Wall Street
Journal EE.UU: Debe Aceptar Elecciones y Ayudar Que Peruanos Hagan Lo Mismo
Michael Radu
El Prestigioso diario the Wall
Journal publica en su página editorial de ayer un revelador artículo, que adquiere mayor
valor en la medida que el diario neoyorquino ha sido particularmente crítico del
gobierno. A continuación algunos párrafos del artículo.
El domingo pasado Alberto Fujimori
ganó las elecciones como presidente del Perú por tercera vez con el 51% de los votos.
Pero el resultado de esta elección es, por decir lo menos, controvertido. Su contendor,
Alejandro Toledo, aludiendo que existió el fraude, se retiró de la contienda sólo 10
días antes de la fecha de realización de las elecciones. Organizaciones internacionales
de prestigio, tales como Organización de Estados Americanos y el Centro Cárter, se
fueron del país y rehusaron actuar como observadores. Sus críticas al proceso han tenido
eco en todo el mundo y hasta los Estados Unidos han amenazado con imponer sanciones al
Perú.
Existen varias razones que podría
restarse de la lista de objeciones. Primero, tal como lo han manifestado el primer
ministro español, José María Aznar, el proceso electoral estuvo dentro del marco legal
y constitucional del Perú. Las demandas de la oposición (respaldadas por la OEA, los
EE.UU y otras instituciones) para postergar la segunda vuelta en dos o tres semanas fueron
rechazadas por el Jurado Nacional de Elecciones, organismo autorizado para hacerlo, y la
decisión fue tomada de acuerdo a las leyes vigentes sobre el particular.
Si bien es cierto que el Congreso
del Perú pudo haber emitido una enmienda a la Constitución que permitiera la
postergación cosa que Fujimori estaba preparado para aceptar, Toledo hubiese rechazado
cualquier otra fecha. Esto sugiere que Toledo estaba más interesado en ganar la
presidencia que en el proceso democrático. Toledo jamás tuvo una verdadera oportunidad
de ganarle a Fujimori. Luego de haberse realizado el conteo de la primera vuelta, hasta el
grupo de observadores Transparencia conocido por ser antifujimorista anunció casi el
mismo resultado que la ONPE, organismo oficial, que indicó que a fujimori le faltaron
solamente 14,000 votos para obtener la mayoría absoluta.
Pero Toledo está convencido que él
se merecía una victoria y que el fraude era la única explicación valedera que
justificaba su derrota. Esta convicción fue respaldada por algunos de sus consejeros,
férreos opositores de Fujimori y con influencia en el exterior, como por ejemplo el
novelista Mario Vargas Llosa, quien fue humillantemente vencido por Fujimori durante la
contienda presidencial en 1990. Toledo se ve a sí mismo y varios igualmente
(especialmente en el extranjero) como el candidato "políticamente correcto".
Es cholo de nacimiento, tiene un
grado en Stanford, está casado con una antropóloga belga con tendencias izquierdistas, y
cuenta con el respaldo de los círculos "progresistas" de Latinoamérica, Europa
y los Estados Unidos. Entonces, cómo puede un candidato con tal perfil haber perdido?
Debe haber sido por el fraude. Y más aún, si el fraude perpetrado por un
"dictador", es todo lo que media entre Toledo y el palacio presidencial, es
lógico que se hagan necesarios y legítimos los medios no electorales para ganar el
poder.
Perseguir el poder basado en medios
no electorales es exactamente lo que Toledo ha venido haciendo desde abril. Luego de la
primera vuelta efectuó una campaña más intensa en Nueva York, Washington y Buenos Aires
que en su propio país, seguramente con la intención de ganar en el extranjero el
respaldo que no tenía en casa.
Pero si la reacción desafiante de
Toledo a los sucesos desfavorables lo hace aparecer como menos democrático, quizás
debamos echarle la culpa a los que lo han respaldado con gran influencia en el exterior.
Aún antes de las elecciones, el Congreso de los Estados Unidos emitió una resolución,
la cual fue refrendada por el presidente Clinto, amenazando al Perú con sanciones si es
que se cometía un fraude.
Y antes de conocerse los resultados
de la primera vuelta, la Administración Clinton y los Estados Unidos solicitaron un
aplazamiento, sin tomar en cuenta la constitución del Perú.
Los europeos y los norteamericanos
asimismo emitieron sanciones amenazadoras en su esfuerzo infructuoso por postergar la
segunda vuelta. Este respaldo ha azuzado las tácticas irresponsables de Toledo y le ha
dado la impresión que la estructura, la fecha y aún los resultados de las elecciones
están sujetos a su aprobación personal.
Para aquellos quienes entienden el
temperamento autocrático de Fujimori, el resultado de toda esta presión no ha
sorprendido: El presidente reelecto continúa en su actitud desafiante como nunca antes.
Cualquier sanción que imponga los Estados Unidos (la OEA está recibiendo la oposición
de México y Brasil y parece ser que no se abrirá ningún juicio) hará que la situación
se torne aún más grave.
Algunos observadores creen que
Fujimori debe su poder a la lealtad del Servicio de Inteligencia y a los militares. Pero
su verdadero poder nace del respaldo de una mayoría sólida de los pobres y de los
jóvenes. Toledo más bien es respaldado por estudiantes de izquierda y privilegiados y
por los círculos de intelectuales quienes nunca han aceptado a Fujimori. Los pobres y no
Fujimori ni los que respaldan a Toledo serán los que sufran si es que se imponen
sanciones. Concluirán que están siendo castigados por respaldar al presidente y que la
democracia no tiene ningún valor.
Las sanciones también parecerán
hipócritas. Las recientes elecciones en Haití, que pasaron por muchas más
irregularidades que en el Perú y terminaron con el arresto de líderes de la oposición,
no originaron ningún tipo de sanciones.
Washington asimismo aceptó el golpe
militar/izquierdista de Ecuador realizado en febrero pasado que terminó con el
derrocamiento del Jamil Mahuad, presidente electo democrático en ese país. La democracia
en el Perú no es de ninguna manera perfecta, pero es necesario aconsejar a los Estados
Unidos y otros países con buenas intenciones que depongan sus actitudes de tacha a un
país como el Perú. Los extranjeros podrán hacer muy poco para mejorar la democracia del
país, pero mucho más si quieren dañarla. Debemos aceptar los resultados de las
elecciones y ayudar a los peruanos para que hagan lo mismo.
(*) Michael Radu es un
miembro señor del Instituto de Investigación de Política Externa de Filadelfia.
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