| A MI MANERA |
DR. JUSTO
PASTOR ZAMORA, UN EJEMPLO A SEGUIR |
| Angela Saballos |
Saber
educar a sus hijos es uno de los problemas que enfrentan madres y padres responsables.
Queremos que nuestra progenie logre metas que quizás alguna vez no logramos para
nosotros. Pero a veces se nos dificulta impulsarlos. No hay escuelas para padres. Sin
embargo, hay ejemplos a seguir. Uno de estos es el Doctor Justo Pastor Zamora.
El Doctor Justo Pastor Zamora
Herdocia siempre me ha parecido una persona especial por su carácter tan
extraordinariamente afable. Se notaba sonriente, contento, desde que lo veía, allá por
los años setenta,en diferentes facetas de su trabajo como médico. Su clínica de
rehabilitación fue la primera que se instaló en el país cuando él regresó de México
tras sus estudios de postgrado y enmedio de una epidemia de polio que asoló Nicaragua.
El, mejor que muchos, sabía lo que
significaba esta enfermedad en un niño pues una de sus cuatro hijos desarrolló polio
tras una vacunación. Un caso entre mil. De esta manera él transformó una crisis en
oportunidad ya que se convirtió en especialista en rehabilitación y ayudó a su niña y
desde entonces a miles más que han aprovechado su experiencia.
En los años ochenta me relacioné
con Martha Zamora, su hija y me pareció una mujer de gran entereza e inteligencia. Capaz
de encontrar grandes soluciones a grandes problemas, montó la feria del maíz en
Nicaragua al momento de faltar -por el bloqueo- la harina de trigo para el pan. Filósofa,
historiadora, socióloga, mujer de negocios,orfebre, poeta, Martha fundó el Colegio
Pierre y Marie Curie y ahora dirige la casa de cambios Lafise.
Luego descubrí que además de
Martha, el resto de hijos de este médico, junto con Carmen Llanes de Zamora, su señora,
son ciudadanos laboriosos e interesados en el desarrollo de la nación. Y así vemos a
Lorena, una arquitecta destacada, a Roberto, fundador de Bancentro y Lafise y a Enrique
con su isleta y el turismo. Gente emprendedora y éste es uno de los principales legados
que puede entregar un padre a su país.
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En la gráfica podemos
apreciar a Lorena, Doña Carmencita, Roberto, Justo Pastor y Enrique |
La capacidad de lucha de estos
ciudanos, es una herencia directa del Doctor Zamora Herdocia, quien huérfano de padre en
León, logró bachillerarse en el Pedagógico de Managua. Cuenta que él con muy pocos
dólares en el bolsillo, decidió viajar a San Francisco, California a estudiar medicina.
Para lograr los miles que costaba el semestre de enseñanza, trabajó dos turnos, 16
horas, hasta que un amigo lo convenció de irse a México donde la enseñanza, con la
revolución, era más accesible.
Zamora Herdocia considera que el
ejemplo de los padres es fundamental para los hijos. "Ellos veían que yo podía
pasar tres días seguidos trabajando sin salir del hospital. Ellos fueron testigos
presenciales de cómo su padre trabajó y esto crea una escuela de responsabilidad en la
vida. También es importante el respeto. El respeto con la esposa, respeto con los hijos.
Esto significa no hablar ofensivamente con el muchacho, o niño, darles el cariño, el
amor y la ternura que corresponde según sus edades, ayudarlos y apoyarlos en la escuela,
revisar sus trabajos de matemáticas, de oratoria,ver sus problemas, consultar con
ellos", dice.
A cada uno de ellos les dió un
poema que considera punto de referencia en la educación de un hijo y que lo recita en
cada ocasión que puede: "Trabaja joven sin pensar,trabaja. La frente honrada que en
sudor se moja, jamás ante otra frente se sonroja, ni se rinde servil a quien la ultraja.
Tarde la nieve de los años cuaja, sobre quien lejos su ignorancia arroja, su cuerpo al
roble, por lo fuerte enoja y su alma al inmundo lodazal no baja. Si comes este pan, serás
tu dueño. Mas si al ocio ruedas y al abismo, todo serlo podrás, menos tú".
Sobre su trabajo como ortopedista,
él considera que Dios lo trajo como predestinado porque no había nadie preparado para
esa especialidad," fui el primero en llegar a este ambiente. Tuve el apoyo de muchos
ortopedistas", recuerda.
Explica que es alegre como persona
tal vez porque tiene " una íntima convicción de verme realizado como persona y como
profesional.en mi carrera de medicina, que estudié porque la llevo en mí. Mi abuelo
materno era médico graduado en los Estados Unidos, otro hermano de mi madre también era
médico y cirujano y había ejercido como Director del Hospital de San José California.
Otros tíos por mi padre. Yo admiraba la medicina".
"El sentirme médico significa
ser parte de las soluciones que da Dios a la humanidad, el poder servir a su prójimo con
más eficiencia en los casos más difíciles, más dolorosos. El poder ayudar a alguien,
en la disciplina profesional médica en la que tú te has entrenado.Es indescriptible la
satisfacción interior que siento cuando ayudo a alguien a mejorarse. Primero
cristianamente, cumpliendo una misión realmente religiosa, segunda la misión especial de
sanar según los daños reversibles o irreversibles. Son premios interiores para el
alma", dice Zamora
"Tengo un regocijo interior en
mi alma cuando a hombres que tienen amputado su brazo y la mitad de sus antebrazos y que
se les puede poner una prótesis y después verlos con su personalidad recuperada,
manejando perfectamente bien esos grandes camiones. Esos casos me han impactado. No están
en plan de mendigos, han superado todo, han recuperado ambas manos. Hay casos reversibles.
Por ejemplo, cuando alguien tiene una parálisis facial y no se puede reír, puede cerrar
el ojo, pero le da uno su tratamiento y dos semanas después, está perfectamente bien.
Las parálisis faciales vienen por enfriamente principalmente. Gente que se duerme con un
abanico directo, también cuando la gente abusa del alcohol", relata.
Tras cincuenta años de casado con
"Carmencita", dice que para lograrlo hay que evitar pelear con demasiada
frecuencia, disimular muchísimo "porque hay atropellos en la vida que pudieran
merecer disgustos serios".
Insiste que a un ser humano lo
degrada el vicio. El Dr. Zamora considera que lo básico en la vida es autorrespetarse,
respetar su ambiente, identificarse y cumplir con las leyes morales y espirituales de la
vida y siempre primero el trabajo que hay que cumplir.
Un cristiano que comulga diario el
Dr Zamora dice que ya no tiene vicios. " Fumaba y me alegraban la vida las
muchachas,! caramba! Era ojo alegre! Pero yo soy un servidor de Dios y de la
sociedad", reitera.
"A los jóvenes les digo que no
se destruyan. Que lo que uno es en la vida, bueno o malo, uno es el forjador de su propio
destino. Uno es culpable de lo que haga o no haga, por el bien de sí mismo, de su familia
y de la nación porque allí repercute todo lo que hagamos, bueno o malo, va a todos los
connacionales. A los médicos que sigan en su mística y que consideren al pobre",
aconseja mientras sonríe como siempre.
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