OPORTUNISTAS
DEL DOLOR
Joaquín Absalón Pastora
El treinta y uno de Marzo de mil
novecientos noventa y seis sentimos la conmemoración luctuosa del primer aniversario de
la muerte violenta ocurrida en la carnosidad artística de una muchacha llamada SELENA.
Metimos la efemérides en LA BOLSA
DEL RECUERDO ajenos a toda concordancia con la fastidiosa comercialización emprendida por
sectores interesados en sacar algún provecho en cada cumpleaños vendiendo aunque sea
algunos pitos con el sonido de Selena. De ese diluvio promocional no se escapan ni
parientes muy cercanos. Lo que ahora se conmemora en la misma línea es el quinto
aniversario y aunque el alud progresivo del tiempo desestima la importancia de los
ausentes, el quinto (no hay quinto malo) ha sido más estridente y comercial que los
anteriores.
La televisión latinoamericana está
entregada casi a tiempo completo a magnificar su truncada vida artística pero llevando el
espaldarazo materialista de los patrocinadores.
Solo falta que sus explotadores en
la tierra pongan a Selena en la liturgia de la canonización. Los camaradas tienen su
forma de deidificar a sus héroes. "Los que nunca mueren reciben el acompañamiento
de la "llama eterna" con la idea de "lavar el cerebro a las masas".
Con la momificación se les envía el mensaje: un nuevo Dios ha nacido para ventura de la
humanidad. Y los manipulados caen en la trampa al fanatizarse.
Esto ocurre (los nicaragüenses lo
hemos vivido) en pueblos victimados por el oportunismo.
El arte no escapa a la tentación.
La comercialización progresiva del lamentable final de Selena justifica el reproche y la
necesidad de afirmar hasta que grados ha llegado el lucro de ciertos acontecimientos para
hacer negocio. Ya parecen estar repartidos los porcentajes de utilidad en cada parranda
recordatoria.
Desde muerta, aprovechándose de
toda circunstancia, hasta del juicio, han menudeado los comerciales, la tergiversación de
la verdad, las fantasías intolerables para que el "bisne funcione".
Hemos sido bañados de toda ingrata
y mezquina manipulación, es el trayecto de la luctuosidad alrededor de la joven talentosa
cuya memoria no es homenajeada por el clásico y espontáneo dolor.
Ahora todo tiene forma de Selena,
Pañuelos, Camisetas, Calcetas, Zapatos, Música, Revistas, Moda, (La moda es lo más
parecido a la muerte dijo un filósofo) y se hizo una película más apta para hacer
nuevos millonarios que para hacer cautiva a la emoción.
Cumplió el quinto aniversario del
asesinato. No cabe duda. Fue una infausta noticia. Difícil de equilibrar el "estado
anímico" de quienes la aplaudimos en vida con despanpanante presencia, llena de
vitalidad, de mundos preciosos, de extravagancia trasera, de esperanzas afiligranadas.
Y que venga lo inesperado a sacarla
de tanto porvenir --de ella y de los suyos-- solo resume ingratitud.
Disfrutamos de su arte desde palco
en un escenario de Miami: su cuerpo como postal en el espectáculo de la ilusión.
Luminosidad no copiada de nadie: propia, auténtica. A la Luna también se le llama
Selena. Acaso esa luz buscaba desde pequeña pero el destino complicó la dirección en el
firmamento.
Hispana y humilde, artista como ella
cumplieron con la misión de enaltecer a la minoría en los Estados Unidos que lo es
precisamente la raza que ella representó.
Mi recuerdo de Selena no cuenta con
el patrocinio de ningún comercial. Es la modesta invocación nacida de arterias que
sienten su modo de partir.
De ahí que debemos esperar en el
proceso del homenaje lo que es sentirla bajo la instigación del comercial y lo que es
rememorarla lamentando solo la frustración de un despegue cortado por el crimen. Pero no
se deidifique porque dar rasgos de eternidad a las "aves pasajeras" es atentar
contra el estado natural, contra el proyecto lleno de relevos.
Desgraciadamente ella desde su tumba
no puede hacer reclamo alguno de sus "derechos de autora" a quienes insisten en
sacar jugo de su cadáver.
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