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La educación para crear un niño sensible El Cronista En la actualidad muchos estudiantes han perdido el respeto no sólo a sus padres, sino a sus maestros. Los jóvenes se rebelan sin causa a la autoridad escolar y en algunos casos se han atrevido a golpear un profesor o maestra. Muchos creen que se ha perdido la autoridad escolar, pero la verdad es que los muchachos se están comportando como los modelos violentos y agresivos que observan en los programas de televisión extranjera. Ellos quieren parecerse a esos rebeldes sin causas. A esos personajes siniestros que pueblan los programas noticiosos foráneos. Ellos son reflejo de esa "cultura" de la destrucción del nuevo Siglo. Ahora bien, ¿cuál es el papel que le toca desempeñar a la escuela en este proceso educativo del joven que se prepara para incorporarse a la sociedad como sujeto útil y productivo? Desde muy joven nos enseñaron que la educación empieza en el hogar y continúa en la escuela, en la secundaria y en la universidad. Sin embargo, los grandes avances tecnológicos han prácticamente relegado los papeles de esas dos fuentes de conocimiento, cultura y educación. En efecto, la televisión en esta aldea global se ha convertido en un medio tan poderoso que está dañando la conducta del niño. Lo impulsa a comportarse como un inadaptado, que cotidianamente viola las normas jurídicas y las reglas básicas de la convivencia. Pero qué es lo que está ocurriendo en nuestro país? Qué es lo que causa esa conducta prohibitiva e inútil? Vemos, pues, que la escuela en la actualidad ha descuidado la formación de valores morales, la defensa y la promoción de la vida para la participación democrática y de los derechos humanos. En nuestros colegios continúan preocupándose más por la enseñanza de conocimiento puro, huérfano de principios morales y democráticos. Los maestros quieren educar muchachos con conocimientos teóricos de historia, geografía, ciencias, biología y matemáticas, pero sin ahondar en los aspectos más sensibles de la personalidad del estudiante. Es por tal razón que vemos que de nuestras universidades salen graduados médicos, abogados, periodistas, ingenieros, arquitectos, biólogos con excelentes calificaciones y dispuestos a desempeñar bien su trabajo, pero sin los principios morales y democráticos que le ayuden tener una conducta útil que le permita respetar las normas de convivencia humana. En las noticias de sucesos aparecen profesionales acusados de maltratar a sus hijos y su mujer, de irrespetar los derechos humanos, de carecer de conciencia cívica en la sociedad. En suma, nuestras escuelas están formando hombres sin moral, sin principios, sin ideales democráticos. Y ese es el principal desafío de la nueva educación. Un proyecto de autonomía educativa participativa y socializada debe de ser el norte de nuestra escuela del nuevo milenio. La ética, la moral cívica y los buenos sentimientos deben de fomentarse en las escuelas para lograr que nuestros profesionales no sólo sepan manejar su instrumento de trabajo (el abogado, e ingeniero, el arquitecto y el físico), sino logra encontrar la felicidad en su hogar, en el grupo que le rodea, sus amigos. Creo que la escuela tiene la posibilidad de transmitir esos valores que hoy parecen desterrados de las aulas de clases. Educar con principios, ética y cultura humanística es la fórmula para recuperar la función socializadora de nuestra escuela. No podemos dejar morir el papel de la escuela en la formación del hombre del milenio. Esta educación tiene que reemplazar la cultura adocenada del pasado, luchar contra la alineación de muchos de los programas aberrantes de la televisión, de la cultura manipuladora y del pensamiento cautivo, antidemocrático. Pero para recuperar la función de la escuela socializadora debemos de incluir un elemento fundamental. La participación de la familia. El papel de los padres de familia no concluye en el hogar. Eso no. Este se extiende hasta la escuela. El profesor, el alumno y los padres de familia son el trinomio encargado de impulsar actividades de aprendizaje social que den oportunidad a los estudiantes a estimular sus sentimientos, a experimentar la solidaridad, el compañerismo y la lealtad. Y en este proceso para recuperar la función socializadora de la escuela se enmarca la educación participativa, la que inculca valores y sentimientos y propicia una cultura de paz. |
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