| ¡Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá!
Por Roberto Zelaya Blanco
La escalada militar soviética en
Afganistán se realizó durante el segundo semestre de 1979. Cuando acusaron a los
dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), de intervenir flagrante y
descaradamente en los asuntos internos de dicho país, estableciendo la adecuada simetría
con la participación de tropas de combate norteamericanas en el conflicto vietnamita,
aquellos expresaron cínicamente, "no es una intervención militar, sino una
manifestación palpable del internacionalismo proletario".
Esa respuesta es bastante parecida a
la que manifestara en 1968, Leonid Brezhnev, Secretario General del Comité Central del
PCUS, después que las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoeslovaquia, poniendo
punto final a la "Primavera de Praga", iniciada por Alexander Dubcek. "No
es una intervención militar en los asuntos internos de Checoeslovaquia, sino una ayuda
fraterna y solidaria suministrada por los hermanos socialistas para evitar el regreso del
capitalismo. Además, todo miembro del Pacto de Varsovia dispone de una soberanía
limitada", algo que escandalizó a las cancillerías occidentales, las que no pasaron
de protestas y condenas líricas por dicha invasión.
Cuando los sandinistas tomaron el
poder por la vía de la violencia revolucionaria, siempre que cantaban el respectivo himno
en bases, cuarteles y centros de detención, coreaban unos cuantos slogans. Uno de estos
era: ¡Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá! Esto significaba que estaban dispuestos
a manifestar su internacionalismo proletario respecto a dicho país, exportándole la
revolución, es decir, armas, municiones, artefactos terroristas y "voluntarios"
debidamente entrenados y equipados.
Los que estuvimos detenidos desde
los primeros días del poder sandinista en las instalaciones de la antigua Central de
Policía de Managua, rebautizada, Centro de Detenciones "Ajax Delgado", fuimos
testigos de los entrenamientos a que sometieron en sus predios a unos 300 individuos, los
que por su aspecto parecían campesinos. El entrenamiento consistía en armar y desarmar
fusiles Garand de fabricación norteamericana, utilizados durante la Segunda Guerra
Mundial; disposición de escuadras para tender diferentes tipos de emboscadas; colocación
de minas antipersonales; elaboración de trampas caza-bobos. Algunas veces los sacaban en
autobuses, posiblemente para realizar prácticas de tiro y marchas de fatiga en lugares
cercanos a Managua.
El entrenamiento de todos estos
individuos estaba a cargo de personal militar y policial panameño. Estos tenían sus
oficinas en módulos prefabricados del Centro "Ajax Delgado". Sus jefes eran los
Coroneles Rubén Darío Paredes y Manuel Antonio Noriega, incluyendo a un capellán
militar, Carlos Javier Villalobos, sacerdote comprometido con la Teología de la
Liberación. Entrenaron también a los miembros de una banda de guerra y participaron en
interrogatorios de los detenidos prisioneros políticos-, a los que sometieron a
toda clase de maltratos y violencias físicas.
A finales de agosto de 1979, tuvo
lugar la ceremonia de graduación de ese primer contingente de internacionalistas
nicaragüenses. Como a las 3:00 A.M. del día señalado, despertaron a los voluntarios,
los que con ropas nuevas, sombreros y botas formaron en los patios, equipados con los
fusiles Garand. A los pocos minutos llegó una caravana de vehículos con fuerte escolta
de uniformados sandinistas. Bajaron y se sentaron alrededor de una tarima:
Violeta Chamorro, miembro de la
Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional; Humberto Ortega Saavedra, Comandante del
ejército popular sandinista; Tomás Borge Martínez, Ministro del Interior; Rubén Darío
Paredes, Manuel Antonio Noriega y Carlos Javier Villalobos, miembros de la misión de
asistencia militar panameña. Debido a la existencia de varios parlantes que instalaron el
día anterior, los detenidos nos enteramos de lo que hablaron los diferentes oradores.
Primeramente habló el sacerdote
Villalobos. Este expresó más o menos- que era menester abandonar el concepto
socrático de la muerte considerada una liberación-, porque era el criterio
utilizado por los opresores y explotadores para mejor sojuzgar a los pobres. La verdadera
liberación afirmó-, hay que alcanzarla en esta vida con las armas en las manos,
como la alcanzaron recientemente los nicaragüenses. Felicitó a los voluntarios que en
breve partirían para liberar un país hermano, victima de la explotación de un grupo de
familias y de sus protectores, los círculos más agresivos del imperialismo yanqui.
Después hablaron Humberto Ortega
Saavedra, Tomás Borge Martínez y Violeta Chamorro. El discurso de los tres fue bastante
coincidente. Mencionaron que Nicaragua tenía una deuda de honor y de gratitud con el
movimiento revolucionario mundial, porque fue gracias a la ayuda de los internacionalistas
que se alcanzó la liberación del somocismo y del imperialismo yanqui, afirmando que en
El Salvador, 14 familias eran las que se beneficiaban de lo que producían 4 millones de
trabajadores, los que además eran salvajemente reprimidos por el ejército, la policía y
la guardia fiscal de hacienda, agregando que con ese primer contingente de
"voluntarios" que en breve se incorporarían al proceso de liberación nacional
del pueblo salvadoreño, Nicaragua comenzaba a pagar parte de esa deuda que tenía con la
humanidad progresista, terminando cada intervención con el slogan, ¡Si Nicaragua
venció, El Salvador vencerá!
Todos sabemos que en El Salvador,
fracasó el terrorismo internacional en sus afanes y propósitos por apoderarse de este
país. Cuando estaba en las ergástulas sandinistas, muchas veces discutía con oficiales
de la Guardia Nacional de Nicaragua la situación con que se enfrentaron ellos en su lucha
contra los sandinistas y la que tenían sus homólogos salvadoreños.
El capital tradicional nicaragüense
nunca consideró que la oficialidad de la Guardia Nacional de Nicaragua era su brazo
armado de clase, porque provenían de los sectores medios o bajos de la población,
mientras que en El Salvador sí se daba esa identidad. Anastasio Somoza García procedió
con un criterio bonapartista, convirtiendo en coroneles y generales del ejército a
soldados, cabos y sargentos, los que favorecidos con negocios y rápidos procesos de
capitalización, eran socialmente rechazados de los círculos tradicionales por su origen
humilde, situación que no se daba en El Salvador.
La burguesía uniformada fue
rechazada de plano por los capitalistas nicaragüenses, cometiendo el gravísimo error de
aliarse con los sandinistas para terminar con Somoza y la Guardia Nacional de Nicaragua.
Este proceso de rechazo de esa nueva componente de la burguesía se está dando
actualmente en Honduras, donde durante los años 80 se fortaleció el sector militar y los
oficiales han incursionado con éxito en el mundo de los negocios por la gran ayuda
recibida de los Estados Unidos.
Debido a que en El Salvador, los
capitalistas siempre consideraron que la oficialidad del ejército era su brazo armado de
clase, es que fracasó en la región centroamericana la "teoría del dominó".
El comunismo internacional fue frenado en tierra firme del continente americano por los
mil veces heroicos "Paladines de la Libertad".
La insurgencia comunista en
Guatemala y El Salvador, fue obligada a deponer las armas y reinsertarse en la vida civil,
mientras que en Nicaragua, los sandinistas fueron obligados a cambios de actitudes y de
comportamiento y convocar a elecciones de Autoridades Supremas de la República. Esto
sepultó para siempre la máxima ambición del internacionalismo proletario de los
sandinistas, ¡Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá!, quizás porque nunca fueron
proletarios.
|