LAS
TRIVIALIDADES MAS INCREIBLES DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
Jumbo tras ser atropellado por la locomotora.
Uno de estos sábados, mis alumnos
adolescentes de Redacción y Lectura del Colegio Americano quedaron espeluznados al saber
del triste destino final de animalitos célebres como Laika la Perra Astronauta o Jumbo el
Elefante Más Lindo del Mundo. Pero la realidad es que muchos textos de historia con los
cuales nos aburren de forma somnífera en el aula dejan de fuera algunas de las
trivialidades más interesantes y por ende increíbles de la historia.
Laika fue el nombre de una perrita
que tuvo la mala sal de ser pepenada de las calles para ser engalanada como la primera
cosmonauta de la historia. En noviembre de 1957 los soviéticos la habían lanzado al
espacio para probar que se podía mandar a un ser vivo allá.
Mientras los gringos no salen del
asombro y comienzan a acelerarse para competir en la carrera del espacio entre ellos y
Rusia, un macabro detalle se escapa a los titulares: Laika jamás regresará a casa dado
que su retorno no estaba presupuestado.
Laika(o la huesera que haya quedado
de ella), al igual que un pobre mono que luego viajó en circunstancias similares, sigue
dando orbita a la tierra...confirmándose así que el ser humano es la bestia más
desalmada y malagradecida de todas. El bellísimo elefantote Jumbo, quien para muchos fue
la superestrella circense más grande no sólo del siglo XIX sino también de toda la
historia, no pudo ni descansar en paz tras su aparatosa muerte un 15 de septiembre de
1885, cuando una locomotora extraviada se lo pasó llevando en Ontario, Canadá.
Lógicamente, su dueño (el
empresario gringo Phineas T. Barnum), lloró como plañidera sobre su cadáver, pero como
el show debía seguir adelante optó por disecar a Jumbo para seguirle sacando plata aún
después de finado, exhibiéndolo junto a la elefanta que había sido la compañera del
gigantesco elefante. La huesera de Jumbo aún puede verse en un museo norteamericano, y la
historia de este precioso ejemplar africano sirvió para que Walt Disney creara al dulce
Dumbito que vuela con las orejas... una caricatura que sigue produciendo megadólares.
No todas las trivialidades
interesantes de la historia nos dejan regusto a lágrimas, y a veces las cosas cotidianas
tienen orígenes estrambóticos o cómicos. Los yoyos, esos juguetes tan apreciados por
los chicos, han existido desde hace miles de años, y en Grecia adornaban con sus figuras
las vasijas. En Francia en el siglo XVIII, eran hechos de marfil y solo los podían
comprar los aristócratas. En las Filipinas los cazadores los usaban de armas para atrapar
animales, y en la década de los 20 en el siglo pasado, Donald Duncan redescubrió el
juguete-arma filipino, convirtiéndole en bestséller. El nombre yo-yo significa ven, ven,
y es exactamente lo que ha hecho el yoyo a través de la historia.
Muchas veces al ponernos un par de
blue jeans, ni se nos ocurre preguntar cómo salieron a luz estas prendas de vestir tan
cómodas. Pues resulta que para la Fiebre del Oro que se da a mediados del siglo pasado en
California, un inmigrante judío no pudo encontrar suficientes pepitas de oro, pero se dio
cuenta que los mineros se quejaban de que en las entrañas de la tierra, entre tanto polvo
y sudor, sus pantalones no les duraban nada.
Levi Strauss compró tela de lona
para forrar diligencias, la tiñó de azul oscuro para que fuera cubretierra, y dio a
hacer esta tela en pantalones con un sastre de confianza. De esta forma, los jeans
nacieron como ropa para obreros y mineros, y hasta la década de los 50 del siglo pasado,
era un bochorno que un caballero de fina estampa o una chica bien se los pusiera. Hoy en
día desde reyes hasta mendigos los andan, y la iniciativa que le reportó buen dinero al
judío Levi Strauss fue continuada a su muerte por sus sobrinos hasta llegar al emporio de
vestuario que Levi´s es hoy en día.
Cada vez que desayunamos con una
humeante taza de café y un delicioso cachito de pan de hojaldre, ni nos imaginamos que
tenemos abundante historia sobre la mesa. El café fue una bebida que los turcos siempre
apreciaron, y era inevitable que tras las Cruzadas, esta bebida llegara a Europa. Los
fanáticos cristianos afirmaban que era una bebida diabólica debido a que los
"asquerosos infieles otomanos" la habían popularizado.
Pero el papa Clemente VIII decidió
que la bebida era tan deliciosa que habría forma de burlar al diablo, y la hizo preparar
con agua bendita para "sacarle el maleficio y bautizar su sabor". Por otro lado,
el cachito de hojaldre llamado croissant no es francés a como se cree (aunque los más
ricos son Made in France), sino austríaco. En 1683, Viena se vio sitiada por los
otomanos, quienes tenían como emblema la media luna del Islam.
Los panaderos, quienes siempre han
sido madrugadores, espiaban los movimientos de los enemigos y los delataron cuando los
turcos quisieron entrar a Viena mediante túneles. Los turcos no pudieron sostener el
sitio por mucho tiempo y se largaron como perros sopapeados, pero la media luna del Islam
inspiró a los panaderos patrióticos para celebrar creando una nueva delicia: el
croissant!
Muchas cosas que tomamos como
netamente gringas no lo son. Las hamburguesas deben su nombre a la ciudad puerto germana
de Hamburgo, donde fueron creadas en los muelles para alimentar a los marineros cuando
regresaban ansiosos de carne fresca y pan sin moho. El famosísimo Hot Dog también es
germano, siendo el chorizo una copia bastante exacta de los graciosos perritos alemanes
Dachsunds (salchichitas). En la primavera de 1906 los Gigantes de Nueva York están
jugando.
El caricaturista Tad Dorgan está
viendo el juego cuando oye a un vendedor anunciando "Cómase un Dachsund al rojo
vivo"! Estos chorizos habían arribado a América con la fuerte ola migratoria de
alemanes desde 1850. Dorgan se come uno y se divierte pensando en el nombre, pero dado que
Dachsund suena demasiado complicado, le indica al vendedor que grite mejor,"Perros
calientes"!
Quizás una de las trivialidades
más espeluznantes de la historia sea el hecho de que el presidente gringo James Garfield
pudo haber sobrevivido a su atentado si tan sólo lo hubieran dejado tranquilo con la bala
adentro. En julio de 1881, Garfield recibe una bala de Charles Guiteau, quien lo odia
porque nunca le dio un cargo público. Los galenos pasarán 80 días tratando de sacarle
la bala al mandatario.
Uno de ellos inserta una sonda,
creando una herida cuya trayectoria confundirá a los otros médicos. Otro mal hijo de
Hipócrates mete su mano hasta la muñeca y accidentalmente perfora el hígado del
presidente. Alexandre Graham Bell, el inventor del teléfono, usa un rudimentario detector
de metales para hallar la bala. Pero este detector se ve engañado por un resorte
metálico de la cama donde yace el adolorido Garfield, y los doctores, creyendo que
hallaron la bala, operan en el sitio equivocado. Tras la muerte de Garfield por fin se
encuentra la tal bala, que está alojada en un sitio donde no causaba peligro alguno
contra la vida de Garfield, con lo cual se prueba que algunas veces, ir al médico puede
ser fatal.
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