en la mayoría de países de América Latina. Su carencia es la que refleja la frustración por ejemplo de Venezuela y es lo que permite al acceso al poder de Hugo Chávez. Es lo que explica el sentido mesiánico de la llegada de Fujimori al poder en Perú, o la victoria de Vicente Fox en México, por citar algunos de los ejemplos más recientes. El partido de los que medio tiene es el que impulsa la estabilidad de un país, brinda trabajo al partido de los que no tiene y es clientela del partido de los que tiene, al comprar vehículos al crédito o dar la prima de la casa en áreas residenciales como Bello Horizonte, la Centro América u otras zonas de clase media. Es el partido que contribuye todos los días a generar empleo y al pagar impuestos. Es el que rechaza los extremos, de los por "defender la democracia" crean nuevas dictaduras y de los "en nombre de los pobres" hunden al país en una mayor miseria. Crear condiciones propicias para que la clase media prospere es sin embargo difícil. Sin la misma sin embargo, no hay progreso posible. En los Estados Unidos, el 90% de los negocios son pequeñas empresas y son las que generan el mayor índice de empleo. Los grandes nombres, Coca Cola, Microsoft, Ford, General Motors u otras, son únicamente símbolos que promueven la autoestima a lo interno y la imagen en el exterior. El "granero de Centro América" era uno de nuestros símbolos en el pasado. Hay muchos otros símbolos posibles. Se requiere sin embargo de todos los nicaragüenses para hacer de los mismos una realidad. |
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