LOS
COLECCIONISTAS DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
"Hubieran sido perfectos mis
ratones para el viejo chismoso de la Busca del Tiempo Perdido, verdad, mamá?" me
comenta mi hija Elizabeth chineando a Gabo y Mercha, su pareja de obesos ratones blancos.
El "viejo chismoso" a quien se refiere es a Marcel Proust, el novelista francés
que adoraba coleccionar ratones para luego eviscerarlos. A lo largo de la historia, muchos
grandes personajes se dieron a la tarea de coleccionar los objetos y momentos más
variados, convirtiéndose en coleccionistas compulsivos.
Aurangzeb, monarca de la India
perteneciente a la dinastía mugala, era el hijo de la muy bien avenida pareja de Sha
Jehan y su esposa Mumtaz Mahal(la mujer que motivó la construcción del bellísimo Taj
Mahal). Era fanático musulmán, pero en sus pocos ratos libres era un apasionado
estudiante de la taxidermia.
De esa forma, Aurangzeb logró
disecar a numerosas especies para su colección, entre ellos 7 preciosos murciélagos de
hocico azul, los cuales hoy ya están extintos y los pudimos conocer gracias a la
colección del emperador taxidermista. En nuestro siglo, Marcel Proust descolla como un
coleccionista de ratones para fines de tortura, y Daniel de Armati adoraba desde chico
coleccionar cucarachas.
Cuando era apenas un preadolescente
quiso enamorar a una prima regalándole unos cuantos ejemplares, lo cual motivo que la
chica casi se muriera de un infarto al abrir el paquete de obsequio. Felipe de Borbón, el
hermosísimo Duque de Orléans que quedó de regente de Francia a la muerte de su tío
Luis XIV, sentía pasión por los insectos. También coleccionaba monedas de todos los
países, además de hermosas mujeres para su lecho. La hermosa reina de Cerdeña Leonor de
Arborea coleccionaba halcones vivos, les daba vida de reyes y hasta hizo leyes para
protegerlos. Era experta en cetrería.
Yukio Mishima, gran novelista
japonés, era un coleccionista nato. Cuando comenzó a hacer fisicoculturismo,
coleccionaba trajes deportivos y zapatos para hacer ejercicios, llegando a tener hasta 80
pares de sneakers y 700 calzonetas de spandex en un momento dado.
No fue lo único que coleccionó en
su vida, pues también sentía pasión por las espadas antiguas usadas por los samurais, y
su idolatría por los gatos no conoció límites. Llegó a tener hasta 20 micifuces de las
más bellas razas, a los cuales alimentaba con una dieta de filete, salmón ahumado y
langosta. Jawaharlal Nehru, padre de la independencia de la India, sentía una galopante
fascinación por los animales, y entre él y su hija Indira llegaron a tener tigres,
pandas, lagartos, ardillas, perros, gatos, loras, faisanes y tortugas en un genuino zoo
casero.
Otros personajes se dieron a la
tarea de colectar cosas más inverosímiles. Giovanni Jacopo Casanova, el playboy más
célebre de todos los tiempos, fue un coleccionista no solo de mujeres, sino que muchas
veces se quedaba con vellos púbicos de sus amantes como reliquia de momentos
inmencionables.
El zar Pedro I de Rusia era un
dentista aficionado, y nadie podía escaparse de su macabra tenaza cuando quería
"brindar consulta." De esa forma, su colección de muelas y colmillos humanos
llegó a calcularse entre 300 y 400 piezas. El rey inglés Jorge III, destinado a quedarse
loco gracias a una mosntruosa porfiria, coleccionaba modelos de barcos, monedas y
medallas, mientras que el desafortunado Carlos I Estuardo (decapitado por orden de
Oliverio Cronwell) era adicto a las pinturas al óleo, particularmente si eran de Van
Dyck.
Otro loco por las obras de artes fue
el Loco Luis II, rey de Baviera, quien además coleccionaba amantes homosexuales. Carlos
IV de España era un rey pusilánime y cornudo que se distraía con su colección de
relojes mientras su fea y lasciva esposa, María Luisa, coleccionaba amantes como los
hermanos Luis y Manuel Godoy, el Conde de Lancaster y un viejo apellidado Pignatelli.
Federico Guillermo, papá de nada
menos que del célebre Federico II de Prusia, armó un ejército estupendo coleccionando
hombres que midieran más de 6 pies de estatura. Era adicto a los gigantes cheles, sonsos
y dóciles, y su latente homosexualismo fue heredado por el fabuloso Federico, quien a
pesar de su manito caída tenía talento para casi cualquier cosa.
Eduardo II, el amariconado hijo del
monarca inglés Eduardo I Pataslargas, coleccionaba muchachos para amantes y perritos
falderos a los cuales decoraba con encajes, mientras que el monarca inglés Enrique VII
coleccionaba propiedades confiscadas a los que se negaban a pagar sus impuestos leoninos.
Su hijo Enrique VIII habría de coleccionar mujeres para su lecho y las cabezas de todos
aquellos que se negaban a obedecerle.
Leonardo da Vinci coleccionaba
cadáveres para disecarlos y compraba avecillas en el mercado para coleccionar momentos
gratos al momento de dejarlas ir hacia su libertad abriendo las jaulas en las afueras de
Florencia.Tanto Eduardo VII como Carlos II Estuardo de Inglaterra coleccionaron amantes,
mientras que Luis XV de Francia les hizo competencia con su infame prostíbulo privado del
Parque de los Ciervos.
La contraparte femenina en cuanto a
colección de amantes las dieron las reinas Margot de Valois de Francia, Catalina I de
Rusia(la viuda de Pedro I que comenzó su vida amatoria como humilde prostituta),Catalina
II (cuyo marido, el tarado Pedro III coleccionaba soldaditos de juguete), Isabella de
Angulema(esposa de Juan Sin Tierra de Inglaterra) y la ñoña Isabel II de España.
Cristina de Suecia se antojó de coleccionar genios, entre ellos a Renato Descartes como
pieza clave, y Edgard Allan Poe guardaba las botellas del licor que tanto bebía.
El rey portugués Alfonso de
Braganza coleccionaba momentos sádicos porque le gustaba salir de noches a cometer
crímenes y organizar orgías, mientras que a la bailarina negra estadounidense Josephine
Baker le dio por coleccionar niños al verse frustrada en su intento de ser madre. La
Baker llegó a adoptar hasta 11 niños de diferentes razas. Imelda Marcos, esposa del
dictador filipino Ferdinand Marcos, coleccionaba zapatos lujosos y los zares Nicolás II y
Alejandra gastaban buenas sumas en huevos enjoyados de Fabergé mientras el pueblo ruso
comía filete de aire con rebanadas de viento.
El rey Mongkut de Siam coleccionaba
libros en inglés y fue uno de los monarcas más ilustrados de su tiempo, mientras que una
adolescente gringa llamada Nan Britton coleccionó tantas fotos del presidente Warren
Gamaliel Harding que casi se muere de la emoción cuando por fin se vio en el lecho con
él como su querida estelar.
Mientras José Stalin y Winston
Churchill coleccionaban puros, la historia registra al genial irlandés Oscar Wilde como
coleccionista de chicos de placer y recetas de cocina, pero el zar ruso Alejandro II lleva
el triste distintivo de haber coleccionado un buen número de atentados contra su vida
hasta que se lo despacharon con una bomba en marzo de 1881.
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