| Opinión Retazos
César
Padilla
Nicaragua fue nuevamente sacudida por su naturaleza tan eternamente linda,
fecunda y tranquila. Otra vez estalló en furia satánica, llevando desolación,
impotencia y muerte a una parte de nuestra geografía.
Y otra vez, nos encontró "despreparados para mantener la vida".
Estratégicamente impreparados. Es que seguimos con la costumbrita de
"remendar, no prevenir".
Cuando se dio el terremoto de Managua se comenzó apenas a construir con
sistemas antisísmicos y al paso de los años se dejó de cumplir esa exigencia de la
seguridad. Volvimos a construir irresponsablemente.
Y creímos que únicamente en Managua deberían ocurrir terremotos. Nos
horrorizó el maremoto y después de unos añitos se volvió a construir a distancias poco
convenientes de las playas. Y las construcciones, aunque de apariencia elegante y
soberbia, adolecen en su mayoría de inseguridad rocosa.
Y la medida de construcción y alejamiento de las playas se tomó
únicamente en los sectores golpeados por las olas gigantes y asesinas. Es como si no
hubiesen más playas, más litoral.
Llegó Juana y después el MITCH. Hubo planes de prevención. Se habló y
se analizó y se volvió a hablar de planes de prevención y aseguramiento de vidas y
bienes, obligando a los humanos de escasos, pocos y abundantes recursos a alejar sus
viviendas de las costas marítimas, pluviales y lacustres... y de las orillas de los
cauces. El invierno copioso de 1999 demostró que las medidas contingentes aún están en
las gavetas de las instituciones correspondientes, listas a convertirse en promesas
electorales.
Las guerras demostraron que el espíritu cívico y político de los
nicaragüenses no ha logrado sobrepasar la etapa del arrebato violento. Que nos formamos
una idea, la convertimos en tema de debate de criterio válido único y decidimos que los
demás están equivocados y sostenemos la idea sin posibilidades de que llegue al diálogo
real. Hace poco, muy poco, recogimos los rastrojos de dos cosechas sangrientas. Ya hay
brotes, aislados pero peligrosos de otra de esa cosechas indeseables en el norte del
país.
Masaya y sus alrededores, ciudad que creímos que siempre sería la de las
flores alegres y las artesanía multicolor, puerto de refugio en otra oportunidad de
embates naturales para los managuas, nos demostró que Nicaragua y Centroamérica entera
son una verdadera caldera del diablo en la que no hemos preparado una verdadera defensa
civil previsora y actuaria.
"El gobierno no ayuda", es la frase menos ofensiva que se
escuchó a las orillas de la Laguna de Apoyo y la noche de la danza dantesca del 8 de
julio, día de San Indalecio, cuando las viejas construcciones masayenses cedían ante la
furia de la tierra. La apreciación de que el gobierno debe de contar con planes
específicos, aceitaditos para que funcionen de inmediato, es la ilusión de los
ecologistas que no tienen lentes de inmediatez, ni ceguera fatalista. Hasta este momento,
no hemos conocido planes de gobernabilidad cívica, cuyas fundamentaciones para su
efectividad, tomen a la política y la economía como resortes de disparo de un plan
integral y no como la base única de todo el programa. Y no sólo del gobierno actual.
Lo anterior lo contiene el programa general del Movimiento Político
Ecológico de Nicaragua (MOPEN) que nunca reconoció por ceguera de poder, una agrupación
partidaria en la que este movimiento ecológico que "pretende cuotas especiales de
poder, para poder enfrentar el poder destructivo posterior a un evento irregular de la
naturaleza". Talvez con la descentralización del poder municipal surja el principio
de núcleo municipales ecológicos que estudien y conozcan la situación ambiental general
de su localidad, para conformar ese macromapa ecológico que necesita Nicaragua para
comenzar su plan de supervivencia natural. Vale?
No se puede, ni debe desconocerse el trabajo del Sistema de Emergencia
Nacional que cuya atención al damnificado y la infraestructura posterior al evento,
mitiga sensiblemente el desastre. Este debería ser el principio de un aparato efectivo de
prevención y mitigamiento de desastres, verdad Arturo?
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