UN POETA
SALVADOREÑO EN LOS LABERINTOS DE LA HISTORIA
Por: Alvaro Urtecho
Miguel Huezo Mixco (1954), poeta,
crítico y editor de la revista salvadoreña "Cultura", amigo de los poetas
nicaragüenses y conocedor de nuestra poesía, en especial la de Salomón de la Selva,
Carlos Martínez Rivas y Ernesto Cardenal, ha publicado recientemente Comarcas
(Universidad Tecnológica de Panamá) quinto libro en su haber, el cual ganara el Premio
Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán en 1999, "texto de claro e indudable
contenido poético, que busca, desde lo originario del país natal, ascender al tiempo
presente y a sus profundas exigencias literarias y humanas", según el acta del
Jurado.
Según el texto de la contraportada,
este poeta "ha afincado visiblemente sus raíces en dos grandes tradiciones: la
poesía nicaragüense y la poesía griega contemporánea". Si partimos del hecho de
que, a través de un trasfondo mítico, se emprende como estrategia del texto la búsqueda
de una heroicidad paradigmática, estamos totalmente de acuerdo en asociar esta poesía de
Huezo Mixco con las tradiciones anteriormente mencionadas. Sí: hay algo de Elitis,
Seferis y Ritsos, así como de Pablo Antonio Cuadra y Salomón de la Selva en esta
indagación poética en los laberintos de la historia centroamericana y universal, aunque
predomina, evidentemente, la indagación en determinados acontecimientos de nuestra
azorosa y épica historia caribeña, nunca total y verdaderamente contada: la aventura del
filibustero Walker, el sitio de Granada, el audaz general Juan Cañas, los arenales de
-Veracruz, hazañas de piratas.
"Heme aquí, pues, camino de un
país lejano/ Acomodado en el solar de los héroes/ veo con orgullo las ruinas del
porvenir". El poeta asume la voz del viajero ("porque vivir no es necesario,
sino viajar", decía Joaquín Pasos en sus poemas de viaje), la voz del
aventurero-héroe o héroe-aventurero, fundiéndose con el pasado mítico, hablando a
veces en primera persona o dialogando con las figuras tragicómicas de nuestra mitología.
El verso del salvadoreño,
perteneciente a una generación que ha recibido las buenas lecciones de lenguaje coloquial
de Roque Dalton, Manlio Argueta y José Roberto Cea, es libre, abierto a la
experimentación y a la diversidad de voces y puntos de vista, no sometido a la estrofa
formal y con tendencia a las contraposiciones dialécticas. Una poesía que, desde la
óptica cinematográfica del viajero y el cronista, hunde sus raíces en el imaginario
colectivo: hace hablar a los seres perdidos en los laberintos de la historia, utilizando
no solo los referentes históricos sino la cita literaria subsumida en el texto, a la
manera de Eliot.
Los poemas dedicados a Cavafis
("El fauno"), al mito del Minotauro ("El hilo de Ariadna") y a las
profecías platónicas ("Cielo de Atica"), son sencillamente impecables, modelos
de limpidez, ejemplo de lo que Huezo Mixco, uno de los más interesantes poetas
centroamericanos, puede hacer.
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