LOS
MACHOS VIRGENES DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
Sir Isaac Newton, genio, solterón y macho inglés de intachable
virginidad.
Hace poco, un alumno mío que hacía
una monografía sobre Isaac Newton, casi cae sentado al enterarse que el genial
científico inglés había muerto en el más perfecto estado de castidad. No es de
extrañarse ante su reacción, en un mundo en el cual a los machos se les fomenta el uso
constante de su sexualidad y a las mujeres nos exigen que lleguemos con el "sello de
garantía" a como de lugar.
Pero la realidad es que muchos
machos de la historia se fueron de este valle de lágrimas sin haber probado hombre o
mujer.
Algunos hombres fueron vírgenes por
escogencia, otros por defectos físicos. Carlos II de Habsburgo, último rey de España
perteneciente a esta casa que comenzó a gobernar la península ibérica cuando Juana la
Loca (hija de los reyes católicos) se casó con el bello pero bueno para nada de Felipe
El Hermoso, jamás hubiera podido consumar matrimonio alguno por sus enormes taras
físicas y mentales.
Resulta que los Habsburgo, para
mantener el poder y los reales en casa, solían casarse con sus tías, primas y sobrinas,
y de esta manera el pool genético de estos rancios cada día se fue degenerando más y
más. Carlos II ostentaba una mandíbula deforme, con la parte superior similar a la de un
lagarto, lo cual impedía que la dentadura calzara para permitirle comer sólidos.
Su cabeza era también deforme, su
sistema nervioso estaba alterado y sus menudencias eran tan infantiles que hasta un ratón
se hubiera abochornado de poseer un órgano tan chico como el suyo. Por eso, cuando lo
casaron en primeras nupcias con una princesa deschavetada de la casa francesa de Orléans,
Carlitos II no le pudo hacer un hijo, a como tampoco pudo copular con su segunda esposa,
la tiránica y gritona Mariana de Neoburgo, la cual llegó hasta a patear al pobre tarado
cuando éste no lograba consumar el acto.
Carlitos II murió virgen, y
lógicamente sin obtener descendencia, y cuando abrieron su cuerpo tras una larga agonía,
descubrieron que su organismo era una pavorosa colección de taras. De esta forma, la
virginidad de Carlos II garantizó que la Casa de Habsburgo se extinguiera en España y el
próximo en subir al trono fue Felipe V, quien era de la casa de Borbón y nietecito de
Luis XIV, quien opinaba que la virginidad era algo asqueroso.
Otro linajudo que murió intacto fue
el príncipe Korkut, de la dinastía osmanlí del Imperio Otomano. Resulta que Korkut era
hijo del famoso sultán turco Bayaceto II el Poeta, y desde chiquito, su pasión por la
astronomía, las matemáticas y las letras le hicieron presa constante del estudio. Era
tan dedicado a la lectura y a la investigación científica que hasta se le olvidaba
comer.
Korkut habría de morir virgen
cuando su hermano menor Selim asumió el sultanato después que Bayaceto II -el padre de
ambos- quedara inútil tras una masiva embolia. Conforme las leyes dictadas por el sultán
Mehmet II el Conquistador, cuando se coronaba a un nuevo sultán éste tenía la
obligación de mandar a matar a todos sus hermanos varones para poder reinar sin
rivalidades. Cuando Korkut se enteró que Selim sería ungido por los derviches danzantes,
prefirio tomar veneno para evitar que su hermano tuviera que mandar a eliminarlo. Cuando
los médicos encontraron el cuerpo inerte de Korkut, pudieron verificar que el guapo
muchacho había conservado su virginidad.
