DESDE
TAIWAN:
LA OPCION DE CALLAR
Joaquín Absalón Pastora
Durante nuestra permanencia en la
República de China (Taiwan) coincidimos con la apertura oficial de la campaña electoral
de las segundas elecciones libres y constitucionales de esa pequeña y milagrosa isla
cuyos veintitres millones de habitantes se resisten a ser vencidos por las indisimuladas
amenazas de la China Comunista.
El ambiente estaba tímido en cuanto
a manifestarse en las calles abrumadas de pintas publicitarias y de exaltada vociferación
por parte de los candidatos contendientes y del pueblo participante. Por el contrario: Se
veía y sentía el trabajo diario en una Isla Manufacturada para el trabajo, donde la
diversión o el solaz emotivo tienen escasa beligerancia. La animosidad primaria colinda
con la prioridad productiva.
El escenario político era casi
invisible y sólo se notaba o principalmente incurría en las pantallas de la televisión
que funcionan no sólo en la interioridad de las casas y de los altos edificios sino en
los Auto-Motores Públicos. La elevada tecnología permite el despliegue de esa
suntuosidad técnica, traducida en lujo para nuestras encogidas economías.
Ya en creciente campaña cuando los
faroles arreciaban su luminosidad -patente de la China- y se le abrían las puertas al
jolgorio político, nos correspondió intercambiar conceptos personalmente en su extensa
oficina del Palacio Presidencial en Taipei, con el Presidente Lee Ten Hui. Tema ineludible
era el de las elecciones. No podría vaticinar el mandatario -hombre de carisma y con doce
años de ser la primera autoridad de su país- cuál de los cinco candidatos sería electo
en el proceso en que tres de ellos eran favoritos parejos incluído el oficialista Vice
Presidente Lien Chan, fiel a la causa del Partido Nacionalista Kuomintang.
Pero Chan con todo el apoyo de la
maquinaria no disfrutaba la atracción hacia el pueblo, de Lee Ten Hui. Y eso seguramente
lo condujo a perder no siendo factor de repetición del partido. Ahora sólo cabe
desalojar al antiguo palacio de los gobernadores en la época de la ocupación Japonesa en
Taiwan y ser sólo asesor pues ese es el deseo, confesado por el mismo, del Presidente
actual.
Corría también en esos días del
mes de febrero, en el advenimiento del nuevo año lunar chino, epicentro de algarabía
multitudinaria y de dragones encendidos por los "rayos laser", la voz amenazante
de Beijing tenue, opacada por la celebración. Pero cuando ésta comenzaba a disiparse y
traslapaba con el desarrollo de la campaña electoral, el tono arreció haciéndose
sentir. "Si eso sigue se van arrepentir, les dolera", era el mensaje del otro
lado del continente chino.
Esas amenazas siempre ocurren cada
vez que hay un acto importante en el proceso de libertad de Taiwan, como el de las
elecciones", solía decirnos Lee Teng Hui. Cuando él fué candidato en las primeras
elecciones democráticas, lo mismo sucedió, razón por la cual no teme a lo que se ha
convertido en rutina ocasional.
Pero según nuestro criterio,
personalmente convencidos de la improbabilidad del ataque contra la misma, idéntica raza,
existe ahora un ángulo diferente: El ganador de las elecciones es el candidato
independiente, lleno de una fornida inclinación emancipadora, Chen Shui Bian, a quien
Beijing aplica el tiñoso calificativo de "bestia negra". Para llegarse a esa
conclusión, algo habría hecho el candidato triunfador. Por el momento su ideario ha sido
autorizado por el pueblo electoral.
Este no fue reducido al pánico por
Beijing, lo cual indica claramente la real vocación de ser absolutamente independientes
de Taiwan, República acostumbrada ya a vivir "su mundo", a confirmar con su
tenacidad laboral el sitio preferencial obtenido en el desarrollo económico. Un saldo
favorable de doce mil millones de dólares americanos en la balanza de pagos del mundo, es
un hecho incluido en el universo estricto de las cifras, inhabilitadas para mentir.
Taiwan ha desafiado a China
Continental y responde con el voto que está preparada para hacerle frente a cualquier
embestida del "gigante" por muy David que sea en tamaño ante su cercano Goliat.
Su primera reacción como ganador
confirma su postura: Inmediatamente, sin parpadear ante la hostilidad oral, confirmó su
repudio a la propuesta reunificadora de Beijing bajo el principio "una China, dos
sistemas".
"Debemos insistir en la
soberanía e independencia de Taiwan", sostuvo, agregando: "No es nuestro
trabajo, es nuestra misión".
La predisposición a defender la
pequeña y productiva tierra, tan precaria que le roba al mar y al cielo, debía recibir
el aplauso redondo y en el silencio de las altas montañas por donde pasa la laguna del
sol y la luna, el grave sonido de los tambores de los aborigenes.
Probablemente haya tirantez mientras
esté fresca la transición. El sentimiento general es que los Taiwaneses están
fastidiados de las amenazas del otro lado. Siendo poco probable la llamarada real de los
misiles exhibidos más de una vez, a China Continental le corresponderá regresar al nivel
y aceptar el resultado.
LA OPCION ES CALLAR Y
DEJAR A TAIWAN EN PAZ.
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