SOBRE EL
SALARIO MINIMO A PERIODISTAS
Ignacio Briones Torres
Corresponde al sabio polaco
Kolokosky haber dicho que "nunca será posible dar una respuesta definitiva a las
cuestiones de interpretación".
La reflexión se está haciendo
carne de verdad con respecto al proyecto de "Ley de Protección, Dignificación y
Estímulo del Ejercicio del Periodismo" enviado en días pasados por el presidente
Alemán a la Asamblea Nacional.
Cualquiera persona que haya leído
los diversos comentarios publicados en la prensa escrita, repetidos en la radial y
coreados en la televisiva, debe estar informada o sabida de la cerrada oposición que se
le ha hecho a ese proyecto por parte de la mayoría de los grandes empresarios del
periodismo nicaragüense; y si entre los lectores ha habido alguno que se haya tomado el
trabajo de reflexionar respecto al por qué de esa oposición, es seguro que a estas
alturas ese sensato lector debe estar claro que la misma se debe a una indudable defensa
de los particulares intereses económicos de quienes han manifestado esa oposición.
Y debe haber comprendido asimismo
que entre los empresarios y los asalariados del periodismo no existe diferencia respecto a
la que prevalece en todos los campos de las relaciones obrero-patronales. En otras
palabras, el patrón defenderá siempre lo que considera justo para él y de igual manera
actuará el trabajador (cuando no es un esquirol) respecto a lo suyo.
Hemos leído con todo detenimiento
el pronunciamiento del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), cuya publicación
en los grandes periódicos ha sido en forma gratuita o de cortesía como suele decirse.
Tanto los argumentos de los
empresarios periodísticos como los de sus homólogos de otros negocios coinciden en una
interpretación política sin entrarle por ningún lado al aspecto fundamental del asunto
que no es otro más que las condiciones de vida y trabajo de los periodistas asalariados
en Nicaragua; de esos hombres y mujeres que viven una vida noble y difícil, que piensan y
aman en la libertad o la opresión que les imponen las condiciones de su clase, que deben
vencer las dificultades que opone al ejercicio de la inteligencia este pequeño y
complicado mundo nuestro en el que la verdad es cada vez más ambigua y en el que a cada
paso acechan las tentaciones de la ignorancia, la violencia, el tedio o los compromisos
tortuosos.
Desde cualquier punto que se le
mire, la prensa, el periodismo, ha sido siempre obra de los periodistas, en consecuencia
de lo que debemos ocuparnos primero es de su suerte. Imposible, excepto que se recurra a
sofismas, que pueda existir una prensa libre si quienes están encargados de dirigirla,
orientarla, fabricarla en el sentido material, espiritual e intelectual, no son libres. Y
la Libertad conlleva una independencia económica o al menos ingresos que permitan
trabajar sin el acoso de las necesidades insatisfechas e impostergables.
En el más idóneo de los conceptos,
la Libertad no se refiere solamente a la política, sino a otra más efectiva que le es
inseparable y más recóndita también. Esta Libertad es la que está fabricada con la
cultura y la ilustración que se posee, con el pan de los hijos, con las condiciones
sociales y económicas en que viven todos aquellos que constituyen la sociedad de nuestros
prójimos.
Ciertamente una prensa libre,
honesta e ilustrada es la mejor garantía que tienen los ciudadanos de un país para
ejercer a plenitud sus derechos y cumplir con los deberes que les señalan su época y su
mundo; pero nunca debe olvidarse que la Libertad es el producto de las condiciones
personales y sociales óptimas para que el ciudadano (a) pueda ser productivo y para que
pueda dar de sí todo lo que constituye la gloria y la pesadumbre de ser hombre o mujer.
Por mucho tiempo, prácticamente a
todo lo largo de los años que llevamos en el oficio, hemos pensado acerca de si nuestra
sociedad se ha preguntado alguna vez cuál es el grado de responsabilidad que ella tiene
para que en el país haya un periodismo hecho por periodistas verdaderamente libres y
dignos. Si a esta sociedad le importa que el periodista sea culto, que esté debidamente
preparado o dotado con los instrumentos morales y materiales para un cumplimiento idóneo
de su deber.
A juzgar por la posición adoptada
por los empresarios del periodismo y el sector empresarial aglutinado en el COSEP, la
respuesta es negativa. O nosotros la interpretamos mal o ellos han interpretado mal el
propósito del Proyecto a que nos referimos.
¿Se amenaza la Libertad de Prensa
porque quienes ejercen el periodismo obtengan mejoras sustantivas en sus salarios?.
¿Porque se les garantice un ingreso mensual fijo aunque sea mínimo? Rotundamente NO y
quien piense en contrario estará actuando como el ingeniero que por pagar menos salarios
a sus albañiles pusiera en riesgo la calidad de su construcción.
Sería de sumo interés abrir un
debate serio, alturado, digno del tema sobre el salario mínimo de los periodistas. Pienso
que nos interesa a todos; pero ese debate no debe circunscribirse únicamente al terreno
movedizo de la política coyuntural, sino que debe tener un horizonte más amplio, más
consecuente con las realidades que se viven. Y también más cristiano si es que los
golpes de pecho no se practican solamente para cubrir apariencias.
Es posible que entre los opositores
a la Ley de Protección, Dignificación y Estímulo del Ejercicio del Periodismo se
encuentre alguno o varios que ofrezcan argumentos de peso como se dice, los cuales no
podrían ser obviados y es posible también que el Proyecto contenga algunos errores de
apreciación que podrían mejorarse en beneficio de la armonía que de manera irrefutable
debe existir por un lado entre los empresarios del periodismo y las autoridades máximas
de la nación y, por otro entre esos mismos empresarios y quienes les hacen sus
periódicos que es como decir venden su fuerza de trabajo para que el negocio sea
rentable.
Personalmente pienso que el Proyecto
se queda corto. Que se debe ampliar a áreas más sensitivas que el salario, quiero decir
a prestaciones sociales de mayor alcance. Para que el periodista no siga siendo un paria
de esta sociedad en plena marcha a consolidar la Democracia que no podrá ser mientras
subsistan injusticias como la que actualmente se practica contra los periodistas
asalariados y pobres en lo general.
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