Miguel Angel Buonarotti, el gran
arquitecto, escultor y pintor a quien le debemos los frescos de la Capilla Sixtina, fue un
hombre que murió virgen debido a su propio mal genio. Además que era más feo que un
cheque sinfónico, Miguel Angel era pleitisto y tiriciento como él solo, y aunque una
mujer llamada Ana quiso casarse con él, la chica le tuvo miedo y lo plantó. Muchos
historiadores opinan que los pleitos constantes de Miguel Angel con su benefactor el papa
Julio II se debían a que el pintor -al faltarle desahogo sexual- vivía picado de
alacranes, y así habría de llegar a una cascarrabia vejez de cotorro chinchintorro sin
probar mujer porque nadie lo aguantaba.
No sería Miguel Angel el único
genio que moriría virgen. A Renato Descartes, gran matemático y filósofo francés que
dijo Cogito Ergo Sum (Pienso, luego existo), le achacan virginidad debido a su feo aspecto
y al hecho que era dado a arranques de misticismo. Para colmo el espantoso sabio y
mercenario a ratos fue a parar a manos de otra criaturita erudita y virgen, la sáfica
reina Cristina de Suecia, quien fue indirectamente responsable de su muerte cuando
Descartes pescó la pulmonía que lo llevaría a la tumba (al levantarse de madrugada en
invierno para ir a charlar con la reina).
Dos prominentes hombres de letras
habrían de morir en perfecto estado de castidad: el danés Hans Cristian Andersen (autor
de La Sirenita y El Patito Feo) y el inglés Charles Lutwidge Dodgson (más conocido por
su seudónimo de Lewis Carroll). Hans Cristian era un hombre en extremo tímido, y aunque
experimentó una pasión fantasiosa por la gran soprano sueca Jenny Lind, jamás se ha
sabido que le pusiera mano encima a mujer u hombre alguno.
Por su lado, Lewis Carroll adoraba
tiernamente a las niñas pequeñas y sin asomo de instintos perversos de moclín. Este
tímido y chele fotógrafo, matemático y escritor inglés dedicó su magnum opus, Alicia
en el País de las Maravillas, a su gran amiga infantil Alice Liddell, y suya es la frase
Gracias al Cielo que Existen las Niñas. Carroll llevaba a sus infantiles compañías al
zoo, a la heladería y al parque, gozando de la confianza de los padres de las chiquitas
porque actuaba exactamente como un benévolo y dulce tío. No es entonces de sorprenderse
que Lewis Carroll haya muerto virgen, habiendo gozado de compañías tan angelicales.
Sir Isaac Newton al nacer era tan
frágil que se creía que podía morir en cualquier momento, pero curiosamente llegó a
una robusta y sonrosada vejez sin padecer ni de un dolor de muelas. Newton toda su vida
pasó con las narices metidas entre libros, papeles, cálculos y escritos, y era tan
dedicado a su investigación científica que muchas veces se olvidaba hasta de comer.
Nunca sintió más amor en su vida que por su pulgoso y dañino perrito suyo. Murió
solterón y perfectamente virgen.
Varios genios del pentagrama
clásico se han ido de este mundo con sus menudencias en estado de inocencia. Luis Van
Beethoven, gran pianista y coloso de la sinfonía, era feo, mechudo y poco aseado.
Al ser el hijo de un borrachín y
una humilde cocinera, le estaban vedadas precisamente las mujeres de quien a menudo se
enamoró sin esperanzas: las aristócratas. Aunque Beethoven parece demostrar una buena
fuente de lídibo en sus cartas a su "Amada Inmortal", nunca logró aterrizar en
la cama con el objeto de su delirio.
El Divino Sordo odiaba a las
prostitutas, por lo cual resulta virtualmente imposible imaginarse a Beethoven en la cama
con buena compañía. El gran pianista y compositor español Manuel de Falla era un hombre
esbelto y de ojos magnéticos, pero también era fanático católico y durante su larga
vida nunca se le conoció pecadillo alguno. En este siglo, la vocación mística del gran
director de orquesta griego Dmitri Mitropoulos hizo exclamar a muchos que hubiera sido
buen anacoreta.
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