RECORDANDO
A PAUL ANTON PLETZKE
Cecilia Ruiz de Ríos
Durante una vela en la prestigiosa
funeraria Monte de los Olivos, pude familiarizarme en detalle con una de las efemérides
más pintorescas que hay en la historia de los gremios: el Día Mundial de las Pompas
Fúnebres, el cual desde 1978 se conmemora un día como hoy (siempre es el primer lunes de
abril). Detrás de esta efemérides está la figura de un hombre tenaz, trabajador, buen
negociante y con gustos exóticos: el judío francés Paul Anton Pletzke.
Paul Anton Pletzke debutó en este
valle de lágrimas en París un 6 de abril de 1918 a las cinco de la tarde, pesando apenas
6 libras y con unos pulmones fuertes. Su madre era de origen alemán, Raquel Nachmann, y
su papá era el judío francés Anton Jan Pletzke, quien pertenecía a una familia que
durante generaciones habían tenido casas de pompas fúnebres.
El rubio Paul habría de cursar
primaria y secundaria en diversos colegios de la Ciudad Luz, habiendo sido expulsado de
tres de ellos por gastarle bromas macabras a sus amigos y hasta a los maestros (a una
profesora le puso una bolsa de sapos destripados dentro de su maletín). A los 17 años de
edad, no quiso ir a la universidad y se integró al negocio familiar, pero en 1940, cuando
Francia cae bajo las garras nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la tragedia toca a
las puertas de los Pletzke. Ezequiel (hermano mayor de Paul), sus tres hermanas y sus
padres son remitidos a los campos de concetración nazis -de donde no saldrán vivos- y el
negocio familar queda en manos de un tío cristiano de Paul.
El joven se ve perseguido por los
nazis y a través de un valiente miembro de la Maquis francesa (La Resistencia), Paul
logra escaparse del puerto normando de Le Havre a bordo de un barco con rumbo Nueva York.
Una vez en el barco lo pescan como polizonte, pero Paul acaba de ayudante de cocina al
mostrar que tiene buena cuchara.
En enero de 1941 Paul entra a Nueva
York sin nada más que 30 dólares en el bolsillo y unas grandes ganas de llegar a ser
alguien. Se hospeda en casa de un primo materno -Ludwig Nachmann-quien se gana la vida
alquilando habitaciones a obreros en el Bronx. Es ahí que Paul conoce a quien será su
mejor amigo y socio: el judío ruso de 20 años de edad David Kandinsky, primo del famoso
pintor Basilio Kandinsky.
Dado que Paul y David trabajan como
sepultureros en Nueva York, consiguen organizar el gremio y trabajan arduamente durante
los años de la II Guerra Mundial. Ya en 1947, los dos jóvenes vierten sus ahorros en el
montaje de una modesta funeraria en el barrio del Bronx, y poco después Paul logra
casarse con la rica judía Sara Maiermann, cuya familia posee 10 negocios de pompas
fúnebres en el estado de Nueva York.
Reza la leyenda que el flaco y osado
Paul se le declaró a Sara en medio de un sepelio,sentados ambos en una tumba, 4 dias
después de haberla conocido en un funeral anterior. Unos meses después, David Kandinsky
se casa con una hermana de Sara (Rosa, quien ha sido enfermera en Europa durante la
Segunda Guerra Mundial).
El arduo trabajo de Paul y David se
ve coronado con la expansión de las casa funerarias propias, a las cuales se suman las
del suegro de ambos cuando este señor muere de un infarto en 1952.
En la década del 50, el ex general
Dwight "Ike"Eisenhower está en la Casa Blanca. Estados Unidos experimentan un
fenómeno de boyante prosperidad. Sin embargo, los propietarios de pompas fúnebres se ven
amenazados con propuestas de un alza en los impuestos que deben pagar. Paul y David
siempre han opinado que los servicios funerarios no deben ser un lujo inalcanzable, que
deben estar a la par de los productos de una canasta básica debido a que son una
prioridad der ser humano.
Paul y David alborotan al gremio y
unen monolíticamente a grandes y pequeños empresarios sin distingo de raza o religión,
y protestan en Washington D.C. Algunos medios tratan de tildar a los dos judíos de
comunistas, algo peligroso dado que es la época de la cacería de brujas del nefasto
senador McCarthy. Pero el clamor salva a los propietarios de pompas fúnebres y no se
lleva a cabo el alza en los impuestos.
Si como dirigente gremial y
empresario Paul era extraordinario, como hombre también era algo increíble. Su
fascinación por la muerte fue heredada por los 6 hijos habidos con Sara, integrándose 4
de ellos al negocio familiar y los otros dos convirtiéndose posteriormente en
prestigiados médicos forenses.
Al morir Sara -a quien Paul adoraba
tiernamente- en 1963 merced a un cáncer del seno, Paul le guardó luto por 18 meses antes
de casarse en segundas nupcias con la médico forense Rebecca Szimmermann. Rebecca le
parió una pareja de mellizos, los cuales murieron antes del segundo año de vida. Según
las malas lenguas con la mía a cargo del desfile, tras la muerte de los gemelos Paul
dormía su siesta en un enorme ataúd de bronce forrado de seda rojo-vino colocado en su
oficina, pero nadie nunca lo logró pescar dentro del aparatoso catafalco.
Paul Anton Pletzke murió un 2 de
mayo de 1975 a causa de un cáncer de la próstata que no se quiso operar cuando aún
estaba en etapa incipiente. No quiso ser enterrado, expresando en su testamento el deseo
de ser cremado "a como murieron mis padres en el campo de concentración". Sus
cenizas fueron esparcidas por el puerto de Nueva York.
Dejó un buen fondo para obras
benéficas en manos de una sociedad de filántropos judíos. En su testamento, uno de los
más largos y detallados de la historia, dejó provisión hasta para los tres perros, 6
gatos, siete loros, cuatro corceles Appaloosa y dos tortugas que poseía al momento de su
muerte.
En 1978, el primer lunes de cada
abril fue declarado Día Mundial de las Pompas Fúnebres en una ceremonia en Nueva York a
la cual asistió David Kandinsky. Al ser ovacionado por sus compañeros de gremio,
Kandinsky evocó a su gran amigo Paul y estalló en llanto.
En 1981, David Kandinsky murió de
leucemia. También fue cremado y sus cenizas esparcidas por los muelles de Nueva York.
Hoy en día, existen 50 casas
funerarias en Estados Unidos, Israel y Francia de la firma Pletzke-Kandinsky, y a cargo de
ellas están los hijos, nietos y bisnietos de Paul Anton Pletzke y David Kandinsky
continuando con el ejemplo de sacrificio, tesón, ardua labor y probidad de quienes
hicieron posible el Día Mundial de las Pompas Fúnebres.
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