HACE 20 AÑOS FUE ASESINADO OSCAR ARNULFO ROMERO.
César Padilla
Hace 20 años, una bala asesina, con
nombre y color partidario rompió el estuche de amor en que se había convertido el
corazón de OSCAR ARNULFO ROMERO Y GALDAMEZ y por esa rehendija se escapó el alma más
noble, fuerte y franca de la historia salvadoreña.
*** Las investigaciones concluyeron
que la orden final salió de los labios del ex-mayor Roberto D'abuisson y ejecutada por un
sujeto de apellido Cisneros, uno de los personajes con mejor puntería del ejército.
OSCAR ARNULFO ROMERO Y GALDAMEZ,
nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel el 15 de agosto de 1917. Se ordenó
sacerdote en Roma, el 4 de abril de 1942 y la primera parroquia que atendió titularmente
fue la del pequeño poblado de Anamorós en el departamento de La Unión.
Llegó a San Salvador donde ingresó
al Episcopado y con el grado de Monseñor regresó a San Miguel como párroco de San
Francisco y Obispo Auxiliar de San Miguel. En 1974 es nombrado Obispo de Santiago de
María, Usulután y al cumplir 59 años, en 1977, es elevado al rango de Arzobispo de San
Salvador.
Nosotros le conocimos en San Miguel,
cuando dirigía Radio Pax y cursábamos la carrera de periodismo en México D.F.; era 1961
y estábamos de vacaciones. Visitábamos Radio Pax y Oscar Arnulfo nos invitó a pasar un
par de días para que conociéramos el trabajo Mariano regional que con algunos
periodistas de San Miguel, Morazán Usultán y La Unión llevaban a cabo en la zona
oriental.
Era extraordinario, cómo aquel
programa creado y dirigido por un sacerdote inclaudicable, mariano de pura cepa, no
mostraba ni pizca de religioso. Oscar Arnulfo todavía tenía bríos juveniles y en la
radio católica introdujo música de moda de la época.
Cuando nos retiramos de San Miguel
nos entregó como recuerdo personal una cámara Canon profesional. Fue nuestra primera
cámara de trabajo. Aún la conservamos allá en El Salvador. Le perdimos vista hasta 1974
y lo re-encontramos en Santiago de María. Ya éramos profesionales de la comunicación
con actuaciones reconocidas internacionalmente y él todo un jerarca católico al que no
se le había borrado "la sonrisa de pescado", que una vez le confiamos, le
habíamos apodado.
Para nosotros seguía siendo el
mariano por excelencia. Sacerdote de rango con humildad de santo incapaz de levantar su
voz para reclamar. Hasta que las fuerzas del sistema establecidas comenzaron a perseguir a
los sacerdotes comprometidos con la redención de los pobres y mataron a un sacerdote
querido por todos y gran amigo de Ocar Arnulfo: Rutilio Grande.
Entonces la voz del pastor comenzó
a escucharse con fuerza de trueno. Muchas veces, muchos domingos, las tropas formaron
filas para dirigirse a la Catedral con la orden de aplastar aquella voz que hacía temblar
conciencias y muros de odio y opresión.
Los tres años de apostolado social,
revolucionario, espiritualmente revolucionario, socialmente revolucionario, poniendo al
Dios Omnipotente frente a las necesidades materiales del hombre y la mujer y exigiéndole
soluciones. Gritando la injusticia del sistema y sus directores. Denunciando asesinatos,
violaciones, barbaries indescriptibles en cualquier parte del mundo...hasta que la bala de
Cisnero, impulsada por D'aubuisson llegó desde un costado de la capillita de los
cancerosos de la Divina Providencia.
Oscar Arnulfo había finalizado la
homilía dedicada al alma de la madre de Jorge pinto hijo, director-propietario de EL
INDEPENDIENTE, diario casi clandestino en el que prestábamos nuestra colaboración como
Jefe de Información. Cuando Oscar Arnulfo abrió los brazos para el Ofertorio, la
pequeña nave de la muerte entró en su corazón e hizo eco de esperanzas.
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