PENSANDO EN NICARAGUA
Ignacio Briones Torres
"SE
REQUIERE UN NUEVO PERIODISMO"
Bajo este título
publicó en la revista Foreing Affairs (Vol. 72-# 3, verano de 1993) un enjundioso estudio
sobre las responsabilidades del periodismo post-guerra fría el periodista y diplomático
norteamericano Henry A. Grunwald, quien durante varios años ejerció el cargo de director
en jefe de la revista TIME y luego pasó a embajador de su país en Austria de 1988 a
1990.
"Por lo menos un
sector de la prensa de los EUA, expuso Grunwald, está afectado de un grave mal de
obsolecencia". Se refería a que después de terminada la Segunda Guerra Mundial y se
estableció entre las grandes potencias la guerra fría al periodismo y a los periodistas
estadounidenses les había tocado jugar un importante papel tanto en los rubros militares
como de seguridad nacional.
"Ahora que la
industria de la defensa, las fuerzas armadas y el negocio del espionaje se han contraído,
muchos corresponsales de los rubros militar y de seguridad NECESITAN CON URGENCIA
READIESTRAMIENTO en otras especialidades más relevantes", sentenció asimismo el ex
director jefe de TIME, agregando que la prensa tenía que lidiar con seis factores nuevos,
por lo menos: historia, geografía, óptica global, agenda periodística, sensibilidad y
audiencia".
En fecha más reciente,
el año pasado para ser precisos, la Sociedad de Editores y Directores de Periódicos de
los mismos Estados Unidos, dieron a conocer un informe autocrítico de sus actividades. En
el mismo reconocen haber mantenido un "estilo periodístico" que no corresponde
ya con los nuevos tiempos de la humanidad globalizada y libremercalizada.
En ese informe los
directores y editores norteamericanos abominan de prácticas que en la última década del
Siglo XX todavía les parecían válidas como "noticias". Por ejemplo el ya
olvidado -allá- recurso de referirse a "fuentes que no quieren revelar sus
nombres", etc. Lógicamente también abominaron del sensacionalismo, el amarillismo y
en particular de la manipulación de las noticias, lo que se consideró por parte de los
colegas estadounidenses "la peor aberración que puede practicarse". Un
flagrante y pernicioso daño a la credibilidad del público y un estigma para el buen
periodismo.
En Nicaragua, en diversas
épocas, desde el lejano 1833 en que nació la prensa impresa, han habido etapas de
renovación en el ejercicio profesional del periodismo. Por lo general estas renovaciones
eran abanderadas por respetables veteranos colegas a quienes los vientos de la política
interna los había arrojado, casi por oleadas interminables al exilio. Así Gabry Rivas,
por ejemplo, creó "La Nueva Prensa" después de haber sido uno de los
fundadores de "La Prensa". Don Juan Ramón Avilés, el impecable fundador de
"La Noticia", el más revolucionario de todos los periodistas del Siglo XX en
Nicaragua, introdujo la información gráfica, la crónica deportiva, los precios de los
productos en el mercado, el editorial conciso, sin metáforas ni rebuscamientos, y sobre
todo el respeto a la dignidad de las personas sujetos de noticia. Don Juan no publicaba
una noticia que no estuviera debidamente precedida de un proceso judicial. El decía que
"denunciar" a un ciudadano por la comisión de cualquier delito que se le
atribuyera, sólo porque la "fuente" era otra persona, por respetable que fuera,
no podía considerarsele noticia si el denunciante no llevaba antes su denuncia ante un
tribunal correspondiente.
Para expresar con mayor
responsabilidad su independencia informativa don Juan Rechazó una y otra vez diputaciones
y ministerios. Muchas veces le oímos decir que la peor sinverguenzada que podía hacerse
en un periódico era publicar "aclaraciones" en "campos pagados",
luego de inculpar a alguien sin pruebas.
