GENIO,
AMIGO Y MAESTRO
Ignacio Briones Torres
Andábamos muy
activos, allá por 1973-75, atareados junto con otros numerosos colegas del continente en
la creación de la Federación Latinoamericana de Periodistas, cuando conocí a Gabriel
García Márquez en México. Me lo presentaron Genaro Carnero Checa y Gregorio Selser.
Gabriel era un activista voluntario de la lucha contra la dictadura de los Somoza y para
aquella época ya percibíamos la victoria, aunque faltaran años para consumarla.
La Asociación de Periodistas de
Venezuela (APN) que más tarde se convertiría en el Colegio que hoy existe y el Sindicato
de Periodistas Mexicanos suscribieron un convenio orientando su acuerdo en hacer realidad
el viejo ideal de tener una Federación que aglutinara lo mejor del gremio en
Latinoamérica.
Este ideal había nacido en
Montevideo, Uruguay en 1950. En un Congreso, celebrado ese año, Genaro y otros
distinguidos colegas habían planteado la urgencia de crear la Federación; pero
cometieron el error de invitar a unos norteamericanos que se apropiaron de la idea,
solicitaron que la próxima reunión se hiciera en Nueva York y los colegas aceptaron.
Llegada la fecha las autoridades migratorias estadounidenses negaron la visa de entrada a
Carnero y a Carlos Rafael Rodríguez, ex vicepresidente de Cuba, debido, decían, a que
ambos eran "agentes comunistas". Tras la negatoria del visado los encerraron en
Ellis Island mientras duró el Congreso. Mientras los dos colegas permanecieron
prisioneros los norteamericanos -que eran empresarios- fundaron la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP) desvirtuando los objetivos originales de la idea creadora de la
Federación.
Pasaron los años y los periodistas
venezolanos y mexicanos asumieron el proyecto y todos cuantos participábamos de él
empezamos a trabajar sin descanso para hacerla realidad.
En 1976 gobernaba Venezuela el Dr.
Carlos Andrés Pérez y México el Dr. Luis Echeverría. Ambos nos ayudaron mucho. Para
ese entonces varios gobernantes continentales habían negado sus países para que
sirvieran de cuna a la Federación. Temían molestar a los magnates gringos del
periodismo. Hasta Torrijos expuso sus razones para la negativa. Y seguimos bregando.
Finalmente para acabar esta referencia, Carlos Andrés abrió las puertas de su país y en
Caracas se fundó la FELAP ratificado después su nacimiento en México donde firmamos el
acta fundacional y establecimos la sede.
A la fundación de FELAP nos
acompañaron los colegas Eduardo Alvir y Manuel Eugarrios, también fundadores.
En México funcionaba ya el Comité
de Solidaridad con Nicaragua dirigido por Telma Nava. Telma me dijo que un escritor
colombiano de nombre Gabriel García Márquez, era uno de los más entusiastas
simpatizantes y colaboradores del Comité y me sugerió amistar con él. El resto lo hizo
Genaro Carnero Checa. No le quise decir a Telma que yo había leído ya varias obras de
Gabo, partiendo de su celebre "Cien Años de Soledad".
A la admiración por el gran
escritor sumé mi gratitud como combatiente antisomocista.
Una mañana fuimos a colocar una
corona en el Monumento a los Héroes en el Distrito Federal, acto que Gabo compartió con
una trenada de periodistas latinoamericanos. Lógicamente él era la figura principal
entre todos nosotros.
Después vendría la fundación de
su famosa Escuela en su Colombia natal. Su afirmación de que el periodismo es el mejor
oficio del mundo y todo lo demás. La Escuela, entiendo, tiene todo el sello de su
concepción del oficio y de su personalidad. Recién ha ido a ella nuestra directora
general la Elsita quien antes de emprender viaje me dijo que "ardía en deseos de
conocer a Gabo". Y lo logró. Gabriel le hizo un obsequio que creo conserva como un
relicario.
Junto con la triste noticia de que
el Maestro está atacado por un cáncer, la BOLSA publicó hace dos días el
extraordinario mensaje de Gabriel titulado MARIONETA. ¿Lo leyeron? Ahí está retratado
el hombre de cuerpo entero. Su fé en la vida y en los hombres y la aceptación de su
destino sin una sóla palabra de amargura. Los robles mueren de pie había escrito
Alejandro Casona y ésto será siempre verdad.
¿De dónde sacó Gabo esa ternura
trasunta en su artículo cuando se enfrenta a una enfermedad que a otros agobia? Sin duda
de su grandeza como hombre y como pensador. Su escrito nos demuestra que sólo los
intelectuales de su talla son inmortales. Y que lo que se escribe no se lo lleva el viento
sino que se esparce como semillas fecundas en las mentes de otros hombres. Por eso el hilo
de la cultura nunca será cortado. Y ella seguirá siendo la que modele todas las vidas
humanas.
Oigan, o mejor lean: "Dios
mío, si yo tuviera un trozo de vida...no dejaría pasar un solo día sin decirle a la
gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis
favoritos y viviría enamorado del amor... A los hombres les probaría cuan equivocados
están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando
dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a
volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el
olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes
los hombres...he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de montañas, sin
saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que
cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera el dedo de su
padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre únicamente tiene
derecho de mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse"...
Es poco, muy poco decirle a Gabo que
en este rinconcito de Nicaragua habemos muchos que le queremos, admiramos y compartimos su
pena como propia.
Pero más que esto nos disponemos a
seguir sus huellas.
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