¿QUIENES
ARRUINARON TISCAPA?
Ignacio Briones Torres
Allá en nuestra época de
estudiantes de primaria, los profesores acostumbraban llevarnos a tres lugares
inolvidablemente grabados en la memoria. Eran éstos la Laguna de Tiscapa, el Lago de
Managua y un lugar del mismo lago que identificábamos como el "riito" frente al
actual Aeropuerto Internacional.
Estaban también "los
Martínez" (donde se levantan ahora Las Brisas y Valle Dorado) en el occidente
capitalino. Todos estos lugares eran balnearios de la ciudad, de aguas limpias, peces no
contaminados y parroquianos que generalmente llegaban con sus familias. "El
Trapiche" no se había popularizado y "La Perla", en la carretera vieja de
Tipitapa, no era un lugar recomendable por la presencia constante de beodos y señoras
reputadas de mala conducta.
Tiscapa era nuestra escuela de
natación. Los muchachos salíamos de clase a las cuatro de la tarde y nos íbamos a sus
riberas en donde por lo general iniciábamos nuestros cursos de natación. Célebres eran
las Piedras Guapes y cuando ya nos podíamos tirar al agua desde ellas significaba que
"ya habíamos tomado valor", pues por lo general los "lanzamientos"
iniciales lo hacíamos de pie hasta lograr mantenernos a flote. Eramos cientos de
muchachos los que nos juntábamos en aquellas tardes inolvidables. Nunca a nadie se le
perdió un bulto, ni una pieza de nuestros vestidos.
Las lavanderas nos indicaban que
practicáramos lo más retirados posibles de las aguas enjabonadas; pero nos servían de
guardianas de nuestras vestimentas y libros.
Los GN que cuidaban la bajada por lo
general nos llevaban hasta los sitios menos peligrosos. Y hasta donde recuerdo ninguno de
mis ex condiscípulos de la escuela República de Honduras donde estudiábamos se ahogó
nunca. Lo mismo ocurrió con otros muchachos que estudiaban en la Escuela Monseñor
Lezcano.
Los viajes o pic-nic en el Lago los
hacíamos en la Quinta Nina. Y en el "riito" íbamos a tomar una sopas de
pescado que nos hacían una señoras y que sus maridos capturaban mientras se desplazaban
en el río. Una vez pasamos todo un mundo con el colega Róger León Carranza que era un
habitué a ese lugar.
Nuestra adhesión a Tiscapa -además
del interés en aprender a nadar en sus aguas-, nuestros maestros la asociaban a la bella
historia indígena de la Laguna. Nos contaban que ella se había formado de las lágrimas
derramadas por una "princesa" indígena a quien su padre cacique le había
prohibido casarse con un galán perteneciente a otra tribu. Una bella leyenda que todavía
perdura en los libros de entonces que algunos conservamos como tesoros bibliográficos.
Por las tardes, cuando iba ya
desapareciendo el sol del horizonte, bajaban las lavanderas como en una procesión,
acompañándonos.
Todavía por los años 70-75 Tiscapa
lucía como una perla acuática de nuestra capital. En 79-80 a alguien de las autoridades
que ese año se hicieron del poder se le ocurrió desaguar las corrientes que bajaban de
Las Sierras en Tiscapa.
Jaime Incer Barquero escribió un
enjundioso artículo como todos los que él sabe haber calificando de
"barbaridad" el propósito de volver la Laguna en receptora de las corrientes.
Su artículo indigno a las autoridades sandinistas y le llovieron insultos y el entonces
clásico cognomento de contrarrevolucionario.
Habiendo recibido una invitación de
una Universidad Norteamericana para ir a dictar una conferencia los FSLN le prohibieron la
salida del país, aduciendo que lo que pretendía era "huir del país".
En el Instituto de Estudio del
Sandinismo yo plantée a mis compañeros Jorge Eduardo Arellano, José Simon Delgado,
Julio Cisneros y Jimmy Aviles la barbaridad que se estaba cometiendo con Jaime al
declararle el país por cárcel y nos movilizamos tratando de que se revocara la estúpida
y arbitraria orden.
Todo el delito que se le atribuía a
Jaime era "haber desacreditado a la Revolución" por defender Tiscapa, en vías
de ser contaminada como había sido el Lago en 1924.
Fueron entonces los responsables del
gobierno 1979-1990 quienes envenenaron las aguas de Tiscapa y si no me equivoco el Alcalde
era o bien Samuel Santos o bien Moisés Hassan. Como se recordará después se levantó en
Tiscapa una tarima para espectáculos que patrocinó el gobierno de Francia y que un día
se fue a pique simplemente porque se había escamoteado el costo de la construcción y
esta quedó defectuosa.
Todo lo anterior me ha venido al
recuerdo porque en estos últimos días han aparecido por ahí unos cuantos de los que
destruyeron Tiscapa en pose de salvadores de la histórica Laguna. Por lo menos, me
parece, debían tener la honestidad de reconocer que correligionarios suyos fueron los
destructores. Pero esa honestidad parece haber desaparecido de quienes aspiran ahora a
querernos hacer creer que se preocupan por la capital y las plagas que ellos mismos
sembraron.
Hay que salvar Tiscapa ciertamente.
Pero su salvación no puede creerse de quienes está en las manos de quienes la
pervirtieron. Lo demás es demagogia electorera, según mi opinión.
|