Otros ejemplos serían
los de don Salvador Buitrago Díaz, el interrégimo fundador de la primera "La
Tribuna" que estableció su periódico para combatir la intervención militar de las
tropas norteamericanas traídas al país por los vende-patria Emiliano Chamorro y Adolfo
Díaz, en su perpetua lucha por derrocar al jefe liberal General José Santos Zelaya,
derrocamiento que fue perpetrado mediante la intervención de grandes empresarios
norteamericanos particularmente interesados en nuestras minas: Phinlander Kox el de la
famosa Nota contra Zelaya era abogado de la familia Fletcher y a su vez Secretario de
Estado.
En el Boletín
Nicaragüense de Bibliografía y Documentación que desde hace décadas publica la
Biblioteca del Banco Central, número 6, correspondiente a los meses de julio y agosto de
1975, puede leerse el arrepentimiento escrito por el Dr. Salvador Castrillo por haber
sido, según propia confesión, "el maldito nicaragüense" que descubrió que
para derrocar a Zelaya se debía buscar la llave de Washington.
No puedo dejar de
mencionar a don Hernán Robleto cuando a su regreso de años de residencia forzada en
México vino a fundar FLECHA. Robleto había sido secretario del General Benjamín
Zeledón y en su libro "Nido de Aguilas" nos refiere aquella gloriosa epopeya de
la dignidad nacional.
Refiero todo esto porque
en los últimos días la "gran prensa nicaragüense" de hoy está como
glorificando la moción de un representante yanqui para "ayuda weiver" le sea
negada a Nicaragua. Y se está glorificando también que Mr. Garza (don Oliver) día tras
días presiona a nuestras autoridades para que se "resuelva el problema de las
viviendas" de los nicas que Toño Lacayo, al mejor estilo granadino, denominó
"gringos caitudos".
En ambos casos, nuestros
periódicos y la mayoría de los jóvenes radioperiodistas, repitiendo según las
evidencias, lo que dicen los colegas escritos, hacen aparecer un supuesto incumplimiento
de estos compromisos como responsabilidad exclusiva de la actual administración, lo que
evidentemente puede interpretarse como ignorancia o mala fe.
El problema de la
vivienda surgió o nació el 20 de julio de 1979, mediante el Decreto confiscatorio que
suscribieron doña Violeta Barrios de Chamorro, don Sergio Ramírez Mercado, don Moisés
Hassan, don Alfonso Robelo Callejas y don Daniel Ortega Saavedra. Despuecito el Decreto
Número 3 del propio 20 de julio se decretó la Ley de Confiscaciones, firmada también
por los personajes antes mencionados. (Sin estas confiscaciones no tendríamos los
nicaragüenses que estar pagando las onerosas indemnizaciones que se nos vienen
imponiendo.
¿Recuerdan el caso de
CONAZUCAR? Pues bien parece que pasó al olvido y unos cuantos aprovechados de las
indemnizaciones otorgados bajo la administración de doña Violeta son ahora potentados.
Desde 1997 se han
establecido récords de devoluciones e indemnizaciones. Cerca de 500 en el primer año de
administración Alemán. Otro tanto en 1998 y más de 500 en 1999. La cifra va a ser
aumentada este 2000. ¿Quién habla de eso?. Nuestro periodismo parece estar dominado por
la información deficitaria. Y es verdad que tenemos déficit en diferentes rubros. Por
ejemplo el hato ganadero está reducido en más de un 50%... pero se acuerda alguien
quiénes vendían el ganado a los países vecinos, en qué cantidades y beneficiando a
particulares con poder en la administración?
Si queremos cumplir con
los preceptos de la profesión periodística por lo menos intentemos ser un poco
ecuánimes. Digámosle a nuestro pueblo la verdad de los orígenes de los problemas que
afrontamos y que, aunque no se divulguen, se vienen resolviendo.
No sólo en Estados
Unidos, como sugirió Brunwald en 1993 se requiere un nuevo periodismo. También aquí
entre nosotros. Y sería bueno que alguna de las organizaciones que se dicen representar
al gremio, provoquen un debate a fondo sobre el tema. Pensemos en Nicaragua y no actuemos
como voceros de otros.
Los muchachos de La
Prensa, en particular, tienen una rica veta que investigar con respecto a la historia de
las confiscaciones e indemnizaciones.
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