| |||||||||||
|
|
Caso Yátama Joaquín Absalón Pastora Tenía que pronunciarse la PROCURADURIA PARA LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS en relación a las desmesuradas sufridas en la piel, acostumbrada al sufrimiento, de la organización indígena YATAMA. No hacerlo, no disponer de la autoridad moral para sostener una posición edificante y constructiva, hubiese tenido la equivalencia de dejar abandonados y en el lastre de la marginalidad a quienes recibieron el mensaje que hemos conocido de una institución originalmente señalada como vacua e inoperante por los detractores que no paran mientes en anticiparse a los acontecimientos, emitiendo criterios frívolos y antojadizamente calculados sobre hechos relevantes en los cuales no pocas veces la nación - la olvidada tierra del caribe-- (caribe es) se ha tenido que acostar «con los brazos en cruz». Así ha sido siempre. Sin embargo de tanto arrebato se ha empapado la superficie marina que sus olas se encresparon llegando su cólera a tantas alturas que desde el Pacífico ingratamente lejano estando tan geográficamente cercano, presentimos que se iban a salir de madre y cupo la posibilidad de un estallido de magnitudes que a tiempo fue mermado. Tanta era la ira aniquilante y perniciosa que ya no queremos para nuestra patria en cuya alborotada y bochinchera historia - desde la independencia - se han sumado tantas guerras fratricidas, tantos espadachines enfurecidos, hermanos contra hermanos, en un espectáculo reincidente que desmejora nuestra cultura y nos pone como incivilizados en el concierto de naciones del Mundo. Fue grande y es casi incurable la herida sufrida por la organización no solo en cuanto a sus propósitos políticos sobre lo cual abstenemos el comentario sino en cuanto a sentirse marginados del derecho ciudadano de participar en elecciones para elegir autoridades, esta vez edilicias. Evitamos profundizar con ánimo categórico sobre la decisión del Consejo Supremo Electoral porque no conocemos las bases en que ese poder del Estado fundamentó su posición de invalidar la participación en el cotejo, y lo decimos con la mayor sinceridad posible suponiendo que así lo disponía la Ley en su aplicación a la realidad. Se consigna entonces la salida pacífica de la reflexión, permeabilizandola, porque señores, si bien es cierto que «dura es la ley pero es la ley», también es cierto que ella es hecha por el hombre. Por lo tanto está expuesta a enmendarse o a deshacerse para hacerla de nuevo. Pero yendo al aspecto esencialmente humano se requiere la reflexión en torno a lo que todavía es «caldo de cultivo» de la violencia porque esos brotes son susceptibles de renacer. Es ahí donde entró a tiempo el mensaje de la Procuraduría, que para eso está, aunque dependa económicamente del gobierno, está para ser independiente, está para mantener sin dualidad o parcialismo alguno su propia personalidad. Se hizo para defender los derechos humanos de todos los nicaragüenses y el día que se escape de ese molde formidable en autenticidad y neutralidad, dejará de cumplir las funciones para las cuales fue creada. La Procuraduría establece en su clara y categórica posición que «Nicaragua requiere el sostenimiento de una política que fortalezca la vigencia progresiva en escala creciente, del desarrollo humano sin lo cual la vigencia de los derechos humanos se convierte en una situación o acto inexistente». Se impone por lo tanto el análisis solicitado por el Dr. Benjamín Pérez Fonseca en su calidad de Procurador, la imperiosidad de llevar al terreno de los hechos, todo lo proveniente de ese análisis y solo así podría lograrse un desenclace efectivo y real, pues del dictamen a veces quedan - engavetadas para siempre - las hojas que lo conforman. Es de celebrarse la existencia de mecanismo para frenar los actos de violencia, deplorando que en algunos casos, dignos de puntualizarse, «se le fue la mano a la autoridad» y «se le fue la mano» también a los amotinados. Pero volvió la tranquilidad a la población de la Costa Caribe, siendo ese el más útil insumo para que se aproveche la pausa -la paz restablecida- y se dialogue sacando provecho de los errores cometidos por las partes implicadas. Invitar al diálogo cada vez que se ponga turbio el solar patrio es a lo que siempre debe comprometerse La Procuraduría para la defensa de los derechos humanos. Esa es su vocación natural y permanente, «darle solución a los conflictos mediante la aplicación del diálogo, la mediación y la conciliación. A la población del Caribe le corresponde la parálisis de las acciones conflictivas y a la autoridad - policía y ejército - el recurso de actuar con prudencia y despliegue no de armas - sino de inmensa cordura. |
|
Send mail to grupoese@tmx.com.ni with questions or comments about
this web site.
|