CARLOS
FLORES CUADRA IN MEMORIAM
Por Manuel Eugarrios
Hoy me toca a mí hacerle el turno
--si ello fuera posible-- y pedir la palabra para darle la despedida, en la seguridad de
que más temprano que tarde estaremos nuevamente juntos recorriendo los lugares
entrañables de nuestra intransferible Managua, la de antes.
Con la cofradía de Carlos Flores
Cuadra --estoy nombrando a Orlando Sunsín, Pablito Moncada, Ariel Luna Brenes, el renco
Leclair, Emilio Quintana, Adrián Bermúdez, Roberto González y tantos otros-- se fueron
los primeros años de mi juventud, que era apenas un estado de ánimo para aprender de
ellos en los aleros de solemnes parroquianos, desde Panchito Melodía, hasta el Chel
Irías, pasando por el Petit Café y Noche Criolla, el Sargento y la Chispa.
Ya no pude acompañarlo cuando su
paso andariego y nutrido de estrellas, anduvo al compás de las figuras raiantes de la
época dorada de Radio Mundial. Pero siempre mantuvimos el contacto fraterno y la plática
ocasional rociada de tragos y buenos ambientes.
Incluso, una vez, compartiendo ideas
y ternuras llegamos a ser coeditores de "Bandera Roja", una revista de temas
liberales radicales de la cual sólo publicamos, como otras aventuras parecidas, dos o
tres números.
Años después, ya más que
crecidos, vendrían los tiempos duros de la pugna ideológica, y ambos seguimos distintos
senderos de la vida política, que dos diarios capitalinos debían simbolizar. Pero la
amistad, ciertamente, en el fondo nunca daufragó, porque los hombres que se fajan bien
los pantalones son dueños irremediablemente de la nobleza del espíritu, que está
siempre por encima de las banderías políticas.
Creo que fue en el 95 ó 96 que
regresó definitivamente al viejo solar, para integrarse de lleno y prestar sus
indiscutibles luces a la campaña del PLC. Fue entonces cuando reencontramos el camino
perdido en los vericuetos del exilio y la distancia. Fue entonces también cuando volvió
a florecer la vieja amistad, el trato fraterno y, por supuesto, los tragos alegres de
siempre salpicados de anécdotas, de luces aún inmarchitas y de lugares y personas que
seguían en el corazón.
Un último abrazo a Carlos, pues,
con nuestros sentimientos de solidaridad a Magdalena y resto de familia.
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