| DARDOS AL
CENTRO |
| POR: CARLOS
GUADAMUZ |
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El presidente Alemán viajó a los
Estados Unidos la semana pasada para un chequeo médico, que según su jefe de Prensa, no
fue "por problemas de última hora" y está en "buenas condiciones de
salud".
Generalmente las declaraciones
oficiales tienden a desviar la verdad y por eso casi nunca son creíbles.
El Presidente, a partir de su
evidente sobrepeso, enfrenta un riesgo latente y voy a compararme con él aunque sea sólo
en cuestión de peso: Tengo 54 años de edad; mido 1,67 cm, de altura y peso 227 libras.
Según la Asociación Americana de Seguros de Vida (que están obligados a medir cada
miligramo la salud de sus asegurados) el peso exacto para mí debe ser de 147 libras.
Tengo 80 libras de sobrepaso.
Hasta hace diez años la FDA
(Administración de Drogas y Alimentos) de los Estados Unidos, afirmaba que 22 libras era
la cifra que podría considerarse como sobrepeso. Hoy esa cifra es de once libras.
Si yo tengo casi la misma edad y
casi la misma estatura del Presidente, que debe rondar las 300 libras, no puede entonces,
tener "excelente" salud si la exigencia que a mí me hacen los médicos es que
baje por lo menos a 200 libras o deberé atenerme a las consecuencias.
A esto debemos agregar "otros
factores de riesgo". Días antes de partir a los Estados Unidos, el Presidente
sufrió un incidente cuando el helicóptero en que viajaba cayó en barrena y estuvo a
punto de estrellarse.
Este susto bien pudo haber provocado
un miniinfarto o colapso con algunas consecuencias y de allí el viaje apresurado a los
Estados Unidos. He sabido de personas que en un accidente han muerto de infarto por la
impresión del mismo más que por las heridas.
Hace un año aproximadamente, el
ascensor en que subía, o bajaba, el Presidente, en un hotel de Nueva York, tuvo una
caída libre, sin control, de por lo menos quince pisos.
Por suerte se trataba de un edificio
de cincuenta pisos (casi todos son así en Nueva York) y eso le permitió a los agentes
del Servicio Secreto norteamericano (que son gigantescos) controlar manualmente el
ascensor. Deben haber sido momentos aterradores para el Presidente.
Cada vez que me montaba en un
ascensor en Nueva York siempre me hacía la misma aprensiva pregunta que me hago al
montarme en un avión: "y si este chunche se cae?"
Los edificios de más de cuarenta
pisos en Nueva York, tienen dos tipos de ascensores: lo que viajan desde el primer piso
hasta a la mitad y los que van desde la mitad hasta el último el piso. Seguramente el
Presidente viajaba en éste último si no los del Servicio Secreto no hubieran tenido
tiempo de controlar el ascensor y los resultados hubiesen sido catastróficos.
No quiero ser agorero pero este tipo
de incidentes llaman a la preocupación.
Una de las medidas que debe tomar el
Presidente es viajar, en esta clase de aparatos, con la menor cantidad de gente, aunque se
molesten sus allegados que quieren estar permanentemente pegados a él. Y la otra, desde
luego, bajar de peso porque en ningún momento deseo que le ocurra un percance de graves
consecuencias que vendría a colapsar a este país más de lo que está.
"No quieras para tu prójimo lo
que no quieras para ti", dice la Biblia y por mucho que nos adversemos los políticos
en Nicaragua, la cosa no es para tanto.
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