El Voto
del ciudadano Latinoamericano
Roger Guevara Mena
En nuestra latitud política
iberoamericana de conocida trayectoria de caudillos y hombres fuertes que han encarnado
con dureza y mano de hierro los intereses personales en nombre del estado, es
característico después de hace pocos años, la realización de periódicas elecciones,
en cuya dinámica de resultados se reflejan de una cierta forma el deseo de cambio de las
grandes mayorías de nuestros países, donde se han creado en distintas ocasiones grandes
expectativas renovadoras o revolucionarias, que en muchos y conocidos casos a lo largo de
nuestra historia como sociedades civiles no han quedado más que en ilusiones frustradas,
discursos retóricos y populistas, que al poco tiempo desembocan en tristes y aburridas
dictaduras personales encubiertas de partido político, pues los jefes de turno
acompañados de grupos de amigos de mediocre calidad, que vuelcan en la conducta de sus
gobiernos el cúmulo de sus complejos personales y debilidades, llegan a los puestos de
dirección por sumisión y servilismo, con sed de riqueza y poder, ánimo de venganza,
vocación de eternidad y con pésimo y deformado sentido de la gerencia del estado, han
dejado en muchos de nuestros pueblos una larga huella de vergüenza, dolor y miseria que
nadie quiere repetir.
De todos es conocido en la gran
mayoría de nuestros países, como esa nube de carisma y euforia por el nuevo caudillo,
que aparece como el predestinado nuevo Padre de la Patria, llamado a solucionar todos los
problemas de las grandes y miserables mayorías de nuestras naciones, pronto se desvanece
como pompa de jabón, dejando no solo el sabor amargo y frustrante de una nueva
equivocación sino también la huella de mayor miseria, nuevas deudas impagables y odios
acumulados entre distintas personas, familias y sectores de la vida nacional, que como
heridas mal cicatrizadas de nuestro tejido social, supuran y sangran posteriormente
aflorando sorpresivamente y sin explicación alguna en forma de vendetas y ajuste de
cuentas por motivos desconocidos mediante terribles homicidios cargados de terror y
crueldad, que refleja también la pobreza de nuestros valores colectivos del respeto por
la vida humana y los dramáticos y lamentables resultados visibles e individuales de los
engaños Nacionales.
Algunos dicen que por nuestra
herencia étnica tanto indígena como latina, incluyendo la centralización canónica de
nuestra cultura de raíz católica, constituimos un pueblo con amplia tolerancia y
permisividad política de los que se pretenden erigir en nuevos salvadores de la patria,
que dicen expresar la voz de los más pobres que no tienen y que después del acto
revolucionario o electoral nos abandonamos en brazos de los nuevos amos, quienes hacen del
Estado un botín de guerra que reparten a su gusto y antojo entre sus favoritos y
paniaguados, buscando en la administración del estado única y exclusivamente el
beneficio personal y alargando no solamente la lista de bienes inmuebles de dudosa y
reciente adquisición, sino también abriendo y engordando nuevas cuentas personales y
familiares en bancos extranjeros y participando a través de malabarismos jurídicos o
interpósitas personas en Inversiones locales e internacionales de alta rentabilidad.
Este cuadro de poder y servilismo,
marcado por la codicia y el temor pinta aún firmemente la panorámica de nuestra región,
que se debate en un mar de contradicciones entre el deber moral de gobernante y su equipo
y la corrupción reinante que alcanza casi todos los niveles de las instituciones
tradicionales de gobierno y organizaciones sociales, creando en el actual ciudadano común
latinoamericano un sentimiento de rechazo y desconfianza hacia lo que representan aún
cuando signifique un auto rechazo, por la pública denuncia y prueba constante de
ineficiencia y deshonestidad que les señalan cada día los medios de comunicación, que
no pueden ser completamente silenciados, pese al régimen de presión económica y auto
censura al que ciertos emisores de criterios se encuentran abierta o encubiertamente
sometidos en muchas de nuestras naciones.
Ciertamente que vivimos nuevos
tiempos, pues ya no existe el muro de Berlín, que marcaba la polarización interna de
nuestros países como consecuencia de la guerra fría, clasificando a los sectores
políticos en nuestra región entre demócratas y totalitarios,---Asi mismo de forma
accesoria y paralela a la movilidad internacional de los capitales, la globalización de
la información y las facilidades del transporte nos acercan como pueblos mucho más, lo
que nos descubre que han cambiado las reglas del juego político, pues la comunidad
financiera prestamista que rechaza por principio los golpes de estado, exige la seguridad
jurídica de las inversiones y reconoce únicamente para el cambio un método democrático
electoral transparente que garantice en su representatividad institucional el pago de lo
invertido y la paz social, lo que nos sitúa ante nuevas realidades políticas y
económicas electorales que toma el valor aritmético de sus resultados como condición
fundamental para ofrecer a nuestros países nuevos préstamos o cooperación al
desarrollo.
Estas realidades nuevas y diferentes
que se presentan ante el joven o adulto Ciudadano Votante Latinoamericano lo confronta a
la angustiante realidad del desempleo que en muchos de nuestros países alcanza niveles de
desesperación, creando en su conciencia la doble responsabilidad de obtener con su
trabajo el pan de cada día que lo mantenga sobreviviendo junto a su familia y la
obligación de adivinar entre los múltiples discursos y ofrecimientos de oportunidades de
los políticos viejos y nuevos que se presentan con multicolores cantos de sirena, quién
de ellos puede ser el receptor de su voto de confianza que pueda en poco tiempo y de forma
honesta y eficiente darle solución a la vía crucis que lleva por vida y hacerle menos
pesada la carga de la ya larga cadena de fracasos y retrocesos que han representado
nuestras impenitentes dictaduras, cuya huella aún viva y no totalmente desaparecida,
siembra confusiones para renacer, e impide con sus disfraces y propaganda ver con claridad
el rumbo de la vida pública o decidir y tomar de parte de cada uno de los ciudadanos de
nuestros pueblos.
*** El autor es abogado, analista
político, ex-embajador en la UE y Venezuela.
E. Mail rguevara@uam.edu.ni
|